TERCER COLOR : ROJO
ROJO SANGRE
¿Por qué la sangre es roja si la naturaleza suele reservar ese color para avisar de venenos o peligros?
Para intentar recordar y enseñar a los humanos que, en un mundo digno, nunca debería ser derramada, y lo peligroso y nefasto de hacerlo.
ROJO HUMANO
No te llames roj@ y te vanaglories de ser progresista, actúa con dignidad, respeto y consecuencia, y que sean tus actos los que definan tu color.
PIELES ROJAS
Muchos no lo saben, sólo algunos antropólogos e historiadores, pero esos pueblos de las praderas de Norteamérica a los que llamamos Pieles Rojas, y cuyo respeto por la naturaleza tanto admiramos, cometieron, hace unos 12.000 años, los mismos errores que nosotros hoy en día: Esquilmaron la naturaleza, extinguieron cientos de especies y, un buen día, agotada la vida, más de la mitad de ellos murieron víctima de las hambrunas. Los supervivientes, aprendieron la lección . . .
¿Alguien recuerda cuál es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra?
Nekovidal 2012 – nekovidal@arteslibres.net
EL ROJO ABOGADO DEL DIABLO ROJO
(A un pobre niño español nacido en una pobre época de espíritus pobres)
¡Pobres agitadores de masas!, decía.
Necios incautos que sueñan con un mundo mejor que nunca disfrutarán, que ahogan sus vidas en ríos de sangre e ideas.
Egoístas unos, altruistas otros, locos todos, poniendo cada uno su ladrillo en ese puente inacabable y eternamente inacabado del bienestar colectivo.
¡Pobres agitadores sociales!, decía.
Nunca llegarán a comprender la grandeza de los seres superiores que les desprecian, les excomulgan, les calumnian y, ocultamente, les envidian, incluso cuando son sólo cadáveres enterrados en las cunetas, envidian su histórica lozanía, su eterna juventud, su incomprensible y enajenado altruismo que, quienes aparentan desprecio, nunca tendrán el valor ni el privilegio de saborear . . .
¡Pobres agitadores!, decía, mientras no tenía valor de mirarse en el espejo que tenía enfrente, el que le mostraba, mezquino y arrogante, negándose siquiera a contestar con unas simples palabras a quien, no hace mucho, llamaba amigo . . . ése que nunca tendría su capacidad de secuestrar la verdad, de separar clara y radicalmente quien merece el respeto de la palabra y quien no, ése necio con su fe ciega en el diálogo, ése niño republicano que, se lo habían dicho mil veces los curas, nunca le llegaría ni a la suela del zapato a él, una persona de orden, criada en una época, una escuela y una familia de puro, absoluto, y sombrío orden.
Pobre, les había creído . . .
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ANTIPOESÍA EN DIEZ TONOS DE ROJO
ANTIPOESÍA 1
Padre nuestro, que estás en los cielos, santificado sea tu nombre . . .
ANTIPOESÍA 2
Nómina de un diputado de cualquier parlamento.
(No se enseña por respeto a la inteligencia del lector)
ANTIPOESÍA 3
Cuentas de beneficios anuales de cualquier banco.
(No se enseña por respeto a los 28.000 niños muertos cada día en el mundo por causas fácilmente evitables)
ANTIPOESÍA 3
Un@: "Te quiero y te querré toda la vida, ni la muerte podrá destruir nuestro amor".
Otr@: "Que un notario, con presencia policial, levante acta, y lo firmas".
ANTIPOESÍA 4
Una ventosidad fugitiva, e inevitablemente compartida, la noche de bodas.
ANTIPOESÍA 5
Creer que el fin del mundo será un día diferente al de la propia muerte.
(Antipoesía, fe y necedad, conjuntamente, en santísima trinidad)
ANTIPOESÍA 6
Fue oportunamente quemado en una hoguera.
La acusación: Ser un hereje de carácter frío.
ANTIPOESÍA 7
Hasta las hermosas amapolas se marchitaron, avergonzadas, en Nankin, superado su rojo intenso por el de tanta sangre inocente derramada . . .
Se dice que, desde entonces, durante el hanami, todas las flores de sakura florecen algo más rosadas en Japón para recordar, a los humanos que disfrutan contemplándolas, una vergüenza por la que aún no han sabido pedir disculpas . . .
ANTIPOESÍA 8
Dios aprieta pero no ahoga . . . lástima que, el muy cabrón, nunca suelte.
(Dedicada a su creador, el insigne pintor Francisco Zabala)
ANTIPOESÍA 9
El sauce llorón reía, las medias lunas no envidiaban a la luna llena, los derechos humanos no se escribían en renglones torcidos, los dioses dejaron de estar sordos, la Estatua de la Libertad sonrió por primera vez y ningún niño murió ese día por falta de un plato de comida . . .
Por una vez, el mundo dejó de estar al revés, se dio la vuelta, y lavó su costra de sinrazón en las aguas de la dignidad.
ANTIPOESÍA 10
Ya habían acumulado toda la riqueza del mundo en sus manos, todo lo poseían, todo lo habían comprado, sólo les faltaba la poesía . . . pero para hacerla suya tuvieron que repartir hasta la última moneda entre los necesitados.
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BESOS ROJOS PARA TODOS
La mente humana funciona así: Siempre necesita tener razón, es el esquema que le sirve de consuelo y estructura su existencia.
CARA A DEL PENSAMIENTO DUAL:
SOY MAL@, POR ESO NADIE ME VA A QUERER, Y LA VIDA SERÁ FEA Y DESTRUCTIVA.
RESULTADO: POCA GENTE TE QUIERE . . Y SE ACABA SIENDO UNA MALA PERSONA.
LA MENTE DICE: YO TENÍA RAZÓN.
CARA B DEL PENSAMIENTO DUAL:
SOY BUEN@, POR ESO MUCHAS PERSONAS ME VAN A QUERER, Y LA VIDA SERÁ BELLA Y CONSTRUCTIVA.
RESULTADO: MUCHA GENTE TE QUIERE . . . Y SE ACABA SIENDO UNA BUENA PERSONA.
LA MENTE DICE. YO TENÍA RAZÓN.
La mente siempre tiene razón, porque siempre necesita tener razón, la clave es sólo elegir qué cuento queremos contarle a la mente: cuentos constructivos, dulces y divertidos, como un chiste, o duros, como la historia de cualquier guerra . . . No importa cual sea, sólo importa que nos enseñen algo, y al final, practicando, aprendemos a aprender de todo.
El paradójico y extraño misterio es que gozamos del poder y la libertad de elegir qué decirle a la mente, pero la mente está condicionada por cada cosa que hemos dicho antes y, en ese sentido, no es libre.
Ambas cosas, aparentemente contradictorias, son la realidad, y ninguna es más real que la otra.
Busca el cuento apropiado a tu mente, el que le haga sentir que tiene razón, pero que al mismo tiempo la alimente y la haga crecer, y no olvides que ninguna mente humana puede crecer en solitario, nadie está vivo si ya no siente el dolor ajeno, si no respeta a quienes luchan por un bienestar que será de y para todos . . .
Nunca olvides respetar a las otras mentes, incluso a las que no han encontrado todavia el cuento saludable que le ha de servir de alimento. Critícalas y guíalas, pero no las empujes, ayúdalas, al menos mientras tengas fuerza y paciencia para ello, y si al final tienes que apartarte de algunas, hazlo, pero sin rencor.
Cada golpe que damos, cada mentira, cada cobardía, vuelve, siempre vuelve, como cada caricia sincera que regalamos, aún cuando haya sido pagada con ingratitud en su momento, la vida es generosa con quien lo es . . .
Y no le echemos la culpa de nuestros dolores y miserias a la vida, al azar o a otras mentes que no nos comprenden, es sólo que no hemos sabido encontrar, o escribir, el cuento apropiado para la nuestra.
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BLANCO
SOLOS EN LA TERTULIA: CUANDO YA NO TODO ES BLANCO
A partir de dos mentes interactuando, ya hay tertulia, si son tres, mejor, si son más, más riqueza aún, si son muchas, además de tertulia, es fiesta ...
La soledad en la tertulia empieza cuando, aún estando llena la sala, los miedos, rencores o frustraciones individuales, afloran, cuando alguien, en su triste soledad, elige que, si no puede tener el juguete maravilloso de la comunicación sin egos ni trampas, prefiere destruirlo . . . . Ya pasó alguna vez, tristes recuerdos . . .
Sólo se está solo en la tertulia cuando se olvida la esencia de la misma, entonces se transforma en una terutlia normal: encorsetada, gris y anodina, como miles que se extienden por el mundo.
Es entonces cuando unos se encierran, otros se alejan, y todos se marchitan . . . la triste soledad de una tertulia que ya no lo es . . . la soledad de las mentes en blanco.
¡RECÓRCHOLIS! ¡QUÉ BLANCO!
"Ultimamente me quedo en blanco, es algo raro. . ."
"¿No tienes ideas?"
"Sí, pero sólo ideas extrañas: Sueño con un pueblo de casas blancas, con balas que se tiran al blanco, con una ansiosa hoja en blanco, con que voto al Real Madrid, el equipo blanco, y soy hincha del Partido Blanco, que voy a la romería de la Blanca Paloma, no sé cómo explicarlo . . . "
¡Recórcholis! ¡Me siento el blanco de todas las miradas . . .!"
"Deberías visitar al Dr. Blanco, es especialista en ese tipo de patologías.
NO REPETIR
BLANCO
BANCO
BACO
. . . . Un juego extraño, todo vale, menos repetir . . . eso.
PRIMAVERA BLANCA
El amor es eterna primavera blanca, quien lo comprende, ya lo sabe todo, y sólo le resta empezar a vivir . . .
NIDO BLANCO
ELLA, pelirroja, pecosa, de sonrisa dulce y piel blanca como la leche.
ÉL, mulato, de piel bronceada, pelo ensortijado y mirada de ascuas.
Se les ve enamorados como adolescentes, si no lo hubiera vivido y disfrutado ya, sentiría envidia . . .
Buscan un nido, alquilar un apartamento, y entonan con sus miradas un canto tan bello como el de los pájaros del árbol al otro lado de la ventana
YO, el bobo blanco que aún se sorprende, a estas alturas, de lo grandiosa y hermosa que se muestra a veces la vida mezclando colores.
PINTADA BLANCA
Busco pintadas callejeras por las amplias avenidas de Montevideo.
Encuentro menos que en otros viajes. Tal vez, con el calor, la imaginación está abotargada o, tal vez, hay menos motivos para la protesta.
Pero encuentro una que vale por todas, que resume todas las ideas, todas las pasiones, todos los credos . . .
Dice, simplemente: TODOS SOMOS FAMILIARES
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NEGRO
NEGROS EN LA CIUDAD BLANCA:
Es carnaval, suena música negra de negros sobrevivientes a un holocausto del que nadie habla, pero su música sobrevivió a la infamia . . . Montevideo se viste con el color de la elegancia, el negro, para purgar miserias de sus vecinos de enfrente . . . como casi siempre suele ocurrir . . .
Los tambores, estridentes e inagotables, invitan a bailar hasta a las estatuas.
OVEJA NEGRA:
La zozobra de la zorra era no saber que hacer con esa oveja negra que no se dejaba ni dirigir, ni destruir, la muy impertinente y obscura lanuda tenía la costumbre de aullar a medianoche y se negaba a reconocer el momento oportuno de perderse. . . la castigaría sin compasión aparentando perdón . . . . Sabía, ya lo había demostrado, que podía manejar al resto del rebaño con poco esfuerzo . . .
SI AL MENOS FUERA NEGRA . . .
Era gorda, fea, arrogante y con un hilo de voz casi inaudible . . . . esa sirena tenía muy poco futuro en un barco velero . . .
VIDAS NEGRAS EN LA OBSCURIDAD DE SUS MIEDOS
La maltratadora, ya sin hombre a quien maltratar, se veía reflejada en su amiga, la maltratadora divorciada . . . era evidente que ambas necesitaban aprender a bientratar a los hombres o, cuanto menos, a tratarlos, pero castrarlos les seguía resultando más sabroso . . .
A las moscas también les gustan los sabores extraños . . .
CONSECUENTEMENTE NEGRA
Hay que ser más consecuentes con lo que decimos, acercar las ideas, las palabras y los hechos, repetía día tras días . . . pero cuando volvía la luna, perdía el control, y consecuentemente, no era consecuente con sus palabras.
GATO NEGRO
Hacía meses que se habían perdido, pero sólo el gato negro, ocasionalmente observador, se había dado cuenta, aunque no padecía la zozobra de la duda, además de negro, tal vez mulato, era gato . . .
SEXO NEGRO
Tras cada juego sexual daba cuenta en voz alta de sus miedos camuflados: "Hoy uno, hoy dos, hoy ninguno . . . ", como si de un partido de padel se tratara . . .
Convertía lo hermoso en obsceno, lo natural en patético, así arrastraba su existencia, no pudiendo perdonar a quien no creyera sus fantasías o alabara su egocéntrica actuación, pero estaba convencida de tener mucho que dar y enseñar y nada que aprender, y hasta creía saber algo del amor . . .
Como suele ocurrir, la arrogancia le pasó factura . . .
NUEVOS COLORES
Cuando se perdió encontró nuevas gentes, nuevos colores, nuevas vidas, pero la zozobra de la duda le acuciaba: ¿Valdría la pena volver a intentar compartirlo todo?
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LA HOJA EN BLANCO
Ya no me mueve la rabia, ni siquiera la desidia, ante la hoja en blanco, la hoja maldita.
Escuché consejos sabios, escuché bellas diatrivas, pero ninguno logró vencer el inmaculado blanco que el alma irrita.
Pensé que pensando podía escribir cuanto quisiera, pero pensando podía, sólo pensar, como cualquiera.
¿Debo censurar cuanto escribo porque alguien se sienta o haga el ofendido?
¿Debo cuidar la calidad, la ortografía, la sintaxis y el estilo, para librarme de la crítica fofa, del estúpido digo o no digo?
Nada como un buen consejo a tiempo, y a tiempo llegó la memoria: "Quien escribe lo que le gusta a los demás puede ser un buen escritor, pero nunca será un artista" dijo el abuelo Onetti, y lo dijo todo.
A la mierda la censura, las beatas, los hipócritas y su hipócrita mesura, a la mierda los hijos adoptivos del malparido dictador, a la mierda todo, que sólo hace falta un puñado de letras para dar color al existir y poder decirlo todo, un oído vivo para darles vida, y la eternidad para disfrutarlas, a la mieda tantos miedos, a la mierda las falsas miradas . . .
No pararéis, tristes hijos de la tristeza, hasta destruirlo todo, porque os da miedo un poco de alba, os deslumbra un poco de juego, y transformáis la vida en eso, en nada...
A la mierda señores, a la mierda, que no hay página en blanco, sino miedo a expresar, no hay malos escritores, sino cobardes fingidores, no hay página en blanco, sólo disculpas ante el miedo a vivir, a recibir, a dar, a existir.
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SOLO SOLEDAD
Ya no tienes aquel brazo, que fuerte, tu sueño dormía, ese brazo amigo, que te daba calor y vida.
Pobre soledad, dolor de ausencia, de todo hace ciencia el humano, menos de su conciencia.
Ya no vendrá nadie a velar tus escuchas de otro tiempo, tus suspiros leves, tus alegrías, tus lamentos, tantos miedos . . .
Pobre soledad, amarga tristeza del paradójico ser libre que necesita compañía para alcanzar libertad.
Ya nadie te espera en casa, con esa mirada dulce que te da la bienvenida, ya nadie te consuela, ya nadie . . .
Pobre de quien no sepa disfrutar su soledad, porque anhelando compañía, imprescindible compañía, a la soledad se condenará.
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LO ÚNICO IMPORTANTE ES EMPEZAR
"Lo importante es empezar", se repetía, mientras se maquillaba para acudir a su primera cita a ciegas. "Lo importante es empezar, sí, eso es lo importante . . ."
No le había visto, ni una foto siquiera, pero tenía una idea bastante clara de como era: educado y responsable, pues se disculpó reiteradamente la única vez que no había podido conectarse para chatear a la hora acordada.
Detallista, en ninguno de sus mensajes faltaba un emoticón, siempre el más apropiado.
Respetuoso, la había tratado de usted desde el principio y hasta que ella le invitó al tuteo.
Tenía estudios universitarios, y se notaba, ni una falta de ortografía.
Y lo que para ella era un punto esencial, muy posiblemnte coincidirían ideológicamente, pues su comentario a favor de la eutanasia había sido fácilmente aceptado y reivindicado por él.
Ese pensamiento sobre una ideología supuestamente compartida la empujó a decidir qué ropa ponerse: una camiseta informal con las siglas de su querido grupo, su preferida.
La cafetería estaba abarrotada, como era previsible por la hora, pero habían acordado una especie de contraseña infalible, una pajarita de papel en la solapa.
Aún pasaron casi diez minutos hasta que se encontraron frente a frente, pero tardaron menos de un segundo en quedar ambos boquiabiertos: ella con su flamante camiseta de un blanco inmaculado y con tres enormes K bordadas, él, con sus rastas, su metro noventa y su piel morena como el chocolate que contenía la caja que sujetaba su mano izquierda.
Él fue el primero en reaccionar, esbozando poco a poco una sonrisa que se fue transformando en una sonora carcajada al tiempo que salía por la puerta del local.
Ella permaneció aún un par de minutos dentro, mientras la narración de lo sucedido se extendía, como una onda expansiva, desde las mesas cercanas, donde alguien observador había comprendido lo esperpéntico de la situación.
Cuando consiguió salir, entre sonrisas, risas y miradas, el inmaculado blanco de su camiseta ya estaba acompañado por el claro círculo rojo que formaba su rostro abochornado.
Casi nadie oyó lo que murmuraba entre dientes: "Lo importante es empezar, que tontería, lo importante es avisar que eres negro, será cretino . . ."
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SECUNDINO
Secundino jugaba con luciérnagas, a las que llamaba, según el día, sueños o polillas, y su juego parecía resultar indiferente al resto de sus conocidos, tal vez porque, en realidad, no le conocían.
Secundino había recorrido en su juventud los siete mares y en cada puerto había dejado constancia de su presencia, ya que la indiferencia llegó mucho antes que la globalización a todos los rincones del mundo y, además, no entiende de banderas.
Secundino no se amargaba por llegar siempre el segundo, haciendo honor a su nombre, se limitó a crear un sistema numérico donde el 2 fuera el primer número y soportar pacientemente que el resto del mundo no le comprendiera y prefiriera jugar con números negativos.
Secundino, poseedor de cierta sabiduría, sabía que todos buscamos algo, y también que casi nadie sabe lo que busca realmente, pero él había aprendido que la vida es fuerte, y que siempre hay un camino alternativo, un saber construir desde la destrucción, y a veces, la vida te sorprende con una obra hermosa cuando menos lo esperas.
Secundino lo sabía muy bien, y lo recordaba cada vez que el sol le daba en la cara, en los escasos días despejados de aquel duro invierno.
Secundino era ciego.
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LA ARMONÍA
"El amor no es en esencia una relación con una persona específica, es una actitud, una orientación del carácter que determina la relación de una persona con el mundo en su totalidad, no con un "objeto" amoroso. Si una persona ama sólo a otra pero es indiferente al resto de sus semejantes, su relación no es amor, sino una relación simbiótica o un egotismo ampliado.
. . .
Si puedo decir a alguien: "Te amo", debo poder decir: "Amo a todos en ti, a través de ti amo al mundo, en ti me amo también a mi mismo". Si no, no es amor.
. . .
Además del elemento de dar, el carácter activo del amor se vuelve evidente en el hecho de que implica ciertos elementos básicos, comunes a todas las formas de amor. Esos elementos son: cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento."
(Erich Fromm, "El arte de amar")
Descubrí ese libro en mi adolescencia, y forma parte de ese puñado que cambió radicalmente mi vida.
Desde entonces, cuando tengo que decidir si un acto o actitud de cualquier persona, hacia mi o hacia otra, es o no un saludable acto de amor, condición imprescindible para conocerla, la hago pasar por ese filtro de las cinco condiciones del amor, y nunca ha fallado.
A lo largo de décadas, el olvido ocasional de ese análisis sí que me ha creado problemas, así que hoy, al tiempo que lo comparto, lo recuerdo, y que cada cual saque de él el bienestar o sabiduría que pueda y sepa obtener.
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VIVIR
VIVIR
Vivir es asistir a una escuela en que todos somos maestros y alumnos a la vez.
El peor maestro es quien cree que tiene más que enseñar que por aprender, y el peor alumno, el que no sabe reconocer que lo es.
VIVIR
Mientras sólo los vivos hablen sobre vivir y los difuntos se mantengan callados, hemos de reconocer que el tema nunca pasará de ser un diálogo de sordos.
VIVIR
Vivir es el único juego en que, al final, no gana la banca ni los banqueros.
VIVIR
Vivir es ser el cubilete en que unas manos, que algunos llaman dioses, deciden nuestros dados, y con ellos, nuestro destino.
VIVIR
Si tuviéramos que pagar alquiler por vivir, aprovecharíamos mucho más cada minuto de vida.
VIVIR
Todo el misterio de vivir se reduce a un grito, una palabra, un susurro, o tal vez, un suspiro, entre dos silencios eternos.
VIVIR
Vivir es un partido que siempre se juega en campo ajeno.
VIVIR
Vivir es creer que es suficiente buscar las respuestas, aún sabiendo que nunca las encontraremos mientras estemos vivos.
VIVIR
Vivir es regatearle cada minuto a esa Flaca que siempre está por nuestros huesos.
VIVIR
Vivir es apostar en cada momento que habrá un siguiente.
VIVIR
Vivir sólo es un problema cuando empezamos a preguntarnos: ¿Qué es vivir?
VIVIR
Vivir es caer en la fantasía de que hacemos un trato imposible con el tiempo.
VIVIR
Vivir es participar de un juego cuya complejidad ni remotamente sospechamos.
VIVIR
Vivir es aguantar las ganas de orinar con la baldía esperanza de que el final de la película valga la pena.
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EMOCIONES: LA RABIA
¡Qué rabia que a ciertas personas no les dé rabia que a mi no me dé rabia ver perder la dignidad a ciertas personas!
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EMOCIONES: ALEGRÍA
Nací sin nada y todo tengo, por tener tengo hasta el sueño de tenerlo todo, a lo loco y a mi modo, siempre encuentro la manera de ver forma de pera a un avispero o a una calabaza, ya que al final todo pasa, no amarguemos, me digo, el camino.
Me crie entre algodones, aunque con algunos coscorrones, merecidos, según ellos, yo siempre iba a degüello, sin más linea que la recta, pero ¡ay, vida infecta!, al parecer nadie entendía el juego.
Ya en plena adolescencia tomé nota y conciencia de cuanto se cuece en el mundo, dudé entre ser vagabundo, recorrer lo profundo, con etiqueta filosófica, o ponerle una nota tragicómica al potaje en cuestión. Fue la última decisión, ser buenamente lo que se pueda, regalar amistad a la primera, y ponerle precio según el aprecio, asi me siguen sobrando dedos para contar a cuantos humanos puedo llamar amigo sin encontrar detrás interés o desprecio.
Vinieron luego los hijos, ¡ah, que maestros tan bien ilustrados!, como sabios que eran, veían todo por todos los lados, hasta que llegó la vida que llaman verdadera y los volvió, como a todos, tarados.
Ya en el medio siglo, y sin más crisis que las habituales, tomé nota: esto se acaba y nos falta el chiste, me dije con cierta aprensión, o vivimos una evolución, o la vida nos negará hasta el alpiste.
Y aquí andamos, con cierta edad, sin sosiego, pero con curiosidad, que siempre hay rapaces que otean, intentando matar aquello que antes en si mataron, que manía singular, matar sabiéndolos mortales, una muy humana necedad.
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EMOCIONES: EL MIEDO
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UN DÍA PENSÉ ALGO
En la casa que construyó mi bisabuelo, la "Casa Vieja", que tiene l particularidad de que, a pesar del tiempo transcurrido, nadie murio, nunca en ella, mientras en la casa de enfrente, la "Casa Nueva", ya tres almas pasaron a una supuesta mejor vida, me calentaba, durante las frías noches gallegas, con una vieja estufa de hierro, en la que iba quemando, como un quijote desquiciado, cuadernos, escritos, periódicos, y algún que otro libro que no había conseguido pasar la censura del tiempo, o resistido el ataque de la carcoma.
Una noche, recordando que había oído que la temperatura bajaría de los cero grados, preparé con tiempo la estufa, cargándola con más y más papel, más libros, y hasta con una gruesa guía telefónica que, para su desgracia, acertó a pasar por allí.
Esa noche fue imposible hacer funcionar la estufa, que se apagaba una y otra vez, ahogada por tanta literatura, escritos y recuerdos, que impedían la combustión.
Cuando el frío me iba calando con su abrazo, práctica y preámbulo de una muerte que siempre es repetidamente anunciada, pensé: "Éste es el error que tantas veces he cometido en la vida: demasiada emoción, demasiada ingenuidad, demasiada pasión, demasiada esperanza en que cada persona dé sus mejores frutos, cuando a menudo tienen miedo a florecer siquiera, demasiada confianza en que una limpia intuición empuje a mis hermanos humanos a apreciar la belleza y el orden que reinan en el caos aparente, a que aprendan el valor de las cosas y olviden su precio, a que se burlen, por una vez al menos, de su sobrealimentado ego, y aprendan a sonreir a, y jugar con . . . la vida. . .Demasiada . . .
Por eso, en ocasiones, esa misma vida me ha negado su llama, o me ha castigado con el humo del hastío, la indiferencia, o la desesperanza ante tanta necedad y locura disfrazadas de cordura." Y para no ahogarme, como la estufa, en mi mismo, al menos por esa noche, dejé de pensar.
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SI VIVIR CONSISTIESE EN DARSE CUENTA
Si vivir consistiese en darse cuenta, las preguntas, moribundas, soñarían con su respuesta perfecta, mientras los sonidos, vagabundos, acamparían ante obeliscos rodeados de azaleas de metal.
Si vivir consistiese en darse cuenta, hasta las motas de polvo arañarían los silencios, las esmeraldas enrojecerían de vergüenza, y la primavera haría huelga indefinida ante la infamia.
Si vivir consistiese en darse cuenta, todas las hiedras encontrarían su muro perfecto, todos los ríos su cauce amable, y todas las voces su lugar en los sueños.
Si vivir consistiese en darse cuenta, no existirían las apuestas, las religiones, ni las dudas. Todo sería de una agridulce evidencia anodina, una patética cotidianeidad de dioses.
Si vivir consistiese en darse cuenta, sobrarían la mitad de las palabras e incluso algunas miradas, nunca habría preguntas inoportunas, ni ilusiones indiscretas. Todos rodaríamos por la vida con una tan ingenua como perseverante mirada de asombro.
Si vivir consistiese en darse cuenta, recibiríamos como extraño premio y merecido castigo el caer en la cuenta de cuanto tardamos en darnos cuenta de lo grandiosa que es la aventura de vivir.
Si vivir consistiese en darse cuenta, sentiríamos una profunda vergüenza al comprobar a qué llamamos, hoy en día, vivir.
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LAS DISCULPAS
Tan desacostumbrados están los súbditos y vasallos a la libertad, el respeto y la igualdad, y tan acostumbrados están a la hipocresía, la demagogia, el oportunismo y la doblez, a cargar a otros el peso de sus errores, a traicionar amistades y acusar de imponer mientras se impone el capricho propio, que caen rendidos a los pies de su rey cuando éste pide unas patéticas disculpas.
Besad su culo como desde niños os han enseñado que se debe hacer con la autoridad, repetid incansables cuanto el eco de la educación nacional católica dejó en vosotros, demostrad como él que, aunque canallas, tenéis al menos la mínima inteligencia que requiere la disculpa oportunista.
¿O ni a eso llegáis?
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SECRETOS TRAS LA PUERTA
Descubrió, oyendo accidentalmente tras una puerta, lo último que hubiera elegido saber.
En su desesperación, lo resolvió etiquetándolo como secreto y no volviendo a hablarse a si mismo de ello.
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SECRETOS TRAS LA PUERTA
Cuando hay secretos, o puertas, o secretos y puertas, o secretos tras las puertas, es que algo no va bien.
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INVENTARIO DE VERSOS Y ESCOMBROS
Un verso para sobrevivir, otro para tener, a pesar de todo, fe en el ser humano, y un tercero que nos enseñe a amar. El resto, sólo escombros.
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LAS REBAJAS
No he recorrido ese camino, los bichos raros solemos ir por senderos poco transitados de la selva, pero por lo que he visto y me han contado, las cosas suelen funcionar así:
Primero suele suceder, aunque no siempre, una locura transitoria a la que se llama enamoramiento, provocada por un verdadero torrente bioquímico, unida a un mágico misterio aún a medio descifrar.
En esa etapa todo es mejor incluso de como debe ser, se inicia un juego que sólo comprenden quienes lo juegan o ya lo han jugado alguna vez, y cuyas reglas es imposible explicar a los profanos.
"Mis ojos son tuyos, y sabes que sólo veo a través de tu mirada . . . " o cosas similares se susurran en esta etapa con total seriedad, sinceridad y convencimiento.
Dicen que suele durar esta etapa tres o cuatro años, aunque he visto casos extraordinarios que han encontrado la fórmula, generalmente agridulce, de prorrogarlo durante bastante tiempo más.
Pero luego, en la inmensa mayoría de las parejas, llegan las rebajas.
Un día ese lunar, hasta entonces hermoso y turbador al lado de su labio, pierde su encanto, o se le mira de otra manera más profana, o resulta que ahora, simplemente, es tan sólo un lunar.
Él o ella ya no son esa persona interesante de no mucho tiempo atrás, algo parece haber cambiado, se rebaja la ilusión, se rebaja la empatía, las ganas de compartirlo todo, y parece que veinticuatro horas es tiempo más que suficiente, si no demasiado, para estar al lado de esa persona, algo impensable tan sólo un año antes.
Maleducadas como suelen ser las personas normales, miran a su alrededor, ven a sus padres y a otras parejas caer en la misma trampa y piensan que es el proceso natural, que es así, y así está bien . . . y continúan las rebajas.
Como las cosas, en realidad, no están bien, ni mucho menos, él o ella, o ambos, se sienten frustrados, y al apenas conocer su propia naturaleza humana, porque lo de "Conócete a ti mismo" se pasa cíclicamente de moda, buscan, y eso siempre se encuentra, una salida para esa frustración, aunque no suele ser una salida muy saludable.
La rebaja mayor, hasta transformarse en una auténtica y dramática ganga, se da en la comunicación, vía de agua que se suele intentar tapar patéticamente con cenas con velitas y viajes más o menos exóticos, con resultados, en el mejor de los casos, tan sólo provisionales.
En medio de toda esa metamorfosis y elegía a la rebaja nacen, nadan, y muchas veces naufragan, los hijos, siendo al mismo tiempo muy bien instruidos, de la forma más eficaz, mediante el ejemplo, de cuáles son los errores que han de llevar a cabo llegado el momento, a fin de perpetuar de forma normalizada el comportamiento normal de personas normales, si quieren aspirar a tan egregia y respetable categoría social.
Y las rebajas continúan . . .
Cuando la frustración pasa cierto límite, el aislamiento no es suficiente, se necesita un chivo expiatorio a quien hacer responsable de todos los miedos y miserias, a quien culpar por estar desperdiciando nuestra vida, algo que intuimos con incómoda seguridad, y nadie mejor que quien tenemos más a mano y vemos más a menudo: él o ella.
Cada uno, según su personalidad, lo expresará a su manera, con silencios, con reproches, con agresividad, activa o pasiva, con mentiras, con infidelidades, con gritos, como sea, pero siempre con la certeza inmutable de estar haciendo lo correcto, y de que no hay una alternativa mejor. Ah, y de que el otro u otra, por supuesto, se lo merece . . . En nombre de un supuesto amor supuestamente incomprendido se pueden llevar a cabo las peores canalladas.
El carácter se vuelve agrio, él generalmente agresivo y arrogante, portador de la soberbia certeza del idiota, y ella reprimida y no menos agresiva, aunque lo disimule con mayor o menor arte, murmurando y cotilleando sobre otras vidas, de mujeres no tan normales, y de las que, secretamente, le gustaría participar o formar parte.
Así, cuando las rebajas que han cercenado la comunicación y la convivencia, se abalanzan sobre el respeto, el infierno ya está completamente retratado.
Luego, por lo visto, unos recurren al divorcio, a fin de prepararse para repetir curso, o sea todos los errores desde el principio, y otros recurren a la paciencia, ya completamente convencidos de que son personas normales que han llevado una vida completamente normal, una vida, en definitiva, como debe ser, y criticarán con firmeza cualquier forma de vivir alternativa y que no entre en sus estrechos esquemas mentales.
Llegan así al penúltimo paso, cuando acuden cada año, como un ritual sagrado, y ya con cierta edad, a las rebajas, del brazo el uno del otro, mirando ambos pasar a su lado una vida y juventud que nunca volverán, convencidos de que aquello que sucedió al principio, y que ya apenas recuerdan, no eran más que locos sueños de alocados jóvenes incapacitados en ese momento para ser respetables personas normales.
Sospecho que la mayoría ni siquiera tienen el valor para reconocer, en un postrero acto de dignidad, que aquellos sentimientos y aquellos momentos fueron los únicos, o los muy pocos, en que la vida no fue rebajada en su mágico e inmenso valor.
Nekovidal 2012 – nekovidal@arteslibres.net
AÑO 2012
EL CARRO, LA LUNA, LA MUERTE, LA JUSTICIA, LA SACERDOTISA, EL LOCO, EL JUICIO, EL MAGO
Seguiremos tirando del carro, de sol a sol y de luna a luna, hasta la muerte, reclamando ansiosos un sorbo de justicia, hasta que una sacerdotisa, o un loco, emitan y hagan realidad un juicio justo para todos.
Aunque es más bien trabajo de magos el crear y alimentar esa mágica ilusión que nos mantenga, a pesar de todo, a todos tirando del carro.
Nekovidal 2012 – nekovidal@arteslibres.net
ORA PRO NOBIS
Entre el ora y el nobis,
un pobre ser perdido,
cual perro hambriento
busca razón a su destino.
Entre el ora y el nobis,
poco más que miedo,
y la vida debatiendo,
el puedo y el quiero.
Entre el sólo tú del ora,
y el nobis de todos nosotros,
apenas una brisa en el rostro,
apenas una tímida aurora
Entre el tú que no comparte,
y el nos que ni aprende ni perdona,
gotas de tiempo se reparten,
entre almas que vagan solas.
Entre el tú de lágrimas secas,
y el triste nosotros linchador,
¿quién abrirá al fin las puertas,
que alivien el hedor del rencor?
Entre el ora pro nobis desesperado,
y el oremus pro nobis hermanado,
todo gira, todo nace, todo es y vive,
en un mundo perfectamente desordenado.
Nekovidal 2012 – nekovidal@arteslibres.net
CARTA DE AMOR A UN BANQUERO
Muy Sr. mío:
Usted no me conoce personalmente, soy uno de sus miles de clientes, una de esas personas que le entrega sus ahorros de toda la vida o del último mes, si los hay, y con ellos, unido a los de miles de ciudadanos más, ha creado usted su negocio.
Al ser usted una persona cuya cultura se da por hecho, seguro que tendrá conocimiento de que su profesión ha sido, a lo largo de la historia, y en muy diferentes culturas, una de las más despreciadas, considerándose a los banqueros y prestamistas los penúltimos en la escala social, sólo por delante de los esclavos. Nuestros antepasados, inmersos en un mundo duro y hostil, donde sobrevivir suponía un tremendo esfuerzo diario, despreciaban profundamente a quien vivía del trabajo ajeno, y como posiblemente también sabrá, durante siglos, a lo largo de la Edad Media europea, la usura fue de los delitos más duramente castigados. Me dirá usted, con cierta lógica, que eran otros tiempos, el mundo era más primitivo, más simple y el ser humano poco más que un animal luchando por su supervivencia.
No será necesario que le recuerde tampoco, desde mi modesta posición de historiador, cómo aquellos primeros banqueros, muchos de ellos clandestinos al principio, fueron transformando su lucrativo negocio en poderosas organizaciones que acababan decidiendo, incluso, quién había de reinar o gobernar, o qué pueblos habrían de padecer una guerra o genocidio a fin de mantener y aumentar el poder de dichas organizaciones. Así llegamos, como usted sin duda sabe, al presente, donde se permiten decidir, ya sin disimulo, quienes habrán de ser los presidentes o primeros ministros de turno, sin pasar por el trámite de unas elecciones supuestamente democráticas.
Pero es de otra forma como me quiero dirigir a usted, no desde el reproche o la confrontación, sino buscando cuanto, como humanos, tenemos en común que, si lo hacemos desde un punto de vista pragmático y dialogante, redundará, sin duda, en un beneficio mutuo, por extraño que pueda parecer a simple vista.
Usted, como yo, y como todos nuestros semejantes, por el hecho de nacer en este planeta está supeditado a la vida del mismo, la salud del planeta no es ya un asunto de jóvenes ecologistas, es un asunto serio cuyo desenlace, por mucha información que creamos tener, se nos escapa. Ya hemos conseguido identificar todas las extinciones habidas en nuestro planeta desde su formación y sabemos, sin lugar a dudas, que ha habido algunas peores que la que estamos provocando nosotros, pero ninguna a un ritmo tan acelerado. Nos encontramos en una encrucijada, y si se cumplen las peores previsiones, de poco servirán las disculpas que cada uno alegue llegado el momento, será una condena sin apelación. Por el poder que usted ostenta, muy por encima de muchos gobernantes, su responsabilidad es también mayor, y tal vez lo que menos llegue a imaginar es que algunas de sus decisiones pueden dar lugar en un futuro más o menos cercano, a la muerte de millones de personas, entre los que pueden encontrarse sus mismos descendientes. Por favor, reflexione.
Usted posiblemente sea una persona de ideas conservadoras, pues bien es sabido que la banca siempre ha tenido esa tendencia natural a ponerse del lado de ideologías que pretenden mantener las cosas como está o incluso volver a lo más tradicional si cabe. Esa es una actitud, señor mío, sumamente llamativa en usted, porque si algo ha caracterizado a la banca a lo largo de los siglos es el aprender de los errores cometidos y adaptarse a los cambios.
Le invito a echar un vistazo a la historia: La banca apoyó a las monarquías europeas contra las ideas de la revoluciones que se dieron en los actuales Estados Unidos y Francia, pero con el tiempo, ese modelo fue el adoptado por la mayoría de los países. Ustedes se opusieron a la abolición de la esclavitud, que consiguieron retrasar, pero fue abolida a lo largo de dos siglos. Se opusieron también a la igualdad racial, pero es, al menos teórica y legalmente, un hecho en casi todo el mundo. Se opusieron al derecho a voto de las mujeres, la mitad de la humanidad, pero ya es un hecho. Se opusieron, de la mano de estamentos religiosos, al divorcio, que no sólo se instituyó, sino que es, estadísticamente hablando, más practicado por personas conservadoras que por parejas progresistas. Puede dar la impresión de que han apostado siempre a caballo perdedor, pero no es el objeto de este escrito hacer reproches, sino invitarle a comprender que, desde un punto de vista histórico, el cambio es una condición permanente. Ahora una nueva idea, un movimiento ciudadano nuevo, está surgiendo en el llamado Primer Mundo, y posiblemente se irá extendiendo, de una forma u otra, al cabo del tiempo. Usted se opone, piensa en esos ciudadanos son sus enemigos, pero olvida que no es un odio personal el que sienten hacia usted, tan sólo exigen un mínimo de justicia, que no arruinen sus vidas para poder aumentar unas décimas el porcentaje de beneficio anual. Pero por encima de eso, esas personas reclaman un sistema social más avanzado, más evolucionado, que antes o después ha de llegar, permitiendo decidir a todos los ciudadanos cuanto afecta a su vida social. Si usted admite el derecho a voto, ¿por qué no admitir que ese derecho se practique más a menudo a través de sistemas informatizados? Seguro que se tomarán decisiones que le perjudicarán, pero a cambio, por ser como somos, una especie social, las decisiones de la mayoría serán casi siempre beneficiosas para la mayoría, y eso le incluye a usted y sus familiares. Si lee con detenimiento la historia y la experiencia que nos transmite, se convencerá sin la menor duda de que esa idea saldrá adelante y se convertirá en una realidad, y ante eso tiene usted dos opciones, navegar al ritmo de la historia u oponerse a ella, por el primer camino posiblemente podrá conservar usted parte de su fortuna e incluso algún privilegio, por el segundo, forzará a un cambio más radicalizado que a nadie beneficiará. Por favor, reflexione.
Usted, como yo tiene hijos, y posiblemente nietos, para los que deseará, sin duda, el mejor futuro posible. Como sin duda sabrá, en los últimos años se está dando en el mundo un fenómeno de acumulación de riqueza que nos ha hecho retroceder a índices de los años veinte del siglo pasado. Puede pensar que si esa acumulación se da en usted y su familiares supondrá algo beneficioso para ustedes, pero la historia nos demuestra que ese es un proceso sumamente peligroso que origina tensiones que desembocan inevitablemente, en cambios sociales drásticos, sangrientos en muchas ocasiones, ¿es ése el futuro que desea?
Una suma de diez millones de euros es más que suficiente para garantizar no sólo la supervivencia, sino verdadero bienestar material a cualquier ser humano. Si, a partir de ahí, seguir acumulando riqueza crea esas peligrosas tensiones sociales, no parece muy acertado continuar por ese camino.
Me dirá que desconozco los mecanismos reales por los que se mueve el mundo, que el hombre es un lobo para el hombre, etc., etc., pero yo le hablo desde la experiencia histórica, algo concreto, mientras que usted me habla de la supervivencia de un sistema que es, matemáticamente hablando, insostenible, porque eso que llamamos crecimiento económico tiene como frontera el mismo planeta, y antes o después ha de cambiar a otro modelo, cualquiera, pero sostenible. Por favor, reflexione.
Usted, y en eso tal vez no nos parezcamos, posiblemente se sentirá atraído por la idea de pasar a la historia, de ser recordado no sólo como un banquero más, uno entre cientos, uno más, por poderoso que llegue a ser, sino como alguien merecedor de ser conservado en la memoria colectiva de nuestra especie. Ese puesto lo ocupará el banquero o banqueros que sepan adelantarse a la historia, que no se queden encerrados en la acumulación de riqueza, sino que sepan plantar, con imaginación e inteligencia, un modelo social de convivencia que redunde en bienestar social. No le hablo, supongo que ya lo sabrá, de repartir generosamente su riqueza, sino de crear mecanismos que aseguren la paz, el bienestar y la cultura entre los seres humanos. Por favor, reflexione.
Nuestros mundos y nuestras vidas pueden parecer muy alejados y diferentes, pero compartimos mucho más de lo que imaginamos. Usted o yo podemos caer víctimas de una enfermedad, y tal vez nos espere una muerte evitable si determinado laboratorio, tal vez incluso uno cercano o dependiente de su banco, no ha fabricado ese medicamento que nos podría curar, porque no es rentable por ser demasiado efectivo, sin duda sabe que esas cosas suceden a diario. Ambos podríamos morir víctimas de la codicia, y de poco le serviría su enorme fortuna, no se podría desarrollar ese medicamento en semanas. Usted, como yo, puede ser víctima de cualquier acto delictivo, y nos puede costar también la vida. Como sabrá, la delincuencia es endémica donde campa la miseria y la frustración, y son las llamadas sociedades del bienestar las más seguras en ese sentido. Por supuesto usted puede pagar escoltas y hasta ejércitos, pero el rencor que millones de personas van acumulando hacia usted y su profesión es tan peligroso como imprevisible.
Usted, como yo, toma a diario alimentos envasados en recipientes que ya sabemos que son tóxicos a largo plazo, posiblemente conocerá el resultado de los análisis hechos a eurodiputados hace unos años, en los que detectaron hasta setenta componentes tóxicos, a pesar de ser todos ellos personas que habían llevado una vida materialmente acomodada. La mayoría de esos tóxicos no contamos con la tecnología para eliminarlos, ni se dedican apenas medios a investigarlas, hay quien considera que no son rentables dichos estudios. Esos venenos que circulan por su sangre y la mía nos condenan a ser las primeras generaciones de un ser humano tan consumido como consumista, hace que ya el 40% de los hombres europeos tengan problemas de fertilidad, y que vayan naciendo generaciones de seres débiles y condenados a la extinción. También sucedió antes entre los patricios, la aristocracia de la antigua Roma, víctimas de las lujosas y carísimas tuberías de plomo para canalizar el agua a sus viviendas. Los plebeyos, que Bebían el agua directamente de los pozos , sobrevivieron.
Como ve, tenemos en común mucho más de lo que, en principio podríamos pensar. Por ello le invito a cambiar, aunque sea levemente, su punto de vista, que sin duda condicionará sus acciones. En unos años, usted como yo, no seremos más que el recuerdo de nuestros actos, nada más, poco importará que nuestra tumba sea de mármol o simple tierra. No tiene sentido acumular cuanto, ni podremos disfrutar, ni hará que sobreviva de nosotros un recuerdo amable en quienes nos den sepultura. Muy posiblemente no recordará usted el nombre de ningún gobernador británico de la India mientras fue colonia británica, pero Gandhi está en su memoria, en la mía y estará también en la de nuestros descendientes. Ese es el destino humano, y no lo digo en un sentido romántico o metafórico, a través de la ciencia ya hemos podido demostrar, matemáticamente mediante la Teoría de Juegos, y neurológicamente con el descubrimiento de las neuronas espejo, la importancia de la sociedad en nuestra especie, nada somos los unos sin los otros, y llegados al punto de desarrollo en que nos encontramos, sólo los que lo comprendan sabrán navegar en la historia futura. Quienes se opongan, las llamadas personas neofóbicas, conseguirán retrasarlo, tal vez unas décadas, tal vez un siglo, pero no podrán detenerlo, nunca pudieron antes. El resto de la humanidad seguirá su camino, antes siervos, después ciudadanos que delegaban las decisiones, quieren ahora ser ciudadanos que tomen las decisiones que les afectan, y lo conseguirán, porque han elegido el camino que está en la misma estructura de su especie, la colaboración y el apoyo mutuo.
El motivo de la presente no es otro que invitarle a que se informe, a que reflexione, y pueda participar de ese cambio, de ese paso evolutivo, que espero sepa comprender y del que depende nuestro futuro y el de de nuestros descendientes.
Sin otro particular, le saluda muy atentamente;
Un ciudadano.
Nekovidal 2012 – nekovidal@arteslibres.net
DEJA VU
Giraba y giraba autoconvenciéndose de que en cualquier momento, cuando quisiera, podría dejar de hacerlo.
Era una pieza de un engranaje, uno de los tantos que mordía con aparente perfección mecánica una rueda dentada.
Se sabía parte de un todo y sabía que su existencia era perfectamente circular.
Su vida era un eterno deja vu.
Nekovidal 2011 – nekovidal@arteslibres.net
15M – DRY: UN FUTURO POSIBLE
El 15 de mayo de 2011, coincidiendo con profecías mayas que hablaban de un cambio de rumbo para la Humanidad, que muchos interpretaron en un primer momento como el anuncio del fin de ésta, nació en una plaza de Madrid, la llamada Puerta del Sol, el movimiento ciudadano 15M.
Tras la ilusión inicial, que movilizó a cientos de miles de personas, pareció perder fuelle, aunque se mantuvieron activos todos los grupos que habían dado lugar a él.
En el obsoleto parlamento oficial de aquella tierra, llamada entonces España, el modelo democrático nacido dos siglos antes comenzó a descomponerse víctima de sus propias contradicciones.
Las elecciones generales habían dado el triunfo a los partidos conservadores, aunque en realidad sólo 3 de cada 10 ciudadanos le habían dado su voto, con lo que la permisividad inicial hacia el movimiento ciudadano se transformó en persecución más o menos encubierta.
No pudiendo reunirse pacíficamente en las plazas como habían hecho hasta entonces, los ciudadanos se refugiaron en Internet, donde encontraron cierta seguridad, al tiempo que informaban incansablemente al resto de sus conciudadanos sobre los entresijos de un sistema corrupto que sólo conservaba de democrático el nombre.
La ola de indignación continuó creciendo, con la inesperada ayuda de un gobierno conservador que ni se molestaba en esconder, ni podía, sus juegos políticos y su pésima gestión económica, esquilmando toda la riqueza pública mediante privatizaciones, agravadas por innumerables casos de corrupción, al tiempo que se agudizaba la crisis económica y aumentaba el paro.
Aún pasarían dos años hasta que el Parlamento Ciudadano Digital contó con el número suficiente de personas que votaran en él, al tiempo que renunciaban al voto en las elecciones de los partidos políticos, que hacían campañas publicitarias tan costosas como inútiles, generosamente subvencionadas por la banca.
Cuando el número de ciudadanos que votaban en un sistema democrático participativo a través de la red sobrepasó el sesenta por ciento, la clase política comenzó a preocuparse seriamente: redujeron sus sueldos y privilegios, que pasaron a ser compensados por donaciones ocultas de la banca, y admitieron algún tipo de participación de los ciudadanos en los plenos parlamentarios, comenzando a llevar a cabo ciertas reformas que habían sido reivindicadas por éstos desde mayo del 2011. Pero ya era tarde, la mayoría votó mantenerse al margen de un sistema que ya sabían completamente dependiente de la banca y las grandes corporaciones empresariales.
Se intentó hacer obligatorio el voto, pero fue inútil: ni se votaba ni se pagaban las multas por no votar. Cuando dichas multas se empezaron a descontar directamente de las cuentas bancarias de los ciudadanos, éstos optaron por cancelarlas y guardar en sus casas sus ahorros, con el consiguiente perjuicio para la banca, que se debatía, sin solución, entre sus intereses y sus intereses, como de costumbre.
El siguiente paso fue la objeción fiscal: el ya sesenta y cinco por ciento de los ciudadanos se negó a pagar impuestos salvo que éstos fueran administrados por ellos mismos mediante votación de los presupuestos generales a través del parlamento digital, el único que sentían que les representaba.
Esta acción, paradójicamente, tuvo poca repercusión en España, pues la mayoría de los impuestos sobre la renta se descontaban directamente de las nóminas de los asalariados, que significaban el setenta por ciento de la recaudación total, pero fue una medida sumamente efectiva en otros lugares de Europa.
Los ciudadanos optaron luego por utilizar otra herramienta a su alcance: el consumo: Se fueron confeccionando listas de bancos y empresas corruptos o que fomentaban guerras y especulaciones financieras, centrando la acción contra un conjunto de ellas, que acababan con grandes pérdidas al cabo de pocas semanas. Éstas reaccionaron comprando y vendiéndose mutuamente las acciones, a fin de desorientar a los ciudadanos, que decidieron entonces ir creando sus propias empresas y cooperativas, todas administradas horizontalmente mediante un sistema de democracia participativa, y sustentadas con los millones de euros que constituían los ahorros guardados por las familias en sus propias casas.
Las recién creadas cooperativas utilizaron como medio de publicidad, que resultó asombrosamente efectivo, la renuncia a la obsolescencia programada de la que hacían uso el resto de las empresas: cada aparato fabricado en las cooperativas de la red 15M era entre tres y diez veces más duradero que los habituales en los comercios. Este hecho, unido a las carencias provocadas por la crisis en la clase media, provocó un enorme e inesperado aumento de la demanda, al poder adquirir los ciudadanos aparatos y utensilios de todo tipo de mucha mejor calidad que los habituales y al mismo o menor precio.
Las cooperativas 15M, autogestionadas por sus propios trabajadores, tenían tales índices de crecimiento, que se multiplicaban por todo el mundo, dando trabajo a millones de parados, que disfrutaban de salarios por encima de la media, al repartirse la plusvalía que en las antiguas empresas pasaban a engrosar la fortuna de una minoría dirigente o directamente de la banca que las financiaba y controlaba.
Los bancos y sus portavoces, los políticos, pensaron: si no les permitimos crear esas cooperativas, no dejarán circular el capital y nos arruinaremos, y si se lo permitimos, serán nuestros competidores. Tuvieron que optar, inevitablemente, por lo segundo.
Los aún verdaderos y poderosos dueños del mundo empezaron a impacientarse e intentaron, como último recurso, hacer uso de una herramienta que había resultado muy efectiva en dos ocasiones, un siglo antes, para neutralizar movimientos obreros y ciudadanos de todo tipo: una nueva guerra mundial.
Se pretendió enfrentar a Europa con los pueblos musulmanes del otro lado del Mediterráneo, con el pretexto de un fortalecimiento del integrismo religioso, pero los ciudadanos de ambas orillas no cayeron en la trampa. Fue el gran examen para el pacifismo del que siempre había hecho gala el 15M.
Nunca vieron las calles de Europa manifestaciones mayores que las de entonces, con millones de personas diciendo no a la guerra y miles de soldados, ya demasiado acostumbrados a participar en acciones humanitarias, negándose a participar en ella. Fue entonces cuando el sistema recurrió, sin miramientos, y despojándose de su máscara, a la violencia. Miles de mercenarios llegados de todas partes del mundo, y muy bien pagados por la banca, recorrieron las calles de la mitad de las calles de Europa disolviendo violentamente cualquier pequeño grupo de ciudadanos que encontraran debatiendo en las plazas.
Pero quedaba internet, la red que ya antes había servido de refugio, la red que no podían desconectar sin sufrir enormes pérdidas económicas, pues bancos y grandes empresas, en su codicia, habían reducido sustancialmente sus plantillas de trabajadores, sustituidos por los muy efectivos sistemas informáticos.
Fue entonces cuando el azar sonrió al 15M, dándole el impulso final definitivo: en China también había movimientos contestatarios, pero de índole diferente a los europeos, surgidos de una recién nacida clase media que reclamaba mejores servicios e infraestructuras sociales, y fomentados por los servicios secretos estadounidenses, que veían pasar su hegemonía mundial a manos chinas, pero no podían enfrentarse de una forma directa, ni comercial ni militarmente, al renacido y ancestral imperio, pues ambos poseían armamento nuclear.
El gobierno chino, incapaz de combatir eficazmente la corrupción, y consciente del peligro que significaban las revueltas, optó por apoyar y adoptar el modelo de democracia participativa nacido en Europa, a fin de debilitar a sus competidores gobiernos occidentales, y porque lo consideraron más cercano, al menos teóricamente, a su cultura e ideología, y un mal menor comparado con la alternativa: un país dividido y sumido en el caos, como ya había sucedido siglos antes con la llegada de la marina británica, durante las humillantes Guerras del Opio.
Las ya miles de cooperativas 15M distribuidas por todo el mundo eran, además, muy buenos clientes del gigante asiático, y la carencia de materias primas hacía de la fabricación de aparatos sin obsolescencia programada una alternativa válida para China, y la única forma de poder garantizar un nivel de vida suficiente para sus ciudadanos, neutralizando así parte del descontento de los mismos. Para China, pasar de la producción en masa de objetos baratos y de poca calidad, a una producción cualitativamente superior significaba desbancar definitivamente del liderazgo económico mundial a Estados Unidos, a Japón y a la Unión Europea, incapaces ya de competir, ni siquiera tecnológicamente, reservándose cada bloque una especialidad técnica sobre la que sustentar su actividad económica.
Una vez trasladado el poder a los ciudadanos, a través de parlamentos digitales en que se votaba protegiendo las elecciones con los sistemas informáticos más efectivos, los mismos que hasta poco tiempo antes se usaron para salvaguardar las transacciones bancarias, las transformaciones sociales fueron sucediéndose una tras otra: La prohibición de los paraísos fiscales, votada casi por unanimidad, supuso el primer recorte al monstruoso poder acumulado hasta entonces por la banca y los especuladores financieros. Los políticos perdieron prácticamente todos sus privilegios, pasando a ser meros funcionarios dedicados a redactar las leyes votadas por los ciudadanos.
También se propusieron y aprobaron, entre otras, leyes de limitación de acumulación de riqueza, leyes de prohibición de conflictos bélicos, quedando los ejércitos para labores de protección civil ante catástrofes naturales, y de policía de los derechos humanos, siempre bajo las órdenes directas de los parlamentos digitales, aprobándose al mismo tiempo leyes de reconversión de la industria de armamento.
Aprobadas por amplia mayoría, a pesar de la campaña en contra financiada por la banca, fueron las leyes de distribución gradual del trabajo, reduciéndose paulatinamente las jornadas laborales, al repartirse el trabajo entre toda la población activa existente, terminando así con el paro, y viniendo a demostrar, a los sorprendidos ciudadanos, el verdadero poder de la riqueza pública que, administrada de una forma racional, proveía a todos de un nivel de vida mucho mejor de lo esperado.
Las nuevas leyes de enseñanza, de las más debatidas, aplicaron finalmente los sistemas pedagógicos que ya habían demostrado su efectividad en la formación y enriquecimiento de la personalidad de los niños, tanto como en el desarrollo del pensamiento crítico, sistemas a los que la clase política hasta entonces había marginado, pues daba lugar a ciudadanos demasiado contestatarios para un sistema social jerárquico y vertical como el creado por ellos y las grandes corporaciones bancarias y empresariales, que habían regido los destinos del mundo durante tantos siglos.
Así se sentaron, poco a poco, las bases de las primeras generaciones de humanos realmente libres, los primeros que nacieron en sociedades que les garantizaban, por el simple hecho de nacer en su seno, protección, alimento, formación y vivienda, a cambio de apenas dos horas de trabajo diarias pues, como ya habían calculado economistas independientes décadas antes, tan sólo esa jornada laboral era necesaria para mantener el mismo nivel de vida del que hasta entonces disfrutaba la clase media de los países desarrollados, al utilizar para el bien común, y no el una minoría, las enormes posibilidades de la tecnología ya creada.
El aumento del tiempo de ocio y de posibilidades de acceso a la cultura dieron lugar a tal explosión cultural, que se habló de un nuevo Renacimiento, esta vez global.
Ése fue el comienzo del fin de un sistema y el nacimiento de otro, que aún tardaría dos décadas en perfeccionar su funcionamiento, y casi un siglo en extenderse hasta el último rincón del mundo.
Hoy en día, cuando se estudia aquel movimiento ciudadano, y especialmente el sistema obsoleto que le precedió y que dio lugar a él, suelen ser los niños pequeños, siempre ansiosos por comprobar que los adultos también hacen tonterías, los que más ríen cuando se les explica que, no hace tanto, muchas personas mayores creían vivir en un sistema democrático sólo porque depositaban, una vez cada cuatro años, un papel con unos nombres de personas a las que ni conocían, en una caja que llamaban urna, cediendo así a esas personas todos sus derechos de decisión social durante los cuatro años siguientes.
Los adolescentes también, con la rebeldía propia de la edad, ríen a carcajadas comentando esas rarezas e ingenuidad de sus antepasados estudiadas en las clases de historia.
Málaga, 14 de abril de 2211
Nekovidal 2011 – nekovidal@arteslibres.net
TAROT: EL MAGO, EL LOCO Y . . . (II) LA SACERDOTISA
"Los humanos, vistos seriamente, dan mucha risa" dijo el loco lúcido,"todos bailan al ritmo de las cadenas que portan, mientras se creen libres".
"Hagamos del tintineo de las cadenas música", sugirió el mago, " y podrán conocer, al menos, un soplo de verdadera libertad".
Así lo hicieron, y se fueron juntos, cantando, bailando, y en compañía del loco gato del loco, en busca de la tercera carta . . .
En el primer cruce de caminos a que llegaron les esperaba la sacerdotisa, con su libro sagrado en una mano y sangre aún fresca en la otra.
"Es sangre de mala persona", se justificó ella.
"Pero la sangre siempre es vida", repuso el mago, "y nunca es digno derramarla".
"Cuando yo derramo sangre, es justicia. Tú, mago, en tu sabiduría deberías saberlo, salvo que sea falso tu saber".
"No comparto tus ideas, sacerdotisa a la que llaman Papisa, y en los tiempos actuales también Codicia, o Crisis, y ahora comprendo la razón de tus sobrenombres. Tú haces de tu ley la única ley, temes comparar ideas, y todo tu ansia es modelar el mundo a tu alrededor para que gire acorde a tu triste ser. Destruyes creyendo crear, y eres la más pobre de las esclavas, porque nunca dudas".
"Tú no me ves como soy, mago insolente, y con tiempo suficiente te haré pagar tu desprecio." "¿Qué piensas tú, loco?"
El loco no había pronunciado una sola palabra desde el encuentro, y como única respuesta, tomó en sus brazos al gato que nunca se separaba de él y lo acercó a la sacerdotisa. El animal, en cuanto se encontró próximo y ella tendió su mano con un gesto de aparente amabilidad, bufó y salió corriendo hasta lo alto de la rama de un árbol, desde donde observó desde entonces atento a los tres seres.
"Ya no tengo duda alguna" dijo el loco, "el mago sabe lo que dice, y tú, ciega de arrogancia, no sabes ni lo que sientes".
"Compartirás nuestro camino porque no es nuestro, sino el de todos, pero desde ya sé que no harás sino destruir cuanta vida libre encuentres, destruir todo cuanto no te alabe, y no es alimentar egos enfermos nuestro destino".
"Mas en algo se equivoca mi amigo el mago: Tú también formas parte de este camino y debes recorrerlo. Tu misión es mostrar lo peor de nosotros y de quienes encontremos, medir nuestra resistencia, sacar a la luz nuestras miserias. Tú harás que la persona buena sienta lástima por ti, sin sospechar que la usas para cualquier mísera venganza. Tú harás brotar la ira del iracuando, pero también de quien se indigne ante la injusticia. Tú harás que la persona sola crea tener compañía, sin saber que es sólo otra muñeca de tu colección. Sólo sabes ser fiel a ti misma y sólo a ti misma te sabes amar, pobre ser triste de patética corona. Tú harás de las personas frustradas tus mascotas, y de las reprimidas tus perros de presa, y ese libro maldito que crees y llamas sagrado te enseñará la forma de manejarlas de manera que te crean amiga".
"Mentirás y difamarás sin el menor remordimiento, porque también tu ética fue esclavizada por tus miedos. Pareces fuerte y amable, pero eres débil y te vistes con la ignominiosa crueldad de los hipócritas".
"Mucha más sangre lavará tus manos, y siempre encontrarás una justificación a tus acciones. Tú eres vida enferma que se alimenta destruyendo vida, y cuando ya ningún argumento te quede, recurrirás a la falsa moral o a la fuerza, con igual facilidad, y la sangre volverá a manchar tus manos".
"Pero por ser así tienes tu lugar en este camino, y de las leyes libres del camino te servirás para continuar en tu enajenado vagar, porque el día que tú o yo no tengamos un espacio en este camino, éste será ya otro, sin necesidad de quien lo manche de sangre y tristeza, como tú, ni de un loco que crea ingenuamente que ambas cosas se pueden siempre evitar, como yo".
"Déjala, sabio amigo mago, que comparta nuestro camino, es parte de la gran prueba que nos espera, veremos caer a muchos, tal vez nosotros mismos entre ellos, pero así sabremos distinguir quienes son realmente merecedores de llegar a ese final que ya sabemos que no existe".
"Sea como dices, amigo loco, que hasta ahora nunca has errado en tus juicios y predicciones".
Y así prosiguieron los tres el viaje.
El gato, aún en lo alto del árbol, dudaba entre la amistad que le unía al loco y su instinto, que le decía que habrían de venir obscuros tiempos de dolor y de otro tipo de locura muy diferente a la de aquel a quien siempre había acompañado.
Nekovidal 2011 – nekovidal@arteslibres.net
TAROT: EL MAGO Y EL LOCO (I)
"Los humanos, vistos seriamente, dan mucha risa" dijo el loco lúcido,"todos bailan al ritmo de las cadenas que portan, mientras se creen libres".
"Hagamos del tintineo de las cadenas música", sugirió el mago, "y podrán conocer, al menos, un soplo de verdadera libertad".
Así lo hicieron, y se fueron juntos, cantando, bailando, y en compañía del loco gato del loco, en busca de la tercera carta . .
Nekovidal 2011 – nekovidal@arteslibres.net
EL TEMA ETERNO
"Jamás se ha emborrachado nadie a base de comprender intelectualmente la palabra vino" (Anthony de Mello)
Que si somos porque estamos o estamos porque somos, que de dónde venimos, que si a donde vamos, que si somos mortales eternos o eternamente mortales, que si los muertos nos esperan o esperamos sus favores, que si todo lo creó un dios o entre todos hemos creado a todos los dioses, que si vale la pena repetir lo dicho a un sordo, que si sordo es quien no escucha o quien no se conoce, que si ciego es todo el que no sabe mirar introspectivamente, que si todos, al hablar de ciegos y sordos, pensamos sólo en los demás, que si hay miseria más grande que los celos, y mezquindad mayor que la envidia, que si la locura nos puede llevar a intentar destruir cuanto no tenemos capacidad de comprender o disfrutar, que si todo tiene un fin, pero nunca captamos el fin de todo, que si tú o yo somos algo sin el nosotros, que si no hay nada en lo que es que antes no haya sido, que si todo el sufrimiento del ser humano procede de no conocer al ser humano, que si lo busca con sincero interés, pero se pierde, porque vuelve la cabeza y cierra los ojos cuando mira hacia dentro, desconcertado por lo que ve, y hacia fuera sólo sabe mirar desde su miedo interior, y sufre, por no comprender, sufre . . .
Los dilemas de siempre, una polémica siempre abierta, el tema eterno.
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ME ESTOY QUITANDO
"Cuando la luna llena nos mira de reojo, y las ideas coquetean con el viento sin temor a quebrarse, es que ha llegado el momento de brindar por las ilusiones eternas, regalar una caricia, y reírse a gusto de los miedos perennes", dijo con la mirada perdida en el vacío.
"¿Le asaltan muy a menudo este tipo de pensamientos?", le preguntó, envidioso, el psiquiatra.
"No muy a menudo en los últimos tiempos, ya me estoy quitando . . ." dijo el hombre resignado, a punto de permitir que un mal profesional y eterno escritor frustrado asesinara al poeta que él, desde niño, siempre había llevado dentro.
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TAROT: EL LOCO
Los dioses se jugaron a los dados el destino de los mortales y, como siempre gana la banca, salió azar.
Para divertirse, escogieron al más humano de los humanos, a un loco, y le pidieron su opinión.
"Bueno . . .", dijo éste dudando, "si al menos hubieran jugado al póker, nos hubiera quedado la esperanza de un farol".
Fue entonces cuando los dioses decidieron, sorprendidos por la respuesta, regalar a los mortales una pizca de libre albedrío, que aliviara, al menos en algo, la pesada carga de su tendencia al autoengaño y la tiránica incertidumbre del azar.
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TÚ, COMO YO . . .
(Continuación de los textos propuestos por Juan Marcelo)
* Tú como yo, en manos de un barbero loco que cobra, cortando, ¿no sientes su caprichosa cuchilla?
¿No sientes su frío contacto de banquero, su delicada mano de cirujano pervertido, su falsa candidez de arena?
Tú, como yo, buenos esclavos mendicantes, nos creemos amos de nuestro destino, que nunca será nuestro hasta que descubramos el óxido de las cadenas que forman parte de nuestro cuerpo, su herrumbre, su peso, su podredumbre.
Sólo conociéndolas llegará el alivio.
* Tú, como yo, en manos de un bombardeo loco que cobra cortando, ¿no sientes su caprichosa cuchilla?
¿No presientes su decadencia púrpura entre arrozales de cristal?
¿Tanto has tardado en comprender que las caricias no cotizan en bolsa y que la bolsa no era más que una ortiga furibunda correteando entre alucinaciones y manuales de ortopedia?
* Encerrado en una barbería, entre canarios enloquecidos . . . cantando entre ellos miles de silencios roncos de pacíficos mares embravecidos . . . mientras nos moldea el tiempo, con su gusto descosido, su juego inapelable y sus golpes de rocío.
* Tú, como yo, con las manos atadas, en una barbería, escuchando flamenco malo, esperando que el barbero se digne cercenar la soga que nos ata, en vez del cuello que nos consuela, que el cantaor caliente y haga algo más fina su voz con fino, y que el guitarrista encuentre al fin trabajo . . . y se dedique a otra cosa.
* Barbero, barberito loco,
yo con oro pago,
ten de mi cuello
cuidadito un poco.
Que sólo tengo uno
y si lo pierdo dirán
que viví a degüello
y acabé por eso loco,
por no saber elegir
ni mucho, ni nada, ni poco,
ni siquiera un buen barbero
que no estuviera tan loco.
* Tú, como yo, nos hicimos mujer barbuda...
para no visitar la casa del barbero majara,
pero la treta no nos sirvió de nada,
nos persiguió y acosó el barbero,
al vernos peludos cual cocotero,
pues nos creyó su mujer amada,
y ahí empezó el revuelo
que con nosotros
casi acaba.
* Tú tienes la culpa de mi barba y mi cordura,
de mis penas, frustraciones y hasta mis locuras,
de que no tenga todo cuanto cada día deseo,
de que mis deseos no sean órdenes oportunas,
Tú, elemento insolente, tienes la culpa de todo,
por no cumplir el dictamen de mi voluntad.
¿Es que no me reconoces?
Soy el engendro parido por la estúpida maldad,
el monstruo de las decadentes sociedades humanas,
las del ruido, orondos vientres y mentes atrofiadas,
las que se conmueven y lloran por una mascota
mientras devoran otras previamente torturadas,
las que ven indiferentes morir niños, como si nada,
las del ruin codicioso, la ególatra, el juez y el idiota,
las del mucho neón, muchos vacíos y el poco perdón,
las condenadas a nunca conocerse, a ser sólo manada.
¿Aún no me reconoces?
Soy el que se mide por su auto, su amo y su traje,
el ignorante que nada sabe y todo cree saber,
el triste y pobre ser serio que condena raudo
olvida presto, y siembra el siguiente ultraje.
Soy más hijo de la miseria que de la abundancia,
el modelo del primitivo arrogante,
un gigante con pies de barro,
que sólo se ve gigante,
la bestia pedante
que se cree carro.
¿Aún no te reconoces?
Por eso, tú también tienes la culpa . . .
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UNA POLÉMICA ABIERTA: Informe final (9-12-2011)
Tras observar con detenimiento al ser humano, sus ilusiones, sus palabras y sus acciones.
Tras compartir con él sueños, proyectos, sufrimientos, ideas y, ocasionalmente, juegos, alegrías y hasta ludopatías.
Tras estudiar su anatomía, su sistema neurológico, sus tres cerebros, sus costumbres, contradicciones, entelequias y paradojas.
Tras verle desfilar por su existencia con su altruismo tuerto y su ciego egoísmo contra natura.
Tras repasar las filosofías, religiones y obsesiones por él creadas, ésas abstracciones por las que llega a matar y morir.
Tras mirar la Tierra arañada con mil trazos producto de sus obras, con su implacable actitud de plaga, con su contradictoria sensibilidad ante lo mismo que destruye y añora.
Tras verle jugar, recuperando en la edad adulta, ocasionalmente, la seriedad y vitalidad de sus juegos infantiles, eso que llama, pomposamente, arte.
Tras ver como, cualquiera de ellos, es capaz de segar vidas con brutalidad, o entregar la suya gratuitamente por salvar la de un semejante.
Tras mirarle fuera de si cuando, tan a menudo, sus emociones esclavizan su fina capa racional, una bestia ciega en la guerra, un servil cordero ciego en la paz.
Viéndole sufrir inútilmente por lo inevitable y negándose a menudo, mansa y cobardemente, a cambiar cuanto puede transformar.
Viéndole en su ingenuidad pueril, su agresividad repleta de miedos mal disimulados, su alocada carrera de adolescente hacia la nada . . .
Observándole con su sabiduría ancestral cuando, escuchando fuera de sí, aprende, y con su peligrosa furia cuando ya cree saberlo y comprenderlo todo.
Tras padecerlo y disfrutarlo durante más de medio siglo, he llegado, sin acritud, a la agridulce conclusión de que el ser humano, ese ser, como tantos, atrapado en este universo paradójico, no es, hoy por hoy, más que un reptil que se emociona fácilmente y que tiene por extraña costumbre disfrazarse de filósofo.
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DISIMULO
Por no ser menos que mis hermanos, creo saber cuanto creo saber, tanto como ignoro cuanto ignoro, pero eso no me impide disimular cuanto no sé mientras creo saber mucho más que lo que sé, al tiempo que creo que no es tanto lo que ignoro.
Entre disimulo y disimulo, recuerdo aquella fábula de los mortales ante los dioses, cuando éstos, fiándose más de la sabiduría animal que de la humana, preguntaban a cada bestia sobre el trato recibido por parte del humano con quien habían convivido, juzgando así si éstos eran dignos de una vida mejor, de una reencarnación oportuna, o de volver a formar parte de la pesada materia sin conciencia, consideración, ni consuelo.
En fila estaban, temblorosos, los humanos, acariciando a sus mascotas, intentando así obtener de ellas un informe favorable, ese "sí" que los dioses consideraban imprescindible para obtener su benevolencia.
Un arriero, poco acostumbrado a ser amable y considerado con el animal que le acompañaba, repetía nervioso al oído de éste: "Di sí, mulo, por favor, di sí . . .".
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ESCUELAS PARA LA VIDA
"Las grandes verdades son eternas, pero suenan a nuevas cada vez que las oímos porque las olvidamos cada día" (Lluís Amiguet)
De poco servirá una esmerada educación, asistir a las más caras y tenidas por mejores escuelas, contar con clases particulares de idiomas, música y cualquier expresión del arte.
De nada servirán gastos enormes en costosos colegios de élite, si no se le enseña a esa persona dos lecciones básicas que no habrá de olvidar el resto de su vida, si quiere que ésta sea mínimamente enriquecedora para sí y sus semejantes.
Dos lecciones, una sobre el individuo y otra sobre la sociedad:
Individuo: Nunca debemos olvidar que cada ser es único e irrepetible, diferente a todos los demás y por ello, en último término, incomprensible para todos ellos. Esta unicidad hará que sus ideas y emociones, únicas también, parezcan extrañas a muchos de sus semejantes, unos las verán como extravagantes, o carentes de moral, o simplemente, necias.
Pero nunca tiene derecho un ser humano a juzgar la particularidad de otro, por extraña que le resulte su forma de vida, mientras esa particular forma de ser y de vivir respete los acuerdos sociales del grupo al que pertenece. Ese derecho básico ha de ser respetado sin importar no ya su raza, idioma, religión o cultura, sino sus ideas, sus gustos sexuales, o su vida cotidiana, por extraña que resulte a los ojos de los demás.
Sociedad: Nada es el ser humano aislado, poco puede, nada sabe, y sus posibilidades de sobrevivir se reducen drásticamente.
Todo cuanto somos y sabemos nos lo ha regalado el grupo humano, esa gran familia de miles de millones de seres, cuyos antepasados han ido acumulando información, saber, y experiencia a lo largo de milenios, encontrando la forma de almacenar ese conocimiento para poder legarlo a sus descendientes después de su muerte.
Por esa razón, y por encima de cualquier cuestión ética, siempre subjetivas entre los humanos, el respeto a lo acordado por el grupo de que se forma parte es imprescindible para sobrevivir y para una convivencia pacífica.
Pero, ¿Cómo evolucionaremos, si respetamos en cada momento cuanto era costumbre hasta entonces? La ley que ha de regir esos cambios será siempre la de la mayoría, por equivocada que esta pudiera estar en ocasiones según nuestro criterio.
Tan sólo eso diferencia las revoluciones de los golpes de estado, la tiranía del respeto mutuo: la mayoría.
Pero este tipo de cosas no se enseñan en la escuela, o se nombran ocasionalmente, y se vuelven a olvidar.
Sólo dos lecciones, dos costumbres mentales, dos pilares de la convivencia de nuestra especie que convierte a quien no los cumple en un ser triste como individuo y en un peligro como ser social.
Sólo dos ideas, dos lecciones para aprender y no olvidar nunca, parece simple, ¿verdad?
Pues ahora hagamos memoria y que alguien me presente a un sólo ser humano que viva consecuentemente con estas dos normas básicas y elementales.
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SOSPECHA
Llevaban tres años casados, más o menos la fecha de caducidad de cualquier enamoramiento, se encontraban al final de una forma de vida y al principio de otra forma de convivir.
Ella había salido temprano, como de costumbre, ya que su lugar de trabajo estaba al otro lado de la ciudad.
Un par de horas después, al entrar en el baño, él sintió el olor por primera vez, un olor dulzón a rosas, un perfume nuevo y agradable que estaba seguro de no haber olido antes en la casa.
"¡Vaya!", pensó, "le he pedido mil veces que usara un perfume como éste y nunca lo ha hecho hasta ahora".
"Hoy tenía una comida de trabajo con el director regional de la empresa, ese tal Andrés, que le cae tan bien. A ver si resulta que no es una comida de trabajo precisamente . . ."
Así transcurrió el día, caminando ausente por la calle, distraído en el trabajo, padeciendo la absurda crueldad de los celos, alimentando poco a poco una sospecha que lo iba devorando, con la fiereza de un minotauro, con la certeza de la muerte.
Al regresar a casa, la encontró vacía, cuando lo habitual era que ella regresara siempre antes que él, y eso confirmó, en su mente, sus peores sospechas.
Pasados unos minutos, ella entró por la puerta, sonriente y animada: "Ah, ya has vuelto . . . ".
Si las miradas matasen, él ya se hubiera transformado en un homicida desde ese mismo instante.
Fingió tranquilidad y le dijo: "Llegas muy tarde, y veo que al fin te has decidido a usar perfume, ese tan penetrante que aún huele en el baño . . ."
"¿Perfume?" "No, ya sabes que no me gusta usarlos, ese olor es de un nuevo ambientador, uno muy concentrado, el frasco está en el armario de abajo del baño".
"Y he vuelto a la misma hora que siempre, pero bajé a tirar la basura, es raro que no nos hayamos cruzado".
Lentamente, se acercó a él para susurrarle: "¿Cómo te ha ido a ti el día, guapetón?" le preguntó, mientras se colgaba de su cuello y le mordía levemente los labios.
"Ha sido un día raro, muy raro . . ." acertó a contestar él, con la mirada perdida y mientras hacía balance de su enorme y peligrosa estupidez, y de ese día perdido que nunca podría recuperar.
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VIVIR ES UN ASUNTO URGENTE
Vivir es un asunto urgente, sin duda. Nos parece obvio y es de una lógica aplastante si quien lo pronuncia es mortal. Pero que vivir es un asunto urgente sólo se comprende en su integridad cuando se guarda en la memoria, al menos, un momento de felicidad plena y otro de cercanía a la muerte.
Sin esos dos puntos de referencia, es imposible comprender la urgencia que implica el vivir, tanto como no podemos desear aquello que nunca hemos percibido.
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SORTEO / SOR TEO
Siguiendo la estela dejada por Lola y Javier, y su genial idea de tomarse la literatura con la seriedad que merece, esto es, con buen humor y relatando chistes, historias o leyendas que, aunque sean tenidas por tales, son a menudo hechos tan reales como la estrella que nos alumbra, paso a narrar lo sucedido en Orense, que suele ser contado como chiste, aunque me consta que no fue tal, y el nombre de cuyos protagonistas ocultaré por respeto a sus familiares, algunos de ellos aún vivos.
Hace años vivía en el centro de la ciudad gallega, en su casco antiguo, y cerca de la catedral, Sor Teófila, conocida por todos como Sor Teo, una monja tan mayor como beata, de misa y comunión diaria, virgen, por supuesto, pues decía que sólo a su Señor entregaría su virginidad, olvidando preguntarle al tal señor si no hubiera preferido recibirla cuando ella tenía treinta años y no casi el triple.
La tal monja, de familia acomodada, tenía por santa costumbre reunirse semanalmente con su párroco confesor para ensayar algunos cantos gregorianos, mientras ella tocaba el órgano que tenía en el amplio salón de su casa, pues allí se había retirado para morir en la paz de Cristo, lejos del ajetreo que las novicias solían montar, a veces, en el convento donde había transcurrido prácticamente toda su vida.
En una ocasión, al disponerse a ensayar los cánticos habituales, el párroco vio, para su sorpresa y escándalo, que sobre el órgano había un vaso de agua en cuyo interior reposaba lo que era, a todas luces, un preservativo.
Al cura le costaba concentrarse en el canto y miraba alternativamente a Sor Teo y al vaso, con la esperanza de que ella se decidiera a darle una explicación a la presencia de tan extraño objeto sobre el órgano.
Viendo que su insistencia no daba resultado, y ya al borde de un ataque de nervios, le espetó finalmente:
"Hermana, puede explicarme qué es eso que hay en ese vaso de agua sobre el órgano y que hace tal objeto aquí?
Sor Teo, le miró con cierta sorpresa, por el tono áspero de su interlocutor, pero acertó a contestarle:
"Ah, eso". "Mano de santo, padre, mano de santo".
"El otro día iba hacia la farmacia y antes de llegar me lo encontré tirado en la calle, leí el prospecto y pensé que era precisamente lo que estaba buscando para aliviar mis achaques y dolores, ahorrándome así comprar nada en la farmacia, pues decía que prevenía multitud de enfermedades, y andaba yo con un principio de gripe".
"Al llegar a casa, seguí al pie de la letra las instrucciones, y la verdad es que me siento muy aliviada desde entonces, me siento mucho mejor".
"¿Instrucciones?" "¿Qué instrucciones, hermana?", respondió con cierta ironía el cura, que seguía sin salir de su asombro.
"Sí, padre, las instrucciones que decían: Colóquese sobre el órgano y manténgase en un lugar húmedo".
"Y ha sido mano de santo, padre, mano de santo, ni un dolor desde entonces".
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ELOGIO DE LA CORDURA: Medicina de medicinas
Ante la visión de la demencia y las tristezas humanas, de la monstruosa costumbre de intentar destruir al prójimo como falso consuelo de la mediocridad propia, se amarga el alma, se seca el espíritu, y no solemos hallar ningún porqué alentador. Las sonrisas no brotan, el hastío lo invade todo, la vida pierde sabor, y ni las palabras se dignan visitar la vida disfrazadas de voz, canto o poema.
Hasta la música más hermosa, ésa ante cuyo sonido ni el silencio podía dejar de bailar, tiene hoy, a la vista de la miseria humana, un tono apagado.
Es entonces cuando la lectura de otras palabras, sabias y grandes de espíritu, grandiosamente modestas en un simple papel, nos rescatan del abismo.
Es el milagro de la cordura, de la palabra, única medicina que es capaz de sanar a la propia medicina cuando ésta enferma, la que nunca confunde poseer con amar, ni amar con locura.
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ELOGIO DE LA CORDURA
En una estación de tren, en medio de la nada, a las tres de la mañana:
Buenas noches, caballero. ¿Qué hace?
Espero un tren.
Ya veo, pero, ¿qué tren?
Uno.
Sí, pero ¿cuál?
El mío.
¿Y como sabrá cual es el suyo?
Porque será al que me suba cuando llegue.
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MITO: SÍSIFO
Creía uno, y como era español lo afirmaba, sin molestarse previamente en comprobarlo, que Sísifo había sido el inventor de la sífilis.
"No", dijo otro, "como todo el mundo sabe, Sísifo es el arquetipo del síseñor mejicano".
"No señores", terció otro, "Sísifo fue, y es de todos sabido, el inventor del sifón. Sí, no se rían, del sifón he dicho".
"De eso nada", gritó otro, también español y, por tanto, alzando la voz, Sísifo fue el amante secreto de Sisí, la anoréxica emperatriz austríaca, aunque, y en eso coincido con usted, en la época se murmuraba que podía tratarse de un fontanero o plomero, de ahí que algo tuviera que ver con el sifón.
Uno, que sonreía en silencio, intentó hablarles del mito de Sísifo, de las leyendas conocidas en torno suyo y de su eterno castigo, pero como no gritaba lo suficiente, ni se mostraba arrogante, ni sabía mirar con desprecio a los otros al hablar, fue despecahado rápidamente: "Calle usted, hombre de Dios, que para hablar hay que tener conocimiento de causa". El hombre, simplemente, calló.
Así, uno tras otro, siguió cada cual defendiendo su teoría, su punto de vista, su forma de ser y de ver, tan excluyente como debe ser para aparentar la sabiduría y certeza de la que carece.
Mientras tanto, Sísifo seguía, arriba y abajo, cargando con la pesada roca de las opiniones humanas, y aún le quedaba, por increíble que pueda parecer, esperanza en que su condena concluyera, tal y como se había sentenciado, en el preciso momento en que todos los humanos se pusieran de acuerdo en una idea, en un fin, fuera éste el que fuera.
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MITO: SÍSIFO
Sí, Sifo, es el sifón.
No, Sisí, es la sinfonía.
Me temo que tenemos un problema de sintonía.
Sí, un problema de sintonía sobre la sinfonía del sifón . . .
. . . y no parece que tenga solución.
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Juego literario:
texto usando repetidamente palabras que comiencen por la misma letra
H
Hijo del hoy, que has henchido la hueca herida de hielo y horneado la historia de todas las huestes: honra el humo, que ya ni es hoguera, porque sólo eso hay.
L
Llevaba al lado de los lemas y la lógica la locura ligera que liberaba el limbo de su libertad.
N
No nací negando nulidades sino nadando sobre nuncios, nacionalidades y necedades, por eso no niego a nadie que nade en la nebulosa neblina de la nada.
O
Orondos ornitorrincos oteaban con ojos de orla la oscura orquesta de oropeles de obsoletos orgullos ordenados.
R
Retenida por el rencor, roía la ruina de su retórica rutinaria, mientras rumiaba como rendir su risa ente el rey.
S
Si supo salir de la sensación de saber y así supo, es porque antes saboreó la sensación de sosiego del no ser para ser, el sensato sentimiento de la soledad.
T
Tenía todos los tesoros: tesón, ternura y temeridad. Tomaba todas las tonterías por tales, y eso tenían todos que tolerarlo, como a tantas otras taciturnas tristezas trenzadoras de tiempo, esas que transitaban las tórridas terrazas del tedio temporal.
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LOS VERDADEROS HÉROES DE LA HISTORIA HUMANA: STETSON KENNEDY
La historia del Ku Klux Klan está sometida, como la de cualquier organización humana, a altibajos, momentos de gran expansión y momentos de declive.
Fuera de Estados Unidos es poco sabido que, en ciertas épocas, no se limitó su nefasto campo de acción a los estado sureños, sino que se extendió peligrosamente por prácticamente la totalidad del país.
Fundado por seis jóvenes de origen escocés (de ahí que utilizaran el término klan, unido a kuklos, del griego, círculo) al final de la Guerra Civil Americana (1861-1865), se extendió con mayor o menor fortuna por los estados sureños, llegando a tener, en la segunda década del siglo XX, ocho millones de seguidores.
Durante la Segunda Guerra Mundial tuvo momentos de decadencia, pues su idea secesionista no encajaba en un país que necesitaba estar unido ante un enemigo exterior. Pero terminada la guerra, el KKK volvió y resurgió con gran fuerza.
Atlanta, la ciudad a la que los seguidores del KKK llamaban pomposamente “la Ciudad Imperial del Imperio Invisible del KKK” era también la tierra natal de Stetson Kennedy, nacido en 1916, y que cuenta en la actualidad con 95 años.
Stetson nació en el seno de una familia acomodada sureña, y un hecho transformó sus ideas hasta convertirle en un luchador infatigable por la igualdad y los derechos civiles de los ciudadanos afroamericanos: Flo, una sirvienta negra de la familia, que prácticamente le había criado, fue secuestrada, atada a un árbol, golpeada y violada por miembros del KKK. Su delito había sido reclamar a un cobrador de tranvía que le había dado mal el cambio del billete.
A partir de entonces Stetson se transformó en un luchador contra el racismo y la intolerancia en general.
Publicó muchos artículos en prensa y revistas, pero comprendió que no resultaban efectivos ante la opinión pública, pues el KKK contaba con apoyos en la administración, la policía, y buena parte de la población blanca. Se percató, al mismo tiempo, que era una organización cuyo funcionamiento interno era completamente desconocido, así que se infiltró en ella, aprovechando que un tío suyo había llegado a ser en el pasado un líder de la misma.
Toda la información que iba recabando la suministraba a diferentes periódicos progresistas que la hacían pública, lo cual incomodaba a los seguidores del KKK, que se sabían infiltrados, aunque desconocían la identidad del espía.
Pero la información desvelada no parecía suficiente para que la mayoría de los norteamericanos blancos comprendieran el peligro social que significaba ese grupo.
En 1947 Kennedy tuvo la idea genial que le haría dar un giro a la historia universal y cuyo alcance es difícil llegar a imaginar siquiera: se puso en contacto con Stephen J. Dubner, director del programa de radio de la serie Superman y con los guionistas del mismo, todos ellos de ideas antirracistas. Les facilitó toda la información que tenía sobre el grupo: los rituales, el argot y hasta las contraseñas con las que se movían.
A lo largo de dieciséis capítulos, los demenciales seguidores del KKK fueron reiteradamente derrotados por el superhéroe americano, completamente ridiculizados, y sus rituales secretos mostrados como gestos estúpidos de hombres brutos e ignorantes.
Para comprender el alcance social que tuvo tal acción, debemos recordar que Superman era el personaje de ficción idolatrado por todos los niños y jóvenes estadounidenses de la época, y sus acciones eran modelos incuestionables a seguir. El mismo superhéroe que ya había derrotado a lo largo de cientos de capítulos a Mussolini, Hitler y a Hirohito, se enfrentaba ahora al KKK, venciéndoles humillantemente.
El discurso colérico de uno de los líderes del grupo racista en una reunión a la que también asistió Kennedy, al día siguiente de la emisión del primer programa, nos puede dar una idea del impacto que éste tuvo en la organización:
“Cuando regresé a casa anoche, mi hijo se encontraba con un grupo de niños, algunos con toallas atadas alrededor del cuello a modo de capas y otros con fundas de almohada en la cabeza. Los de las capas perseguían a los de las fundas por todas partes. Cuando les pregunté qué hacían, me dijeron que estaban jugando a un juego nuevo de policías y ladrones llamado Superman contra el Klan. ¡Acabar con los malos, lo llamaron! Conocían todas nuestras claves secretas. ¡No me había sentido tan ridículo en toda mi vida! ¿Imagináis que mi propio chico encuentra un día mi túnica del Klan?”
En realidad, las claves desveladas no tenían tanta importancia, pero sí la ridiculización de sus miembros, presentándoles como "los malos" y, sobre todo, el efecto de hacer prácticamente imposible que los millones de miembros del Klan extendieran sus enfermizas ideas entre sus hijos, pues para hacerlo tenían que decirles que Superman, su héroe incuestionable, se había equivocado al elegir a su nuevo enemigo, lo que cuestionaría, sin duda, su autoridad paterna.
El efecto sobre la organización fue implacable: el KKK nunca volvió a tener poder en los estados del norte, quedando reducido al grupo minoritario radical que aún hoy pulula por los estados sureños.
El historiador estadounidense Wyn Craig Wade llegó a calificar a Stetson Kennedy como “el factor individual más importante en la prevención del resurgimiento en la posguerra del Ku Klux Klan en el norte”.
Su victoria tuvo, desde luego, un precio: de igual forma que ha sido homenajeado por innumerables asociaciones defensoras de los derechos humanos en Estados Unidos y en el resto del mundo, estuvo amenazado de muerte durante muchos años, su casa, y con ella gran parte de sus documentos, fueron destruidos en un incendio provocado y, cuando se presentó a las elecciones a gobernador de Florida, ante la enorme campaña de acoso de conservadores y ultraconservadores, llegó a decir de sí mismo: “He llegado a ser el hombre más odiado de Florida”.
Finalmente tuvo que exiliarse en Europa, donde en 1954 escribió el libro “El Klan desenmascarado”, que fue publicado por su amigo Jean-Paul Sartre.
Stetson Kennedy ha venido a demostrar a la Humanidad que, mucho más efectiva que cualquier arma, es una idea inteligentemente utilizada, y nunca sabremos cuanto le debemos a su esfuerzo en pro de los derechos humanos, ni como hubiera transcurrido la historia de la segunda mitad del siglo veinte si el imperio militar y económicamente dominante, los Estados Unidos, se hubiera transformado en una sociedad cerrada y más racista y xenófoba, aunque el caso de la Alemania hitleriana nos puede dar un pista nada tranquilizadora al respecto.
Nekovidal 2011 – nekovidal@arteslibres.net
TEMA LIBRE: 15M: UN FUTURO POSIBLE
El 15 de mayo de 2011, coincidiendo con profecías mayas que hablaban de un cambio de rumbo para la Humanidad, que muchos interpretaron en un primer momento como el anuncio del fin de ésta, nació en una plaza de Madrid, la llamada Puerta del Sol, el movimiento ciudadano llamado 15M.
Tras la ilusión inicial, que movilizó a cientos de miles de personas, pareció perder fuelle, aunque se mantuvieron activos todos los grupos que habían dado lugar a él.
En el obsoleto parlamento oficial de aquella tierra, llamada entonces España, el modelo democrático nacido dos siglos antes comenzó a descomponerse víctima de sus propias contradicciones.
Las elecciones generales habían dado el triunfo a los partidos conservadores, con lo que la permisividad inicial hacia el movimiento ciudadano se transformó en persecución más o menos encubierta.
No pudiendo reunirse pacíficamente en las plazas como habían hecho hasta entonces, los ciudadanos se refugiaron en Internet, donde encontraron cierta seguridad, al tiempo que informaban incansablemente al resto de sus conciudadanos sobre los entresijos de un sistema corrupto que sólo conservaba de democrático el nombre.
La ola de indignación continuó creciendo, con la inesperada ayuda de un gobierno conservador que ni se molestaba en esconder, ni podía, sus juegos políticos y su pésima gestión económica, esquilmando toda la riqueza pública mediante privatizaciones, agravadas por innumerables casos de corrupción, al tiempo que se agudizaba la crisis económica y aumentaba el paro.
Aún pasarían dos años hasta que el Parlamento Ciudadano Digital contó con el número suficiente de personas que votaran en él, al tiempo que renunciaban al voto en las elecciones de los partidos políticos, que hacían campañas publicitarias tan costosas como inútiles, generosamente subvencionadas por la banca.
Cuando el número de ciudadanos que votaban en un sistema democrático participativo a través de la red sobrepasó el sesenta por ciento, la clase política comenzó a preocuparse seriamente: redujeron sus sueldos y privilegios, que pasaron a ser compensados por generosas donaciones ocultas de la banca, y admitieron algún tipo de participación de los ciudadanos en los plenos parlamentarios, comenzando a llevar a cabo ciertas reformas que habían sido reivindicadas por éstos desde mayo del 2011, pero ya era tarde, la mayoría votó mantenerse al margen de un sistema que ya sabían completamente dependiente de la banca y las grandes corporaciones empresariales.
Se intentó hacer obligatorio el voto, pero fue inútil: ni se votaba ni se pagaban las multas por no votar. Cuando dichas multas se empezaron a descontar directamente de las cuentas bancarias de los ciudadanos, éstos optaron por cancelarlas y guardar en sus casas sus ahorros, con el consiguiente perjuicio para la banca, que se debatía, sin solución, entre sus intereses y sus intereses, como de costumbre.
El siguiente paso fue la objeción fiscal: el ya sesenta y cinco por ciento de los ciudadanos se negó a pagar impuestos salvo que éstos fueran administrados por ellos mismos mediante votación de los presupuestos generales a través del parlamento digital, el único que sentían que les representaba.
Esta acción, paradójicamente, tuvo poca repercusión en España, pues la mayoría de los impuestos sobre la renta se descontaban directamente de las nóminas de los asalariados, que significaban el setenta por ciento de la recaudación total, pero fue una medida sumamente efectiva en otros países de Europa.
Los ciudadanos optaron luego por utilizar otra herramienta a su alcance: el consumo: Se fueron confeccionando listas de bancos y empresas corruptos o que fomentaban guerras y especulaciones financieras, centrando la acción contra un conjunto de ellas, que acababan con grandes pérdidas al cabo de pocas semanas. Éstas reaccionaron comprando y vendiéndose mutuamente las acciones, a fin de desorientar a los ciudadanos, que decidieron entonces ir creando sus propias empresas y cooperativas, todas administradas horizontalmente mediante un sistema de democracia participativa, y sustentadas con los millones de euros que constituían los ahorros guardados por las familias en sus propias casas.
Las recién creadas cooperativas utilizaron como medio de publicidad, que resultó asombrosamente efectivo, la renuncia a la obsolescencia programada de la que hacían uso el resto de las empresas: cada aparato fabricado en las cooperativas de la red 15M era entre tres y diez veces más duradero que los habituales en los comercios. Este hecho, unido a las carencias provocadas por la crisis en la clase media, provocó un enorme e inesperado aumento de la demanda, al poder adquirir los ciudadanos aparatos y utensilios de todo tipo de mucha mejor calidad que los habituales y al mismo o menor precio.
Las cooperativas 15M, autogestionadas por sus propios trabajadores, tenían tales índices de crecimiento, que se multiplicaban por todo el mundo, dando trabajo a millones de parados, que disfrutaban de salarios por encima de la media, al repartirse la plusvalía que en las antiguas empresas pasaban a engrosar la fortuna de una minoría dirigente o directamente de la banca que las financiaba y controlaba.
Los bancos y sus portavoces, los políticos, pensaron: si no les permitimos crear esas cooperativas, no dejarán circular el capital y nos arruinaremos, y si se lo permitimos, serán nuestros competidores, y tuvieron que optar, inevitablemente, por lo segundo.
Los verdaderos y poderosos dueños del mundo empezaron a impacientarse e intentaron, como último recurso, hacer uso de una herramienta que había resultado muy efectiva en dos ocasiones, un siglo antes, para neutralizar movimientos obreros y ciudadanos de todo tipo: una nueva guerra mundial.
Se pretendió enfrentar a Europa con los pueblos musulmanes del otro lado del Mediterráneo, con el pretexto de un fortalecimiento del integrismo religioso, pero los ciudadanos de ambas orillas no cayeron en la trampa. Fue el gran examen para el pacifismo del que siempre había hecho gala el 15M.
Nunca vieron las calles de Europa manifestaciones mayores que las de entonces, con millones de personas diciendo no a la guerra y miles de soldados, ya demasiado acostumbrados a participar en acciones humanitarias, negándose a participar en ella. Fue entonces cuando el sistema recurrió, sin miramientos, y despojándose de su máscara, a la violencia. Miles de mercenarios llegados de todas partes del mundo, y muy bien pagados por la banca, recorrieron las calles de la mitad de las calles de Europa disolviendo violentamente cualquier pequeño grupo de ciudadanos que encontraran debatiendo en las plazas.
Pero quedaba internet, la red que no podían desconectar sin sufrir enormes pérdidas económicas, pues bancos y grandes empresas, en su codicia, habían reducido sustancialmente sus plantillas de trabajadores, sustituidos por los muy efectivos sistemas informáticos.
Fue entonces cuando el azar sonrió al 15M, dándole el impulso final definitivo: en China también había movimientos contestatarios, pero de índole diferente a los europeos, surgidos de una recién nacida clase media que reclamaba mejores servicios e infraestructuras sociales, y fomentados por los servicios secretos estadounidenses, que veían pasar su hegemonía mundial a manos chinas, pero no podían enfrentarse de una forma directa, ni comercial ni militarmente, al renacido y ancestral imperio, pues ambos poseían armamento nuclear.
El gobierno chino, incapaz de combatir eficazmente la corrupción, y consciente del peligro que significaban las revueltas, optó por apoyar y adoptar el modelo de democracia participativa nacido en Europa, a fin de debilitar a sus competidores gobiernos occidentales, y porque lo consideraron más cercano, al menos teóricamente, a su cultura e ideología, y un mal menor comparado con la alternativa: un país dividido y sumido en el caos, como ya había sucedido siglos antes con la llegada de la marina británica, durante las humillantes Guerras del Opio.
Las ya miles de cooperativas 15M distribuidas por todo el mundo eran, además, muy buenos clientes del gigante asiático, y la carencia de materias primas hacía de la fabricación de aparatos sin obsolescencia programada una alternativa válida para China, y la única forma de poder garantizar un nivel de vida suficiente para sus ciudadanos, neutralizando así parte del descontento de los mismos. Para China, pasar de la producción en masa de objetos baratos y de poca calidad, a una producción cualitativamente superior significaba desbancar definitivamente del liderazgo económico mundial a Estados Unidos, a Japón y a la Unión Europea, incapaces ya de competir, ni siquiera tecnológicamente, reservándose cada bloque una especialidad técnica sobre la que sustentar su actividad económica.
Una vez trasladado el poder a los ciudadanos, a través de parlamentos digitales en que se votaba protegiendo las elecciones con los sistemas informáticos más efectivos, los mismos que hasta poco tiempo antes se usaron para salvaguardar las transacciones bancarias, las transformaciones sociales fueron sucediéndose una tras otra: La prohibición de los paraísos fiscales, votada casi por unanimidad, supuso el primer recorte al monstruoso poder acumulado hasta entonces por la banca y los especuladores financieros. Los políticos perdieron prácticamente todos sus privilegios, pasando a ser meros funcionarios dedicados a redactar las leyes votadas por los ciudadanos.
También se propusieron y aprobaron, entre otras, leyes de limitación de acumulación de riqueza, leyes de prohibición de conflictos bélicos, quedando los ejércitos para labores de protección civil ante catástrofes naturales, y de policías de los derechos humanos, siempre bajo las órdenes directas de los parlamentos digitales, aprobándose al mismo tiempo leyes de reconversión de la industria de armamento.
Aprobadas por amplia mayoría, a pesar de la campaña en contra financiada por la banca, fueron las leyes de distribución gradual del trabajo, reduciéndose paulatinamente las jornadas laborales, al repartirse el trabajo entre toda la población activa existente, terminando así con el paro, y viniendo a demostrar, a los sorprendidos ciudadanos, el verdadero poder de la riqueza pública que, administrada de una forma racional, proveía a todos de un nivel de vida mucho mejor de lo esperado.
Las nuevas leyes de enseñanza, de las más debatidas, aplicaron finalmente los sistemas pedagógicos que ya habían demostrado su efectividad en la formación y enriquecimiento de la personalidad de los niños, tanto como en el desarrollo del pensamiento crítico, sistemas a los que la clase política hasta entonces había marginado, pues daba lugar a ciudadanos demasiado contestatarios para un sistema social jerárquico y vertical como el creado por ellos y las grandes corporaciones bancarias y empresariales, que habían regido los destinos del mundo durante los últimos siglos.
Así se sentaron, poco a poco, las bases de las primeras generaciones de humanos realmente libres, los primeros que nacieron en sociedades que les garantizaban, por el simple hecho de nacer en su seno, protección, alimento, formación y vivienda, a cambio de apenas dos horas de trabajo diarias pues, como ya habían calculado economistas independientes décadas antes, tan sólo esa jornada laboral era necesaria para mantener el mismo nivel de vida del que hasta entonces disfrutaba la clase media de los países desarrollados, al utilizar para el bien común, y no el una minoría, las enormes posibilidades de la tecnología ya creada.
El aumento del tiempo de ocio y de posibilidades de acceso a la cultura dieron lugar a tal explosión cultural, que se habló de un nuevo Renacimiento, esta vez global.
Ése fue el comienzo del fin de un sistema y el nacimiento de otro, que aún tardaría dos décadas en perfeccionar su funcionamiento, y casi un siglo en extenderse hasta el último rincón del mundo.
Hoy en día, cuando se estudia aquel movimiento ciudadano, y especialmente el sistema obsoleto que le precedió y que dio lugar a él, suelen ser los niños pequeños, siempre ansiosos por comprobar que los adultos también hacen tonterías, los que más ríen cuando se les explica que, no hace tanto, muchas personas mayores creían vivir en un sistema democrático porque depositaban, una vez cada cuatro años, un papel con unos nombres de personas a las que ni conocían, en una caja que llamaban urna, cediendo así a esas personas todos sus derechos de decisión social durante los cuatro años siguientes.
Los adolescentes también, con la rebeldía propia de la edad, ríen a carcajadas comentando esas rarezas estudiadas en las clases de historia.
Nerja, 14 de abril de 2011
Nekovidal 2011 – nekovidal@arteslibres.net
SERIE AFORISMOS:
"LA NO VIOLENCIA ES EL ARMA QUE CAMBIARÁ EL MUNDO"
La no violencia es, seguro, el arma que cambiará el mundo, porque todas las demás armas ya las hemos probado, y lo que han cambiado ha sido poco más que el tipo de arma a usar.
Hemos llegado al extremo de poder destruir el planeta y toda la vida que contiene, potencialmente, decenas de veces, con varios miles de bombas atómicas en nuestro patético, siniestro y ridículo haber.
La no violencia cambiará, antes o después, el mundo, porque ya no nos queda ninguna locura violenta por probar, violencia y locura definidas y catalogadas por razas, religiones, patrias, ideologías, comunidades, familias, parejas y hasta individuos que agreden a sus semejantes e, inevitablemente, se agreden a si mismos.
Pero, sobre todo, la no violencia cambiará el mundo porque nuestra especie al fin va saliendo, según parece, de la adolescencia, y porque no tenemos otra alternativa de supervivencia a largo plazo.
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DESOBEDIENCIA CIVIL
Aunque ninguno de los dos podía dar, obviamente, y eso lo comprendí muchos años después, otro “porqué” que no fuera “su porqué”, mi padre siempre daba “un porqué”, mientras mi madre se limitaba a dar, ineludiblemente, “su propio, único y categórico porqué”.
Tuve la suerte de poder disfrutar durante la infancia de la lección diaria de observar dos extremos de la naturaleza humana pero, aún así, la vida sigue dándome sorpresas a diario . . .
Hace muchos años, un día, supongo que un tanto estresada por mis travesuras infantiles, mi madre sentenció:
“Esta vez no te salvas, esto lo vas a hacer como que hay Dios”.
“¿Por qué?”, pregunté.
“Porque lo digo yo”, gritó.
Fruncí el entrecejo, crucé los brazos, puse esos morritos tan propios de los cinco años y dije: “No”.
Dije “No” y asumí las consecuencias, bastante desagradables, por cierto, supongo que porque comprendí, intuitivamente, que ese “porqué” no era un “porqué” suficiente, y que admitirlo como tal era el principio de un camino insano y autodestructivo. Dije “No”, y no lo hice.
Creo que fue mi primer acto de desobediencia civil, y también la primera prueba que tuve de que Dios, al menos tal y como nos lo pretenden mostrar los teóricos de cualquier religión, y quienes vocean sus múltiples nombres, no existe.
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ESPERANDO
He visto tantas veces esa cara tras el cristal, a veces mirando desconfiada, a veces aparentemente cansada, a veces con la mirada perdida, seguramente en alguna idea reciente o en algún recuerdo lejano, y otras veces, muchas, tan sólo indiferente . . .
Durante años, día tras día, cumpliendo puntual un extraño ritual matutino.
Pero hoy, por primera vez, me he preguntado, esperando, ingenuamente, una respuesta: ¿realmente me conoce ese tipo que me observa, cada mañana, mientras me afeito?
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VIKINGOS
Alguien me preguntaba, hace un tiempo, qué fue lo que hizo de los griegos uno de los pueblos clave de la cultura occidental. Puesto que era algo sobre lo que me había interrogado a mi mismo hacía años, respondí con la conclusión a la que llegué en su momento: ser un pueblo tan viajero como curioso.
Si se compara con la cultura egipcia, más antigua y sin duda más poderosa en muchos aspectos, pero de mucha menor influencia en la historia, se comprende fácilmente la diferencia. Los egipcios vivieron durante decenas de siglos prácticamente encerrados en torno al Nilo, mientras que los griegos viajaron incansablemente y tuvieron, además, la suerte de que uno de sus primeros y mejores viajeros fuera también un buen historiador: Heródoto.
Heródoto, viajero incansable, aprendió a mirar lo diferente sin juzgar, algo que hoy sabemos imprescindible en cualquier buen historiador, pero esa actitud era una innovación en su época, como sigue siendo una rareza en la nuestra. Lejos de hablar de pueblos o personas salvajes, crueles o primitivos, se limita Heródoto a describir sus costumbres, sus ropas y formas de expresarse, siempre evitando adornar o deslucir esa información con cualquier opinión personal.
Ese arte de evitar el juicio cargado de prejuicios les llevó a dudar, y a partir de la duda germinó la filosofía, luego la aritmética, y de la mano del pensamiento matemático, el embrión de la ciencia. Surgió luego la oratoria, para debatir y poder, siempre de la mano de la duda, aumentar los conocimientos adquiridos compartiéndolos. En lo social nació, inevitablemente, algo parecido a lo que hoy día llamamos democracia.
Se transformó así Grecia en una cultura que aún hoy nos asombra en algunos aspectos, mientras en otros no puede evitar mostrar la rudeza de la época en que floreció, una cultura que es estudiada en las escuelas de prácticamente todas las demás culturas humanas.
Un papel similar de pueblo viajero, aprendiz y maestro a la vez de las diferentes tonalidades a que puede dar lugar la imaginación humana, lo tuvieron en la mitad norte de Europa los vikingos o normandos, que no se dedicaban, como nos han contado las crónicas cristianas medievales, exclusivamente a la piratería, sino mayoritariamente al comercio de ideas y mercancías.
Su enorme influencia en la mitad norte del continente fue decisiva para crear una forma de vida que, vista desde nuestro ombligo cultural, el Mediteráneo, nos puede parecer simple o primitiva, pero que fue lo suficientemente pujante como para tomar el relevo de los imperios y culturas del sur en los últimos dos siglos, aunque ello diera lugar tan sólo, justo es decirlo, a dos siglos más de colonialismo europeo.
Se puede decir, simplificando la historia, que esos dos pilares de pueblos viajeros y navegantes, ambos aficionados a buscar lo desconocido, incluso dentro de sus propias mentes, son los que han soportado el peso de nuestros complejos, carencias y grandezas culturales.
Ese fue el principio del camino de una cultura, la occidental, tan agresiva y guerrera como cualquiera, pero que supo conservar el tesoro del saber dudar, ese ejercicio que todos creemos saber hacer y tan pocos son capaces de llevar a cabo.
Ese tesoro, la duda, compensó en parte una historia llena de guerras de colonización, genocidios y dolor porque, a través de la duda, surgió en algunas de esas mentes occidentales la ciencia, de la que podemos estar orgullosos, y esa misma duda hizo surgir poco después los derechos humanos, pues alguien se atrevió a dudar que algún dios hubiera decidido para los humanos un eterno e inamovible sistema de castas.
La duda es, al mismo tiempo, el mejor ejercicio y alimento para la mente, tanto como un veneno que puede destruirla, pues es tal su poder, que la dosis debe ser exactamente la justa y, paradójicamente, sólo una mente sana sabe apreciar cuál ha de ser esa dosis.
Si hablamos con un buen científico, asombra con que facilidad asume la duda cuando no encuentra una respuesta ante determinada pregunta. Por el contrario, una persona integrista, bien en ideas políticas, religiosas o de cualquier tipo, o una mente enferma, son incapaces de cuestionar, ni por un instante siquiera, la idea o credo en que se encuentran cerradas.
El autoengaño ha destruido la capacidad de dudar, tal vez como patético mecanismo de defensa, y la mente ya se habrá transformado en un erial donde ninguna idea razonable o constructiva puede germinar.
De ese pequeño pueblo que supo alimentarse con la duda seguirán hablando los seres humanos durante siglos, mientras a los otros, poderosos, crueles y autoengañados en su enajenación, le reservará la historia el espacio gris de las guerras y los imperios.
Porque la civilización, o la persona, que ha perdido la capacidad de dudar estará, en consecuencia, absolutamente convencida de que es el resto del mundo, o al menos a quien no pueda manipular y sumergir en su juego, quien tiene un problema, y ese es y será, para su desgracia y la de quienes estén cerca, su gran e irresoluble problema.
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PARADOJAS
El concepto de paradoja, cuando profundiza en él, atemoriza al ser humano, especialmente al occidental, porque lo presiente como un peligro para su ego, para lo que cree equivocadamente que es la esencia de su ser.
Es una incertidumbre similar a la sentida ante la idea de la muerte, el eterno miedo humano a cuanto no puede incluir en su fantasía constante de creer que puede controlar algo de lo que acontece a su alrededor.
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BAJO PRESIÓN:
STANISLAV PETROV, EL HOMBRE QUE SALVÓ A LA HUMANIDAD
En 1983, el búnker Serpukhov-15, era el centro de mando de la inteligencia militar soviética, el lugar desde donde se coordinaba la defensa aeroespacial rusa. Su misión era, en plena Guerra Fría, alertar de cualquier ataque, con lo que se iniciaría el proceso para contraatacar con armamento nuclear a su odiado enemigo, los Estados Unidos de América, si éste se atrevía a iniciar un ataque.
El 26 de septiembre de ese año, de repente, una sinfonía de alarmas sonoras y luminosas inundó la sala de mando del búnker: “Camarada Petrov, alerta máxima”, gritó el oficial que se encontraba ante las pantallas del radar.
Petrov dio la primera orden: “Desconecten esas alarmas”. La sala se sumió entonces en un profundo silencio, y en algunos oficiales, los más jóvenes, las primeras gotas de sudor comenzaron a brotar de sus frentes”.
La información emitida por las máquinas, en su frío lenguaje, no dejaba lugar a dudas: un misil balístico intercontinental americano se había lanzado desde la base de Malmstrom (Montana, EEUU) y en veinte minutos alcanzaría la U.R.S.S.
Todas las miradas se dirigían, alternativamente, hacia la pantalla del radar, en la que un minúsculo punto luminoso se desplazaba lentamente hacia el mapa de la Unión Soviética, y hacia la cara tensa del teniente coronel Stanislav Petrov, de cuarenta y cuatro años, que ese día era el oficial de guardia.
Todos sabían que las órdenes eran informar inmediatamente, a fin de lanzar los misiles nucleares de respuesta, y sabían también que esa orden significaría el final de todo, de sus vidas, de la de todos sus seres queridos, de la Unión Soviética, de esa revolución en la que desde niños les habían dicho que vivían, la muerte de cientos o miles de millones de personas, el Apocalipsis, la desaparición de la Humanidad.
Petrov, con la mirada clavada en el radar, pensó, sin quererlo, en voz alta, y dijo lo que habría de repetir días después ante sus encolerizados superiores militares: “No puede ser, nunca atacarían con un sólo misil, tiene que ser un error de la computadora”.
A los pocos minutos, otras cuatro señales aparecieron sobre la pantalla, la tensión subió en la sala del búnker y hasta un joven oficial se atrevió a recordarle a Petrov las órdenes recibidas: “Debemos informar, camarada coronel”.
“Las máquinas se equivocan, respondió Petrov, esperemos unos minutos más”.
Nunca sabremos qué pasó durante esos minutos por la cabeza de Petrov: tal vez simplemente creyó que se trataba de un error de los satélites o las computadoras, como siempre mantuvo, o tal vez pensó, con ese extraño humanismo tan ruso que les hace disfrutar del canto, la amistad y el alcohol, que si habría de desaparecer media Humanidad, no había razón para destruir a la otra mitad, sólo por la decisión demencial de algún político. Lo cierto es que nunca sabremos qué pensamientos surcaron su mente durante esos minutos bajo presión.
Finalmente se descubrió que era una falsa alarma, causada por una rara conjunción astronómica entre la red de satélites rusos, la Tierra y el Sol, coincidiendo con el equinocio de otoño.
Este incidente, llamado precisamente así, el Incidente del Equinocio de Otoño, avergonzó a los altos cargos soviéticos, que vieron poner en entredicho la base misma de la llamada Guerra Fría, el miedo mutuo a una mutua destrucción total. Consideraron que el teniente coronel Petrov se equivocó en su decisión, a pesar de haberles salvado la vida a ellos y al resto de la Humanidad, por lo que le castigaron y ocultaron el incidente, hasta ese punto puede llegar la estupidez de la muy mal llamada inteligencia militar.
Cuando le preguntaron porqué no había dado la alarma y la orden de contraataque, Petrov, simplemente contestó: “La gente no empieza una guerra nuclear con sólo cinco misiles“.
Hoy Stanislav Petrov, de 71 años, sobrevive solo, con una pequeña pensión, en un diminuto apartamento en Friasino, a 40 km de Moscú, y no ha habido en toda la Humanidad una sola persona o asociación que haya sabido agradecer y recompensar su actitud lógica y humanista a la vez, su sangre fría, gracias a la cual nuestra especie, y tantas otras formas de vida, siguen habitando este planeta.
El premio Nobel de la Paz, que nunca hubiera sido más justamente adjudicado de habérsele concedido al ciudadano Petrov, sigue reservados para otros.
Ese 26 de septiembre de 1983, como tantas veces había sucedido antes, y como tantas otras volverá a suceder, un ser humano salvó a otro ser humano, en este caso, a todos ellos, y para hacerlo comprendió que, a veces, sólo hay un camino posible: desobedecer.
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SERIE AFORISMOS:
“SI NO ESPERAS LO INESPERADO, NO LO RECONOCERÁS CUANDO LLEGUE”. (Heráclito de Efeso)
Pero . . . si se espera lo inesperado, ¿no pierde éste su naturaleza de tal?
P.D.: Cuidado con los griegos, no sólo le daban al vino en sus fiestas dionisíacas, sino que sus oráculos bebían una infusión de cornezuelo de centeno (ácido lisérgico, similar al LSD) para comunicarse con sus dioses, por lo que se puede esperar de ellos cualquier genialidad, o afirmaciones como que las habas tienen alma, pero las mujeres no, y el cerebro sólo sirve para refrigerar la sangre, ambas de Aristóteles.
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AFORISMO ÁRABE:
“EL COMPAÑERO ANTES QUE EL VIAJE Y EL VECINO ANTES QUE LA CASA.
En Islandia, tras el estallido de las protestas ciudadanas por la crisis financiera, se dio una situación casi tan esperpéntica como la misma crisis: En esa tierra no se había producido ninguna manifestación desde los años cincuenta del siglo pasado, por lo que los policías antidisturbios no tenían, por decirlo en pocas palabras, práctica en su oficio.
Los manifestantes se agolpaban frente al parlamento y no sólo gritaban, sino que arrojaban huevos contra los políticos conservadores que habían dirigido el país durante los últimos dieciocho años y habían dejado una deuda de 160.000 euros para cada ciudadano, la más alta del mundo en un país que era, estadística y paradójicamente, el más rico del mundo.
Los policías pedían a los manifestantes que, por favor, no arrojaran huevos ni ningún tipo de objetos, que se limitaran a gritar sus consignas o, incluso insultos, pero nada más, pero la ira ciudadana ya estaba desbordada.
Finalmente, algún político dio, posiblemente desde el interior del parlamento y mientras se limpiaba los huevos de su caro traje a medida, la orden de cargar. Pero los policías no podían porque, por suerte para ellos y la sociedad en la que vivían, no alcanzaban a concebir, ni siquiera dentro de sus mentes presuntamente militarizadas, la idea de golpear a sus conciudadanos sólo porque protestaran contra una injusticia que sabían que afectaba a todos, y a ellos, por supuesto, también. Todo se redujo a unos empujones y dos o tres golpes.
Hay actitudes que sólo las puede proporcionar una buena educación, y la sana e imprescindible costumbre de aplicarla a diario en la vida social.
Tiempo después, ese mismo pueblo sin policías lo suficientemente agresivos, detuvo y juzgó a tres banqueros y un primer ministro, y en dos ocasiones, el siguiente primer ministro, se negó a firmar el pago de la deuda especulativa pendiente sin un referéndum por medio, posiblemente recordando cómo había terminado su antecesor en el cargo.
Acabo de leer que, para sorpresa de los economistas teóricos del sistema, Islandia está saliendo de la crisis mucho más rápido que, por ejemplo, Irlanda, que asumió resignadamente las deudas de sus banqueros, políticos y especuladores.
"Es casi como si el impago de las deudas acumuladas por un sector bancario fuera de control y la depreciación del tipo de cambio funcionaran mejor, incluso desde el punto de vista de los inversores, que socializar las pérdidas del sector privado y mantenerse en un sistema con un tipo de cambio fijo", escribe hoy el Nobel Paul Krugman en su blog del New York Times.
Se dice que, cuando la vida aprieta, ya deja de ser importante lo que es bueno o malo, justo o injusto, centrándonos sólo en lo que nos permite sobrevivir, y es entonces cuando la educación recibida muestra su decisivo valor, cuando unas personas o sociedades anteponen, o no, la casa al vecino y el viaje al compañero.
Suele ocurrir, y no deberíamos olvidarlo, pues en esto la vida es, a medio y largo plazo, escrupulosamente justa, que quienes cometen el error de no saber distinguir lo prescindible de lo imprescindible suelen terminar sin casa, sin vecino, sin compañero y sin viaje.
Nekovidal 2011 – nekovidal@arteslibres.net
COSMOVISIÓN
Las cosas son como son porque tenían que ser así. Si hubiera sido posible que fueran de otra manera, todo hubiera sido diferente, y ésa ya hubiera sido otra historia.
No podemos cambiar ni un segundo del pasado, hagamos lo que hagamos, pero todo el futuro está, como una semilla esperando germinar, en algún lugar de nuestra mente.
Por eso, de nada nos sirve sufrir por lo ya sucedido, por el pasado, al que tenemos que recurrir siempre como a nuestra mejor enciclopedia, aunque lo miremos a menudo como a nuestra peor novela.
Al futuro siempre podremos mirarlo como a nuestro mejor relato por escribir, y aunque sabemos que es un cuento, siempre nos quedará, y eso nadie nos lo puede arrebatar, la esperanza de que sea el mejor cuento posible.
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HOY ESTÁIS SECOS
Ramiro era un “tumbao” por voluntad propia, un hombre que, ya cansado, había decidido que se tumbaba, en la cama si la había, y que de ahí no le movía nadie.
La familia, en casos como el de Ramiro, podía decidir si cuidarle o no, con todo lo que conllevaba, y casi siempre era sí.
Ramiro, harto de la vida y agotado por la misma, había decidido renunciar, después de tantas eternas jornadas de sol a sol en el campo, de sueños de cuero y mil noches de hambre. Creía tener, y sin duda tenía, derecho a tal renuncia.
En la cama sobre la que cayó, quedó, y fue su hermana Berta la que cargó sobre sí la responsabilidad de mantenerle con vida, tal vez como pago por aquellas veces, tantas, en que él le había regalado parte del pan negro de centeno con que consolaban el hambre durante la infancia.
En el entorno de Ramiro sólo hubo, durante años que llegaron a ser lustros, sólo un ser vivo además de su hermana: una maceta con claveles al lado de su mesilla, a la que saludaba cada mañana y con la que hablaba en silencio más a menudo de lo que hubiera recomendado cualquier psicólogo.
Pasó el tiempo, que fue convirtiendo a Ramiro y Berta en ancianos, llenando ella su vacío con el vacío de la televisión y enclaustrado él en un mundo en el que, al fin, tenía tiempo para convertirlo en su tiempo, “tiempo para cavilar”, como le gustaba decirse a si mismo.
Una mañana, tras esperar más de una semana la comida que ya nunca llegaría, Ramiro se incorporó en la cama para observar, al otro lado del pasillo, el cuerpo inerte de su hermana, que yacía allí desde hacía días, víctima de un infarto. Volvió lentamente la vista hacia la maceta de claveles, también agonizantes por falta de riego, y no pudo contener el llanto, un llanto amargo y prolongado, que consiguió arrancar de su cuerpo el poco agua que aún contenía. Se miró las manos, aún callosas a pesar de los años de inactividad, y vio como las lágrimas se escurrían por su rostro y se acumulaban en el cuenco de sus palmas.
Lloró hasta secar su cuerpo, hasta purgar el último dolor, la última pena de cuantas había arrastrado en su vida, lloró por su hermana, por todas y cada una de las personas que habían compartido con él parte de sus vidas, lloró por la miseria implacable que convierte tantas vidas en miseria tan sólo.
Sintió, al fin, un enorme alivio que hizo desaparecer hasta la sensación de hambre, volvió su vista nuevamente hacia la maceta de claveles, observó el diminuto charco que sus lágrimas habían formado en sus manos, y regó con él la reseca tierra de la maceta. “Hoy estáis secos”, dijo, y volvió a tumbarse y cerrar los ojos, esta vez para siempre.
Nekovidal 2011 – nekovidal@arteslibres.net
AFORISMOS:
“GOTA A GOTA, EL AGUA HORADA LA ROCA”
Una idea, una gota, y gota a gota, el agua horada la roca.
Quienes hablan otras lenguas y tienen otras costumbres, esos que moran más allá de nuestras fronteras, tal vez no siempre sean bárbaros a los que combatir y esclavizar . . . una gota.
Hay personas que visten ropas para nosotros extrañas, y su piel es de otro color, pero sufren y gozan nuestras mismas pasiones . . . otra gota.
Bautizados o no, indios, cristianos, judíos o musulmanes, antes que paganos, infieles, gentiles o herejes, son humanos . . . otra gota.
Alguien dijo un día: “Todos los hombres nacen y permanecen libres e iguales en cuanto a sus derechos” . . . y las gotas se hicieron arroyo.
Un siglo después, la mitad de la humanidad gritó: Nosotras también estamos aquí y debemos tener derecho a voto, queremos el calor y la justicia de la igualdad . . . y el arroyo se transformó en un río caudaloso . . .
Hoy en día, alimentado por las aguas que proceden de las altas y heladas cumbres, siempre ajenas, frías e indiferentes, a la vida que rebosa en los valles, aumenta el río, día a día, su caudal, y susurra a su paso:
“Ya es hora de una democracia real. Si entre todos, con nuestro trabajo y nuestras ideas construimos el mundo, entre todos debemos gobernarlo . . . y hasta las rocas, que nunca supieron escuchar, son moldeadas, poco a poco, con formas redondeadas y suaves, por el humano torrente de ideas que las arrastran.
Nekovidal 2011 – nekovidal@arteslibres.net
PERDIDOS POR ESOS MUNDOS
Perdidos por esos mundos vagaban millones de tuertos, guiados por grupos de ciegos. Tenían los ciegos el mundo en sus manos, pero era un mundo que no podían ver, un mundo perdido y absurdo que sólo tenía sentido en su imaginación enferma, un mundo al que inevitablemente guiaban hacia el abismo.
Un tuerto propuso que quien tuviera su ojo derecho sano acercara el rostro a quien pudiera ver con el ojo izquierdo, consiguiendo así una perspectiva real y una visión más amplia del mundo.
Así, rostro con rostro, brazo con brazo, dejaron los tuertos de tropezar con las mismas piedras de siempre, el camino se hizo más seguro, y los ciegos, protegidos y guiados ahora por los tuertos, dejaron de ser un problema para la sociedad y para si mismos.
Algunos ciegos, los más miedosos, refugiados en la falsa seguridad de su ceguera, se resistieron a los cambios, incapaces de imaginar la luz del sol, una luz que ya no veían desde su infancia, pero fue en vano, los tuertos ya habían aprendido a mirar y a caminar, y nada ni nadie podía detenerles en su camino, siempre guiados por la cálida luz del sol.
Nekovidal 2011 – nekovidal@arteslibres.net
EL VIAJE
Lo decían mis padres y todos los adultos que me conocieron en la infancia: éste va a ser muy viajero, y era verdad: nací con ímpetus y curiosidades impropios de aquella tierna edad, y tardé mucho en comprender que los viajes más interesantes se suelen hacer sin moverse del sitio.
De todos los viajes, hay uno que ocupa un lugar privilegiado en mi memoria: Al despertar aquel día, todavía somnoliento, me vi rodeado de rostros desconocidos que se movían y gritaban en torno mío. De algunos creía guardar ciertos recuerdos difusos, pero otros me eran completamente desconocidos, y apenas acertaba a comprender algo de cuanto me decían. Decidí seguir durmiendo.
Tiempo después volví a despertar para encontrarme de la mano de una mujer que parecía saber quien era yo, decía llamarse Noicanigami, y era tan vitalista como hermosa, aunque parecía, en ocasiones, contradecirse al elegir los diferentes destinos por los que me guió, todos ellos lugares que ni había imaginado que existieran.
Nos acompañó en nuestro viaje, siempre a cierta distancia, pero sin perdernos de vista, otra mujer de mirada taciturna llamada Oiriled, que por alguna extraña razón provocaba en nosotros una sensación de alarma y desazón al aproximarse.
Noicamigami me advirtió: “No te preocupes, no es mala, pero está enferma. Tiene siempre las manos heladas, intenta que no te toque con ellas”.
Al cabo de un tiempo llegamos a la comarca de Aicnecseloda, una tierra extraña y no exenta de peligros, en la que Oiriled parecía encontrarse más a gusto, mientras una expresión de desconcierto se dibujaba cada mañana en el semblante de Noicanigami. El clima no era muy apacible allí, y las tormentas, terremotos y diluvios eran frecuentes.
Los bosques de Aicnecseloda estaban repletos de unas extrañas flores llamadas sanomrohs que producían cada una un efecto diferente al ser olidas: unas hacían crecer los cuerpos, otras provocaban agresividad, otras sosiego, otras miedo . . . Eran como narcóticos, cuya mezcla solía tener efectos imprevisibles. Allí me presentó Noicanigami a su amiga Dadisoiruc, un ser inquieto que parecía tener interés por todo lo nuevo o diferente que encontraba ante si. Al ser yo forastero, me interrogó durante horas sobre mi origen, mis gustos, mi vida y hasta mis ilusiones.
Al terminar el banquete de bienvenida, y antes de retirarnos a dormir, Noicanigami se acercó y me dijo: “Mañana recorreremos con Dadisoiruc el bosque de anomrohs. Te acompañaremos, pero será tu viaje, tuya será la responsabilidad del mismo, y tuyos los peligros y placeres que encuentres, superes o disfrutes. El recuerdo de todos ellos te acompañarán en la memoria hasta el fin de tus días”.
Aquel recorrido entre extrañas y coloridas flores de anomrohs, cuya duración no sabría delimitar con certeza, me hizo disfrutar y padecer vivencias que hasta entonces me eran completamente desconocidas. Mi cuerpo y mi mente sufrieron transformaciones que me convertían, a cada paso, en un ser nuevo, sumido en un constante ciclo de renacimientos.
Conocí placeres que de tan intensos me acercaron a las fronteras del dolor, y dolores tan profundos que me hicieron dudar, en alguna ocasión, si valía la pena seguir adelante, pero luego, ya saliendo del bosque, sonreía recordando las ideas de abandono, y me sentí sinceramente estúpido por haberlas tenido.
Al oler una flor blanca creé y destruí dioses en mi mente con tal presteza, que llegué a dudar, finalmente, que existiera siquiera uno de ellos.
Me sentí abrigado por el calor de la solidaridad al oler una flor rojinegra, y abandonado a la crueldad y el egoísmos humanos al oler una azul.
Cuando ya creía haberlo sentido todo, el olor de una pequeña flor verde transformó mi vista hasta hacerme abarcar la grandiosa diversidad de la vida. Me sentí, en un instante, diminuto e infinito a la vez , y así concluí el viaje . . .
Dos días después salimos de los límites de Aicnecseloda para adentrarnos en Zerudam, un lugar de campos de tierra negra y clima más apacible, donde el tiempo transcurría al ritmo estable de cuatro estaciones bien definidas.
Allí, al cabo de un tiempo, el suficiente para que conociera la nueva comarca y algunos de sus secretos, Noicanigami se despidió de mi con un fuerte y prolongado abrazo, susurrándome al oído: “Siempre estaré a tu lado, pero ahora ha llegado el momento de que continúes tu camino, ya estás preparado para ser padre y perpetuar el grandioso y agridulce camino de la vida”.
En aquel momento yo tenía veintinueve años, al año siguiente sería padre por primera vez, y desde entonces he vivido con la certeza de que siempre hay una tierra más allá y un sentimiento más acá, a veces a nuestro lado, que no conocemos.
Noicanigami cumplió su promesa y siempre ha permanecido cerca de mi, apareciendo a veces de una forma un tanto inoportuna, pero siempre cuando he necesitado su ayuda. Ocasionalmente la acompaña la extraña Oiriled, y casi siempre la inquieta Dadisoiruc y, a pesar de lo diferentes que son, nunca las he visto discutir.
El extraño viaje continúa aún hoy, y presiento que aún quedan, no importa si pocos o muchos, sentimientos y tierras por conocer.
* Consejo para su lectura: Invierta las letras de cada nombre propio y de la palabra “anomroh” y el relato resultará más comprensible para la razón, aunque menos interesante para la imaginación, perdón, quiero decir para Noicanigami.
Nekovidal 2011 – nekovidal@arteslibres.net
EL POZO SIN FONDO
Cada ser humano va eligiendo, a lo largo de su vida y de acuerdo a su experiencia, un camino a través del cual interpretar la compleja naturaleza de sus semejantes y de los grupos y sociedades a las que damos lugar a través de la convivencia.
Personalmente, hace años que elegí el camino del estudio de la historia como herramienta para dicho fin.
Creí ingenuamente en mi juventud que el mundo se dividía en buenos y malos, y que la solución a todos los problemas de la Humanidad pasaba por conseguir que las personas más honestas formaran parte del grupo que toma las decisiones sociales, pero vi fracasar todos los cambios y revoluciones una detrás de otra, hasta que comprendí que el problema no estaba en las decisiones de unos u otros, que cada vez se diferenciaban menos entre sí, sino en un cambio de estructura del sistema, un cambio en la forma profunda de pensar, un cambio de modelo o paradigma.
Observé que todo ser humano sufre una transformación cuando consigue cierto poder político o social, y que, salvo contadas excepciones, acaban transformándose en personas que olvidan los ideales que les hicieron conseguir el apoyo y la confianza de millones de personas. Me di cuenta de que las estructuras sociales son más efectivas cuanto más horizontales, lo que explica que países como Japón, sin prácticamente ninguna materia prima, se convirtieran en potencias económicas basadas en el arma más poderosa de esa sociedad: el respeto y el apoyo mutuo.
De igual forma, imperios con una riqueza material enorme, como los Estados Unidos, se van desmoronando lentamente, víctima de un sistema que alaba la capacidad de enriquecerse de cualquier individuo, incluso pasando por encima de los intereses del resto de los ciudadanos, los intereses comunes. Esa sociedad ha terminado teniendo bolsas de pobreza peores que las de Pakistán, una de las zonas más pobres del mundo, y han entregado sus gobiernos, en otra época modelo de democracia y libertad, a lobbys y grupos de presión capaces de embarcarles en guerras que sólo a esos grupos y empresas benefician, pero que perjudican claramente a la inmensa mayoría de la población.
Hace décadas pensaba que la generación de mis hermanos menores sería la que diera el gran paso, para creer luego que tal vez fuera necesario más tiempo, tal vez un par de siglos incluso. Y cuando ya creía que estas sociedades postconsumistas en que vivimos habían arrancado o dormido el alma de sus ciudadanos, todos nosotros, algo ocurre en las plazas de esta tierra, algo impensable hace un mes tan sólo: los ciudadanos ya no se creen la farsa de un papel en una caja cada cuatro años, de una clase política que se dice representante de los intereses de los ciudadanos pero que actúa, en la práctica, y al margen de la ideología conservadora o progresista que usen por bandera, los intereses y privilegios de una reducidísima minoría que va acumulando, día a día, más y más poder.
Surgió ese movimiento como la confluencia de los intereses comunes de grupos y asociaciones que poco o nada parecían tener en común: asociaciones contra la limitación de la libertad en internet, contra la abusiva ejecución de las hipotecas por parte de los bancos, que dejan cada día veinte familias sin hogar y endeudadas de por vida, contra la violencia de género, contra el encausamiento del juez Garzón, etc., etc.
Un día comprendieron que tenían un punto en común: todos ellos eran ciudadanos víctimas de alguna injusticia producida por el sistema en que vivían . . . y se echaron a la calle . . .
Si el movimiento fue una sorpresa, más lo fue comprobar la madurez e inteligencia con que actuaban, a pesar de la juventud de más de la mitad de sus componentes: no cayeron en la trampa de dejarse arrastrar por ningún líder que les vendiera un sueño, como tantas veces había sucedido en el pasado a lo largo de la historia, ni en el error de intentar promover cambios a través de la violencia, que siempre le serviría de justificación a quienes estuvieran interesados en destruir ese movimiento ciudadano, ni cometieron la necedad de autodefinirse como conservadores o progresistas, ni se identificaron con ningún partido pues sabían, y saben, que entre sus filas hay personas de todas las ideologías, religiones y actitudes.
No sé si a través de largas horas de meditación o debate o si espontáneamente, han dado un paso de gigante en la evolución de las sociedades humanas, mostrando lo caduco y obsoleto del sistema anterior, todavía vigente: no quieren partidos de derechas o de izquierdas en el parlamento, quieren que el parlamento y quienes ocupan los escaños, funcionarios a los que pagamos sin demora cada mes sus salarios y privilegios, sean el reflejo de cuanto piensan, sienten y desean los ciudadanos de ese país. Para ello proponen reformas de la ley electoral que incluyan el referéndum como herramienta y derecho de los ciudadanos, que se les consulte, al menos, las leyes y decisiones más importantes que les afectan socialmente.
Saben muy bien lo que hacen, conocen y confían en las capacidades innatas del ser humano, en su sentido natural de la justicia, saben que la mayoría nunca votaría una guerra colonial, ni regalar miles de millones a la banca privada para compensar sus errores y su codicia, mientras sus beneficios se esconden en paraísos fiscales, saben que nadie votaría congelar los salarios y las pensiones, sino que, si fuera necesario, se decidirían mayores cargas fiscales a las grandes fortunas.
No importa cuanto durará este movimiento ciudadano, hasta donde madurará y se extenderá, y si conseguirá todos o sólo algunos de sus reivindicaciones y objetivos, su mera formación y existencia ya ha marcado un hito en la historia, incluso si desapareciera mañana mismo.
De igual forma que a una persona se le puede conocer viendo quienes son sus amigos y sus enemigos, a los movimientos sociales, también.
Prácticamente toda la clase política, de todas las ideologías, la banca, los medios de comunicación controlados por ésta y las grandes empresas, miran con enorme desconfianza a este movimiento pacífico, se ponen nerviosos y tienen sus razones, pero todos juntos no son ni el 5% de los ciudadanos, y si realmente se tienen por demócratas, deberían hacerse a si mismos muchas preguntas, como si es un sistema realmente democrático el que permite que los votos del 20% de los ciudadanos otorguen mayoría absoluta a un partido, como sucede en España y en otras partes del mundo, mediante el sistema de pactos entre formaciones políticas.
Mientras las ideas y las ilusiones se extienden lentamente, esa minoría de personas que niega o difama este movimiento, siguen cayendo en su pozo sin fondo, el pozo de sus miedos y prejuicios, el pozo oscuro que siempre ha frenado el progreso de la Humanidad.
Son los que olvidan que el cambio, en las sociedades vivas, y todas lo son puesto que seres vivos las componen, es un proceso permanente, los que olvidan, en última instancia, la verdadera esencia de la democracia, que no es otra que el gobierno de la forma más directa, real y participativa posible por parte de los ciudadanos.
Ahí siguen en el pozo sin fondo de sus miedos, donde le tenderán una mano, como siempre ha sucedido, el resto de sus semejantes.
Esperemos que tengan, al menos, el valor de aceptarla.
Nekovidal 2011 – nekovidal@arteslibres.net
¿POR DÓNDE IBA ESTO?
Hay pocas cosas tan contagiosas para los humanos como las emociones: Un conjunto de electrones bailando sobre una pantalla de vidrio o plástico son suficientes, si bailan la música apropiada, para hacer llorar a una persona.
Lo podemos llamar pintura, escultura o cine, pero el nombre es lo de menos, son emociones.
Hacemos vibrar el aire, esa onda choca contra una fina membrana del oído, que traslada la vibración al cerebro a través de una cadena de minúsculos huesecillos, y el milagro vuelve a suceder.
Podemos llamarlo música u oratoria, pero son tan sólo emociones.
Minúsculas partículas, que incluyen hormonas, sudor, perfumes y feromonas flotan constantemente en el aire, esperando introducirse en alguna nariz que las transforme en sensación más o menos agradable, al tiempo que nos transmite una información de la que, en la mayoría de los casos, no somos conscientes, pero que siempre produce una emoción, la condiciona, o la anticipa.
En esos bailes de electrones, ondas, vibraciones, partículas y demás átomos malabaristas y vagabundos cuánticos, navegan todas nuestras emociones, algunas de las cuales mitificamos en algunas culturas y menospreciamos o reprimimos en otras. Las combinaciones son casi infinitas, supeditadas a las circunstancias y a la imaginación humana, aunque siempre habrá colores de fondo comunes.
Las partículas que regulan cada decisión que tomamos, y que creemos personal y libre, indiferentes a nuestras dudas, cuitas y fantasías, simplemente, bailan.
De idéntica forma bailamos nosotros, a través de nuestra existencia, al son de otra melodía mucho mayor, cuyos danzantes posiblemente sueñen, a su vez, con otra aún mayor que las contenga, proyecte y ampare.
Deberíamos ser más condescendientes con nosotros mismos y nuestras fantásticas creaciones, y comprender que también los dioses necesitan crear, tener y creer en sus propios dioses, posiblemente dioses cuánticos inconcebibles para nosotros.
Por cierto, ¿por dónde iba esto?
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NOCHE DE BRUJAS
Felipe acudió con desgana a la cena familiar, sabedor de que nada bueno sale ni puede salir de esas reuniones, una vez sobrepasados los límites de la familia más cercana, cuando se van creando nuevas parejas y núcleos familiares, los intereses comunes desaparecen y afloran los peores egoísmos humanos.
Instalado en una esquina, sujetando en la mano un gin tonic más cargado de lo habitual, observaba a los asistentes, de todos los cuales sabía uno o varios secretos inconfesables, pues algo bueno tenía el ser detective, algo que compensara mínimamente la insoportable rutina diaria de un oficio al que sólo el cine o la literatura se habían atrevido a elevar a los altares de lo heroico.
Su cuñada Julia, aparentemente toda una señora, siempre altiva y vestida de marca, tenía en realidad no uno, sino dos amantes, para fines de semana alternos, pero como ella misma se lo había planteado con total desfachatez al saberse descubierta: “Tú verás, tu hermano es un pardillo, y como se entere, es capaz de suicidarse”. Llegaron a un acuerdo de mínimos para que hicieran separación de bienes, pues sólo faltaba que, en caso de divorcio, la tipa acabara quedándose con la casa para recibir a sus amantes, y su hermano durmiendo en una caravana.
El acuerdo secreto se mantenía desde hacía ya tres años, y Felipe había renunciado a un extra que ella puso sobre la mesa de negociación, que incluía una tarde a la semana con ella. “Si nunca he pagado a una puta, creo que ya soy un poco mayor para empezar”, le contestó él y ella, desde entonces, le odiaba aún más.
El resto de los asistentes no eran mejores: Ismael, otro cuñado, éste casado con su hermana Laura, había superado al avaro de Moliere hacía años: a pesar de haberle tocado casi dos millones de euros en la lotería, continuaba trabajando y se negaba a que Laura dejara su monótono y alienante puesto en su oficina.
El hijo mayor de Laura e Ismael, a sus veintiocho años, seguía viviendo a costa de sus padres, sin haber probado siquiera la extraña experiencia de una sola jornada laboral. Su madre le mimaba, y su padre se negaba a darle ningún tipo de ayuda para que se independizara, pues creía que así salía más barato.
Pero mucho peor que él era su novia Susana, a quien le gustaba que la llamaran Susan. Felipe llevaba contadas ya tres carteras levantadas por la chica, pero como las víctimas eran un primo financiero, otro cuñado perito de seguros, y su propia suegra, decidió ver, sonreír y callar.
Su suegra era la única que parecía ser consciente de la presencia de Felipe, pues cada dos minutos exactamente dirigía su mirada hacia la esquina donde éste se encontraba. Se negó en su momento a que entrara a formar parte de la familia con argumentos tan sólidos como su origen plebeyo o que su hija merecía mucho más. Felipe, por su parte, se negó a una boda religiosa, levantando así entre ellos un muro infranqueable en el que los años no habían conseguido abrir ni una portezuela. El odio y el desprecio eran, desde luego, mutuos.
Al tercer gin tonic, llegó Olga, la compañera de Felipe, llevando de la mano a la pequeña Lucía, que se abalanzó sobre su padre gritando: “Papi, ¿sabes que mañana es Halloween, la noche de las brujas?”
Felipe miró alrededor, sonrió, guiñó un ojo a Olga y, besando en la frente a la pequeña Lucía, le dijo al oído: “Pues creo que este año han soltado a todas las brujas un día antes . . .”
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EL GRAN LIBRO DE LA VIDA (V):
APRENDER A VIVIR
Hace mucho, cuando me tomaba la vida realmente en serio, en la extraña y mágica infancia, ni pensaba en aprender a vivir: había tanto que aprender cada día, que no había tiempo de pensar en eso.
Un tiempo después sufrí, de la mano de la naturaleza, una metamorfosis similar a la de los capullos cuando se transforman en mariposas, proceso que en los humanos parece seguir una dirección inversa, y pasé de la infancia a la tormentosa adolescencia.
Tras sufrir el pertinente bombardeo hormonal, creí, de repente, saberlo todo, con lo cual tampoco tuve tiempo, ni necesidad, de aprender a vivir.
Luego vino el resto de la vida, los constantes cruces de caminos en los que cada cual, dependiendo de cómo, dónde y con quién, madura de una forma única e irrepetible.
Algunos, y sólo algunos, que nunca sabremos si son los más o los menos afortunados, descubren poco a poco que a vivir, como a respetar, amar o convivir, se aprende poco a poco y, de repente, todo se complica.
Es entonces cuando aprendemos que, básicamente, aprender a vivir es aprender que cada persona aprende a su manera, que cada mirada ve millones de colores iguales pero diferentes a los que ven nuestros ojos, que cada individuo es un universo único, que sólo la arrogancia o la ignorancia nos pueden empujar a intentar controlar o poseer.
Descubrimos también, con tanto miedo como asombro, que el principio de todo el proceso, la herramienta básica, nunca nos fue dada, y que debemos empezar por aprender a aprender, para dar el primer paso.
Cuando la curiosidad por saber y comprender se convierte en una costumbre cotidiana y placentera, enriquece la vida sin esperar más recompensa que el mismo placer de dar y compartir. Entonces sabemos que ya estamos en el camino.
Mientras tanto, consolémonos con formar parte de la minoría privilegiada que sabe reconocer, sin rubor ni conflicto, su más absoluta ignorancia, pues nos colocaremos así los primeros en la fila para salir de la peligrosa caverna de las falsas certezas, ese sombrío lugar donde nos criaron.
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EL GRAN LIBRO DE LA VIDA (IV):
CUANDO LLEGUE EL ÚLTIMO MOMENTO
Cuando llegue el momento, sin prisas, por favor,
seré, gracias al fuego que tanta vida me dió, aire,
y ese aire entrará en vuestros cuerpos, puro ardor,
y siendo parte de todos, también lo seré de nadie.
Y no habrá, ni un sufrimiento, ni una contradicción.
Cuando llegue el último momento, sin llantos,
ese aire será nube, y viento, y río, y lluvia sin fin,
y sin presentarme siquiera, estaré en vuestras copas,
y seré vino y risas, vuestras palabras color carmín,
y me olvidaréis por un momento, y reiremos sin mi.
Cuando llegue el momento, ni lágrimas, ni lamentos,
es sólo un parénteis ocasional, sólo juego pasajero,
sólo me he ido antes, a cosechar un poco de tiempo,
a redescubrir lo ya sabido, lo eternamente venidero,
a recorrer el camino de lo que hoy, sin saberlo, ya fui.
Cuando llegue ese momento, sin prisas, por favor,
que aunque todo lo borre, implacable, el tiempo,
habrá tregua a la memoria, y habrá gotas de amor,
que harán que venzamos, hermanos, a la muerte,
cuando nos llegue, a todos, el último momento.
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EL GRAN LIBRO DE LA VIDA (III)
Ese libro al que llamamos Vida, escrito a veces con renglones torcidos, y otras muchas con cuidada letra e impecable ortografía, es todo cuanto tenemos.
Tal vez cada persona sea, dentro de ese libro, tan sólo una palabra, o una simple letra, quizás una sonora vocal, o un tímido pero imprescindible acento, nada más.
En eso tan sólo consiste el juego de aprender a vivir: en averiguar el sonido y la grafía de nuestra letra y conseguir hacerla vibrar lo mejor posible dentro del canto universal de las palabras, de esa inmensa canción compartida.
El Gran Libro de la Vida se escribe a menudo con lágrimas, pero nunca faltan en él las imprescindibles risas ocasionales, las emociones y caricias que mantienen encendida la hoguera de las ilusiones humanas.
Se escribe con dolor, paciencia, amor y memoria, y nadie, ni el humano más sabio, más fuerte, o el más poderoso, puede borrar o cambiar ni una sola coma de sus páginas.
El Gran Libro de la Vida, que conoce bien nuestra naturaleza, nunca olvida, antes de permitir que cada una de nuestras letras o palabras pasen a formar parte de la eternidad, que sólo de dos cosas somos dignos los seres humanos: de respeto, y de lástima.
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EL GRAN LIBRO DE LA VIDA (II)
En la infancia no busqué, sino que hallé sin buscar, como todos los niños y algunos pocos adultos a los que llamamos genios, o locos, o ni les llamamos.
En mi juventud busqué la certeza con el ímpetu propio de la juventud, otrto tipo de locura deliciosamente insoportable y de consecuencias imprevisibles.
En la madurez busqué el reposo, cansado por los agotadores días de vino, ideas y rosas derrochados durante la juventud.
En la vejez creo que tan solo buscaré la paz del no buscar.
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EL GRAN LIBRO DE LA VIDA (I)
Te guste o no, escribirás El Gran Libro de la Vida: Con letra de molde, con cuidada caligrafía o con toscos garabatos, pero lo escribirás sin remedio.
Con cada acto, hagas lo que hagas, con cada movimiento, con cada suspiro, con cada anhelo y cada desesperanza.
Aunque te niegues a escribirlo, lo escribirás, no hay renuncia posible, pues hasta tu renuncia sería una página del libro.
Si caes en la trampa y no comprendes la magia del juego, pedirás el Libro de Reclamaciones, pero será en vano, no te servirá de nada.
Puesto que tienes que escribirlo, hazlo con la ilusión de una letra y un texto vitales, divertidos, únicos y mágicamente conectados con la letra de cada forma de vida. No caigas en la arrogancia de creer que ya conoces todas las ortografías, la vida te sorprenderá a diario si aprendes a mirarla.
Escríbelo con ganas, ya que, hagas lo que hagas, te van a pagar o cobrar lo mismo por el viaje.
Y tienes para ello, no lo olvides, nada más y nada menos que tu irreemplazable letra y tu irrepetible ahora.
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NO SÉ DE DONDE VIENE
Cuando la felicidad, ocasionalmente, nos sonríe, ni la sabemos apreciar en su frágil y esporádico ser, en su inevitable caducidad, ni la disfrutamos en su efímera grandeza.
No sé de donde viene esa extraña forma que tenemos de sobrellevar la vida, de navegar, sorteando frustraciones e inmersos en las tormentas del tiempo, esa forma tan nuestra de escondernos en las cuevas de las sombras y el miedo, mientras alabamos la belleza de la luz.
No sé de donde viene esa costumbre de naufragar reincidentemente contra cuantos acantilados emocionales vamos encontrando en nuestro camino.
Hoy, la felicidad de ayer ya ha pasado, y es, ya para siempre, tan sólo pasado, mientras que la de mañana, no siendo más que una posibilidad, se transforma en nuestra mente en un imprescindible y continuo ritual de esperanza.
Nunca volverá la nieve que vimos sobre las montañas el pasado invierno, ni las desbocadas ilusiones de la juventud, ni una tarde tan sólo de aquellos mágicos juegos infantiles . . . nunca volverán, aún cuando sean parte indisoluble de nuestro ser.
¿Aprenderemos algún día que el hoy es el ayer de mañana?
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CUANDO JANE ABRAZÓ A CONCHITA
Cuando Jane abrazó a Conchita, la sorpresa fue mayúscula para todos.
“¡Es antinatural!”, dijeron algunos que observaban, con la incredulidad aún reflejada en sus rostros.
“¡Es una locura, no durará mucho . . .!”, sentenciaron otros.
Todo se complicó aún más cuando Jane no se conformó con abrazos y, pasando a mayores, acarició el pelo y lamió reiteradamente la blanca y suave piel de Conchita quien, dejando hacer, parecía disfrutar con el nuevo juego.
“Increíble, esto acabará mal . . .”, fue alguno de los comentarios más moderados, dentro del asombro colectivo.
La gente se fue arremolinando alrededor de la escena, en la que ambas, completamente ajenas a las miradas y palabras de terceros, disfrutaban del recién descubierto placer de abrazarse, lamerse, tocarse y conocerse.
Las sombras de un par de sauces, y un pequeño estanque, fueron el bucólico escenario del nacimiento de tan peculiar amistad.
Jane, que parecía ser quien siempre llevaba la iniciativa, había dado aquel salto, sin importarle la altura del muro, el que cambiaría su vida y la de su amiga, cuando nadie en su entorno lo esperaba, dejando a todos boquiabiertos, y no parecía haber, en ningún gesto de una u otra, el menor atisbo de arrepentimiento, vergüenza o temor, tan sólo una excitante y algo morbosa sorpresa ante lo recién descubierto.
En realidad, cuando Jane abrazó a Conchita, al final, no pasó nada preocupante ni digno de mención, porque Jane, la tigresa huérfana de seis meses, no tenía hambre, y decidió que una amiga, como la conejita albina Conchita, le haría mejor provecho como compañía que como minúsculo aperitivo, naciendo así una nueva forma de amistad, hasta entonces aparentemente imposible.
Todo esto sucedió en un parque zoológico, ese extraño lugar donde algunas especies pueden ver desfilar ante ellas, cada día, a miles de especímenes diferentes de ser humano, algunos de ellos, por cierto, muy poco discretos.
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SI SIGUES ASÍ ESTO NO HAY QUIEN LO VENTILE
Sucedió hace años, en uno de esos momentos en que la vida te gasta una broma de mejor o peor gusto y, tras darte un susto, se encarga por si sola de deshacer el nudo que a través de las circunstancias había creado.
En una plaza del centro de Vitoria, en el norte de España, en los años de la Transición y de los atentados casi diarios, se encontraba un grupo de jóvenes soldados dentro de una furgoneta acondicionada como vivienda, tomando una copa, charlando y fumando. Pero no sólo tabaco fumaban algunos de aquellos jóvenes, sino otras hierbas que, bajo la jurisdicción militar de entonces, le podrían haber costado varios años de cárcel en una prisión militar.
La plaza se encontraba abarrotada de gente y el tráfico era intenso. Al cabo de un rato, notando que había un extraño silencio, uno de los jóvenes descorrió una cortina del vehículo y observó, asombrado, que la plaza se encontraba completamente desierta, tanto de personas como de vehículos. Así se lo hizo saber a los demás, y otro joven que se encontraba cerca de la puerta, sin pensarlo mucho, la abrió. Del interior de la furgoneta salió una nube de humo al exterior, tan espesa, que varios policías del grupo de desactivación de explosivos se dirigieron rápidamente hacia la furgoneta pensando que esta vez, por suerte, sólo había explotado el detonante sin llegar a activar la carga. El joven que había abierto la puerta se encontró con varias ametralladoras apuntándole, no de policías, sino militares, lo cual no las hacía más inofensivas. Levantó los brazos y preguntó: “Joder, ¿qué pasa?”
“Ha habido un aviso de bomba, estamos desalojando la plaza y éste es el único vehículo del que no hemos podido localizar al dueño”, fue la respuesta que obtuvo por parte de otro joven de su edad, armado hasta los dientes.
Así fueron saliendo, uno tras otro, los cinco chicos, todos vestidos con uniforme militar, y cuando ya dos inspectores de policía comenzaban su sesión de preguntas incómodas del tipo “¿qué hacíais ahí dentro?” o “¿qué estabais fumando?”, se acercó un cabo del ejército y dijo, dirigiéndose a uno de los soldados: ¿Qué haces aquí? ¿Has llamado a tu madre?, pues era su primo. Le dijo a los inspectores que conocía a todos los estábamos allí, lo cual no era cierto, y que él se hacía responsable, y nos dejaron marchar.
Cuando volvimos a subir al vehículo para marcharnos y dejar desalojada la plaza, a mi, que me tocaba conducir, me llegó cierto humo desde la parte trasera del vehículo, pues la experiencia había provocado un bajón a la realidad de los allí presentes, y el más ruidoso del grupo, que siempre hay uno, ya estaba quemando incienso en la parroquia de los sustos.
“Si sigues así, esto no hay quien lo ventile”, le dije, y arranqué.
La amenaza resultó falsa, allí no había más bombas ni explosiones que las que cada uno llevaba en su propia y alocada cabeza.
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APRENDER A VIVIR
Cuando sólo había oscuridad, y el frío, la desesperanza y el miedo parecían abarcarlo todo, resistieron, mientras se repetían a si mismos: “Esto también pasará”, y sobrevivieron.
Cuando la vida les agasajó con regalos que ni habían imaginado que existieran, supieron relajarse y disfrutarlos, sin obsesionarse con poseerlos, y se limitaron a exclamar: “¡Qué hermosa es la vida!”, y sobrevivieron a la dicha, que también tiene sus peligros.
Así, mezclando luces y sombras, sabiendo encontrar en cada dolor un consuelo y en cada placer un regalo, intentando hallar un equilibrio en todo, entre el sí y el no, entre el perdón y la justicia, entre la memoria y el rencor, entre nuestros deseos y los ajenos, recordando siempre que, como dijera Tolstoi, la felicidad no está en hacer lo que se quiere, sino en querer lo que se hace.
Así tan sólo, día a día, golpe a golpe, poco a poco, aprendieron a vivir.
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EL CONCEPTO DE TIEMPO
Perdía el otro día mi tiempo pensando si vale la pena perder el tiempo en pensar qué es, en realidad, el tiempo.
Pensaba también si vale la pena partir en busca del tiempo perdido, o si es, también, una absoluta pérdida de tiempo.
Recorrí mentalmente decenas de expresiones que utilizan la palabra tiempo, pero todas ellas, como dar tiempo al tiempo, hacer tiempo, o ganar tiempo, no pasaban de ser la inacabada expresión de una abstracción mental.
Y así fui pasando el tiempo, mientras observaba el movimiento mecánico de una aguja de reloj, indiferente a mis cuitas y al transcurrir mismo del tiempo.
Pero no necesité mucho tiempo para llegar a tiempo de refugiarme en una oportuna conclusión: El tiempo, como casi todo en esta dimensión, es tan sólo una ilusión.
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¿TENEMOS TODOS UN PRECIO?
Al decir precio, ¿se refiere usted a precio de venta al público o precio franco fábrica?, ¿se refiere al precio antes o después de impuestos?, ¿al precio antes o después de la crisis de turno . . . ?
Por favor, concrete, homenajee a aquellos oradores insignes del Congreso de los Diputados durante el siglo XIX, y especialmente a aquel que, harto de los devaneos dialécticos de otro diputado, se levantó y gritó: “Concreta, cabrón, concreta”.
Si pretende cuantificar el precio de mi dignidad, ponga un precio concreto, hablemos de números, o no hablemos.
Porque nunca será lo mismo que me quiera comprar por el precio de un automóvil de lujo, incluso el más caro, o a cambio del Producto Interior Bruto de cualquier país mediano de la Unión Europea.
Con la primera oferta sólo alimentará mi ego, con la segunda, además de mi ego, dará alimento a miles de niños al día, y estudiaré la propuesta.
Me lo dijo hace ya muchos años una amiga, multimillonaria en dólares, que además era una mujer muy sabia, pues había tenido la suerte de haber conocido la otra cara de la moneda, la pobreza, en su infancia. Me lo dijo y nunca lo olvidaré: “En este mundo, joven amigo, todos nacemos esclavos y todos somos prostitutas pero, casi siempre, podemos elegir el precio que ponemos a nuestra dignidad, no lo olvides. Si te valoras en más o en menos de lo que vales, la fortuna pasará a tu lado, pero seguirá de largo, pero si sabes negociar con ella, si sabes marcar con honestidad, dignidad y justicia tu precio, la vida y la fortuna, al final, siempre te sonríen”.
Desde entonces me cuesta mucho reprimir la risa cada vez que tengo que hablar de negocios con algún director o interventor de banco, viéndole son su traje impecable y tras un despacho de falsa caoba, cuando intenta convencerme de que el banco se preocupa y desvela por mis intereses.
Siempre viene a mi memoria aquella mujer y la misma idea: “Éste, además de puta, es un hijo de puta, y me temo que no sospecha ninguna de las dos cosas”.
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EL ESLABÓN PERDIDO
Vagando por la cadena de sus sombras, entre chispas de ilusión y tinieblas de desconsuelo, aquella persona tan impecablemente normal, encontró a sus pies un eslabón solitario, y dedujo que debía ser algún eslabón perdido de alguna cadena de algún esclavo.
Sin dudarlo, giró en redondo y huyó de aquel lugar, cargado de malos augurios. Huyó alocadamente, acuciado por el temor a convertirse él mismo en un esclavo.
Ni el peso descomunal de sus cadenas, que hacía lenta y penosa la huída, consiguió hacerle sospechar siquiera que las arrastraba.
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SIEMPRE HABRÁ TEMAS
Mientras la vida bulla, la pasión arrecie, la risa fluya, la monotonía se desperece o quede algún sueño por germinar . . .
Mientras alguien sepa prestar su oído o regalar su voz, y sepa apreciar en el gesto de compartir la compleja maravilla que conlleva . . .
Mientras alguna criatura nazca preguntándose sobre el milagro del acto de interrogarse sobre cada milagro . . .
Mientras alguna de estas llamas alumbre y caliente el cotidiano día a día, habrá un tema del que hablar, y hasta para discutir y contradecirnos, seremos irremisiblemente prisioneros hermanados por la palabra.
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ALEX
Alex, como cualquier humano de mediados del tercer milenio, vivía en una casa perfecta, ubicada en un barrio perfecto de una ciudad perfecta, enclavada dentro de los límites de un planeta perfectamente acondicionado para una sola especie: la humana.
Alex descubrió un poco tarde su vocación, pero la descubrió: un día decidió que quería ser tonto.
Sintió que debía elegir entre dos opciones: ser tonto o fingir que lo era, y con su rapidez habitual, comprendió que el fingimiento iría inevitablemente acompañado de ciertas dosis de frustración e hipocresía.
Su decisión, ampliamente debatida en diversos foros reales y virtuales, había sembrado el desasosiego en una sociedad orgullosa de haber logrado, tanto la paz social, como una supuesta calma interior en cada uno de sus individuos.
Una semana antes, Alex había descubierto, en uno de los archivos menos visitados de la Infoteca Universal, un documento de los más antiguos, un escaner de trozos de papel, una reliquia de hacía más de diez siglos.
La imagen mostraba restos de un extraño documento, apenas legible, al no conservarse más que trozos sueltos y aparentemente incoherentes de un texto, del que apenas había sobrevivido una frase, firmada por un oscuro personaje, tal vez un filósofo o uno de los primeros estudiosos de la mente humana, un tal Sigmund Freud. El texto decía literalmente:
“Existen dos maneras de ser feliz en esta vida: una es hacerse el idiota, y la otra, serlo”.
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EMBARRARTE
8 de marzo: Día Internacional de la mitad de la Humanidad
Ahí están, todas embarradas y asustadas: Interminables hileras de mujeres, casi siempre heridas por hombres, que hieren o desean herir, para consolarse en su desgracia, a hombres, que casi nunca son quienes las han herido.
Ahí están, todos embarrados y alienados: Interminables hileras de hombres, casi siempre heridos por mujeres, y que hieren o desean herir, para consolarse en su desgracia, a mujeres, que casi nunca son quienes les han herido.
Tantas mujeres, tantos hombres, todos embarrados, enlodados en sus miedos, hundidos en sus prejuicios y cautivos de sus certezas, olvidando que son, ante todo, seres humanos, y que comparten mucho más que cuanto les diferencia.
Tantas mujeres, tantos hombres, tantos seres sufrientes, y todos convencidos de que son otras mujeres y otros hombres quienes han sido heridos, y otras mujeres y otros hombres quienes hieren.
Todos creyendo cuanto necesitan creer con tal de evitar mirarse en el doloroso espejo que les puede hacer crecer, pero a cambio de pagar el duro precio de ver reflejadas en él sus heridas, sus angustias y sus miedos.
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EL BINGO
(Todo parecido con la realidad es parecido, pero no realidad)
Doña Lucía, respetable señora mayor donde las haya, y sin duda la mayor de las señoras del grupo de sus amistades, a punto de cumplir un siglo de vida, tenía en el bingo uno de los sustentos de su ilusión. Tal vez creyera que seguir con atención el discurrir de los números, e identificarlos a tiempo, la inmunizaba contra el peor de sus temores: la pérdida de la razón o de la memoria, que a ciertas edades viene a ser lo mismo.
Su vista, inevitablemente cansada, era, sin embargo, suficiente para mantener su numérica y lúdica aficción, pero de su oído ya sólo quedaba un lejano eco.
Su hija Leny sobrellevaba con paciencia la reciente ilusión de su madre, y se comprometió a acompañarla al bingo, al menos una vez por semana, al observar que era lo que más ilusión le hacía dentro del conjunto de sus rutinas.
Sucedió que en cierta ocasión Leny estaba interesada en asistir a una conferencia sobre el origen del universo, dada por un científico que tenía fama de saber exponer con lenguaje tan claro como preciso conceptos que suelen escapar del entendimiento de los profanos en la matería, o sea, la mayoría de la población.
Como el día de la conferencia coincidía con el acordado para acompañar a su madre al bingo, y puesto que los horarios eran prácticamente consecutivos, decidió llevar a su madre consigo a la conferencia para acercarla luego a la sala de juegos.
Se preocupaba, lógicamente, de que pudiera aburrirse, pero pensó que tal vez una siesta haría que recuperara fuerzas de cara a su afición favorita.
El conferenciante acompañó sus explicaciones con imágenes de galaxias y combinaciones numéricas que se iban proyectando en una gran pantalla.
Doña Lucía, lejos de dormirse, sacó de su bolso un bolígrafo y una pequeña libreta, en la que fué haciendo algunas anotaciones. Su hija la miraba ocasionalmente de reojo, sorprendida de que no hubiera decidido echar una pequeña siesta, como solía hacer ante situaciones que no eran de su interés, sin importarle mucho donde se encontrara.
Terminada la conferencia, se levantaron lentamente y, mientras se dirigían a la salida, Doña Lucía comentó en voz baja a su hija Leny: “Te agradezco el detalle, hija, pero la próxima vez llévame el bingo de siempre, que en estos modernos no me aclaro, y ni te dan cartones siquiera. Además, no sé si te has fijado, pero ese chico tan simpático que cantaba los números, el pobre no tenía mucha experiencia, ¿has visto que en vez de bingo decía Big Bang?”
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LA CERILLA
Entre todos los números, Cerilla era la más vivaz, la más dicharachera, la que más animaba todas las reuniones, los encuentros de contabilidad o las fiestas de cálculo.
Parecía tener una llama natural con la que encendía cualquier reunión o grupo de números sobre el que se posara. Era inteligente y, a pesar de su juventud, conocía bien la personalidad de cada uno de los dígitos, sus virtudes y hasta sus manías: Sabía de la arrogancia del 1, del sentido un tanto barroco de la estética del 2, la obsesión por adelgazar del 8, o los escandalosos encuentros eróticos del 9 cuando se iba de copas con su amigote el 6, en los que acababan participando todos los números mayores del 18.
A Cerilla le habían puesto ese sobrenombre por ser hija de Cero, fallecido un par de años antes, durante la última crisis, pues tanto lo inflaron hacia la derecha, que el pobre cayó fulminado en una playa de las Bahamas, agotado y víctima del temible karooshi.
Cerilla lloró desconsoladamente la desaparición de su padre, pero concluyó que no habría mejor forma de honrarle que aprender de los errores cometidos y que le llevaron a tan trágico final a fin de enmendar, en lo posible, los dañinos efectos de la crisis que había terminado con su vida.
Tras mucho meditar, y viendo la torpeza con que los humanos hacían uso de su mágico poder de multiplicar por diez cada cifra a la que ella se acercaba, decidió renunciar a tal poder y, dando un salto ser, desde ese momento, y para siempre, una cerilla, o un cero, de la izquierda.
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FALTA UN TEMA
Falta un tema, pero no es un tema para compartir, pues sobre ese tipo de temas ya hemos demostrado sobradamente que, para nosotros, cualquier tema es bueno, que lo que no germina en una mente florece en otra y, hoy por tí y mañana por mí, nunca falta leña para encender la hoguera de las letras.
Otro asunto es el tema personal que cada uno tiene que afrontar a diario, su día a día, su universo único, intransferible y nunca lo suficientemente compartido.
Pero ese es otro tema . . .
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EL PAÑUELO
En un bordado pañuelo de seda guardaron con primor el corazón del buen poeta . . .
¡Pobre hombre, todo sensibilidad y sabiduría, y ahora es sólo un corazón sanguinoliento que tiñe un pañuelo bordado de recuerdos . . .!
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VALE LA PENA
Siempre vale la pena, aunque en ocasiones nos cueste creerlo, creer que vale la pena vivir.
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EL EXTRANJERO (A. CAMUS)
* Extranjero era ese fantasma que todos llevaban dentro, ése que continuamente intentaba convencerles de que todo lo diferente es malo, ése que temía abrir los ojos y se consolaba llamando ciego a cuanto le rodeaba.
* Tantas veces me llamaron extranjero que hasta olvidé el nombre de esa tierra de la que decían que no era mi patria.
* Antes de llamarme extranjero, mira a las estrellas . . .
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EL PINCHAZO
En aquel callejón que apestaba a orina, un muchacho se metió el último pinchazo, el último pico, y pagó así su papel de cordero humano en el altar del progreso: la heroína había entrado en España de la mano de la democracia: salíamos de un túnel de terror para instalarnos en el obsesivo sueño del consumismo autocomplaciente.
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CONFIESO QUE HE VIVIDO (PABLO NERUDA)
Confieso que creo haber vivido lo suficiente para saber que nunca se vive lo suficiente para comprender todo, y encontrar así tu exacto lugar en el universo, ni tan poco como para poder refugiarte en la absoluta y plácida ignorancia.
Pero no pienso pagar penitencia alguna por ello, bastante duro es saberlo.
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HAY DOS EN EL ASEO
Hay dos en el aseo, y nadie sabe que están haciendo.
Parece algo feo, afirma, desconfiado, el peor pensado.
Por ese ruido que hacen, cosa de drogas será, dice uno.
Parecen más bien asuntos de lujuria, murmuran otros.
Igual son unos terroristas, preparando algún atentado,
Quien sabe, grita otro, tal vez son unos degenerados.
Hay dos en el aseo, y es un gran misterio,
que a todos tiene pendientes y excitados.
Hasta que salen, sudando, dos fontaneros,
diciéndole, asombrado, el más bajo al otro:
Compañero, si me lo cuentan, no lo creo,
de verdad, este mundo está realmente loco.
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EL LOCO (KHALIL GIBRAN)
Aquel pobre loco tenía la extraña costumbre de medir el valor de las cosas por su precio, creía que todo podía comprarse, e incluso que el valor de una persona puede medirse por el de su traje o su vehículo.
Aquel hombre desquiciado creía en un dios único, incuestionable y vengativo, que le obligaba a matar por él o a despreciar al resto de los dioses. Incluso, en su locura, llegaba a creer que decidía y gobernaba su vida social porque introducía en una caja, cada cuatro años, un papel con un nombre de una persona a la que no conocía, y que nunca le consultaría decisión alguna.
Aquel pobre hombre creía que las cosas son como son porque siempre han sido así, olvidando la obvia ley del cambio permanente, y tenía el hábito de terminar sus disertaciones con un rotundo: “. . . y no hay más que hablar”.
A un ser tan alucinado, y tan peligroso para sus semejantes, hubo que ponerle un nombre.
En aquella remota época oscura le llamaron “persona normal”.
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LA PROFECÍA
La profecía fue tan increíble al ser pronunciada como obvia tras haberse cumplido.
A toro pasado, todos somos sabios.
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EL REBAÑO
Con el rebaño, con nuestros hermanos, es conveniente reunirse para celebrar la vida y disfrutar de ella, para aprender y enseñar, así como para reconocer el placer que se esconde tras ambos actos, también para colaborar y, en definitiva, para compartir constructivamente la vida.
Con nuestros semejantes es indispensable reunirse para sobrevivir, vivir, y enriquecer nuestras vidas.
Para otros asuntos menos trascendentales, como nacer o morir, es tan recomendable como inevitable, la soledad.
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LA CASA VERDE
En el pueblo, el viejo Cátulo tenía fama de putero. Todos le habían visto entrar cada miércoles, desde hacía años, en La Casa Verde.
Como entre los clientes de tan extraño establecimiento existía cierta complicidad, nadie se paraba a comentar los pormenores de la forma de actuar de Cátulo, que llegó a ser invariable durante décadas: Miraba una a una a las chicas a los ojos y, elegida una, compartía con ella una hora de su vida. Al sumergirse en sus miradas, Cátulo intentaba identificar a la más triste, la más necesitada del pobre consuelo que sus palabras podían regalar, pues eso y sólo eso, palabras, ofrecía el pobre hombre a las tristes mujeres, reservando sus energías e ímpetus sexuales para una viuda solitaria que era desde hacía años, secretamente, su compañera. Cátulo se limitaba a conversar con las chicas, a preguntarles aspectos de sus vidas, cómo habían llegado allí, si se encontraban en aquel sitio por voluntad propia y, en general, intentaba consolarlas en su cotidiano desconsuelo. Con todas había llegado a un pacto que incluía no contar a nadie cuanto sucedía durante esa hora, suponiéndoles todos un cliente más.
La felicidad y buen ánimo de las chicas llegó a ser un problema en más de una ocasión, pues algún proxeneta celoso, creyendo que era sexo, y obviamente, muy bueno, cuanto el viejo hombre regalaba a las chicas, comenzó a verle como un potencial competidor.
La Casa Verde fue cambiando con los años, las mujeres eran de otras tierras, apenas hablaban, tristes o tristemente consoladas con el alcohol o alguna droga.
Cátulo, por su parte, seguía arrastrando su fama de viejo verde, inmune a los comentarios del pueblo, compartiendo con aquellas mujeres, cada miércoles, sus míseras gotas de amistad.
Cuando el viejo Cátulo falleció, y se hizo público su testamento, la sorpresa y el escándalo fueron mayúsculos, tanto por el volumen de la fortuna que incluía, como por declarar beneficiarias de él, además de a su compañera, a una serie de chicas y mujeres, todas ellas trabajadoras o ex trabajadoras de la casa de citas.
Desaparecido Cátulo, La Casa Verde volvió a ser un lugar donde la vida se manifestaba torpemente a través del sexo, y volvió a ser desterrado el amor, como ya mucho antes había sido desterrado de las hipócritas mentes bienpensantes del pueblo.
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SÁBANAS BLANCAS
Como sábanas blancas al viento eran aquellos sueños de crear un mundo mejor de la nada, sin más herramientas que la invencible fragilidad de nuestras ideas.
Y cuando creíamos tener todas las respuestas, ya se sabe, nos cambiaron las preguntas, y resultó que el mundo no era como lo veíamos, o de eso intentaron convencernos.
Así quedaron atrás, como si de burdas y superficiales modas tan sólo se tratara, el pacifismo, el ecologismo, la revolución sexual, el mayo eterno, y otros mil cantos de libertad.
El mundo no era como lo veíamos, decían y repetían quienes se creían con derecho a decidir como ha de ser el mundo.
Pero resultó que los peores presagios de los primeros compañeros ecologistas se transformaron, poco a poco, en cruda realidad.
Resultó que se podían hacer guerras aún más absurdas y monstruosas, aunque pareciera imposible.
Resultó que la mujer podía tener derecho a su vida y su cuerpo sin que la familia, la sociedad y el mundo se desmoronaran.
Resultó que el sistema económico no era tan corrupto como creíamos, sino muchísimo más.
Resultó, en definitiva, que no veíamos el mundo tan al revés como nos contaban quienes, ahora lo sabemos, lo veían completamente al revés.
¿No será que nuestra ceguera no era tal, y que nuestro único y tremendo error fue renunciar, como a tantos otros, a nuestros más libres y libertarios sueños de juventud?
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LA MUERTE DE SAFO
"Las mujeres que buscan ser iguales a los hombres carecen de ambición"
(Timothy Leary).
¿Quién creerá, Safo, en tu muerte, mientras una mujer camine sobre la Tierra?
Tu vida fue tu poesía, la búsqueda de los últimos refugios de la sensibilidad humana en una época brutal, y no podías hallarla, bien lo sabías, en otro sitio salvo en el fondo de algunas almas femeninas.
El tiempo te premió conservándote la memoria colectiva pero, ¡cuánto hubieras disfrutado viviendo una semana tan sólo en esta época, donde ni el más imbécil de los hombres se atreve ya a negar que las mujeres sean portadoras de un alma, cuanto menos, tan valiosa como la de cualquier varón!
Pero ya ves, Safo, seguimos pensando que vivimos en el infierno, y por eso, posiblemente, algún día conseguiremos alcanzar el paraíso.
Gracias por los cimientos que regalaste a este futuro y, sobre todo, gracias por haber sabido disfrutar tu vida, como homenaje supremo a la vida.
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A LA BÚSQUEDA DEL TIEMPO PERDIDO
Recientemente el periódico La Razón, de Madrid, admitió entre sus páginas una esquela conmemorando el aniversario del ahorcamiento de una chica alemana a sus 22 años, en diciembre de 1945.
El grupo integrista conservador que pagó la esquela le decía en el texto, entre otras cosas, que en el Cielo se reencontrarían con su dulce sonrisa. Era Irma Grese, y la prensa de la época, que no sus víctimas, la bautizaron como el "Angel de Auschwitz", el campo en que tuvo a su cargo a más de 30.000 reclusas judías, en su mayoría polacas y húngaras.
Grese fue de las muy pocas mujeres ajusticiadas tras la Segunda Guerra Mundial, y la más joven de entre todos los condenados a muerte y ejecutados.
Durante el proceso, comparecieron algunas supervivientes de los campos de concentración por los que había pasado, que relataron, ante la imperturbable teutona, cómo seleccionaba a quienes habrían de morir ese día, con una especial predilección por aquellas mujeres y niñas a las que la tragedia que estaban viviendo no había conseguido borrar completamente de sus rostros la belleza que la naturaleza les había regalado. Esas eran siempre las primeras seleccionadas, y las elegidas para las peores torturas.
Irma era conocida por dejar que perros hambrientos y furiosos se lanzaran encima de las presas para devorarlas, asesinaba a internas a sangre fría, torturaba a niños, cometió abusos sexuales y propinaba palizas sádicas con un látigo trenzado hasta que provocaba la muerte de las víctimas.
Las últimas palabras de Irma a su verdugo fueron: "Schnell!" (¡Rápido!).
En un utópico mundo más racional, que hubiera aprendido realmente algo de esa lección que costó más de cuarenta millones de vidas, en un mundo que hubiera sabido buscar y recuperar el tiempo perdido, tal vez se la habría condenado a ser consciente de lo que había hecho, de hasta donde le había llevado su insania: Una irrevocable condena a desarrollar su marchita empatía.
Lo paradójico es que, por ese camino de aparente perdón, se la habría condenado a un inimaginable infierno, el de recordar empáticamente la muerte, dentro de la cámara de gas, de cada una de las mujeres y niñas seleccionadas por ella. No fue una venganza muy inteligente, si es lo que se pretendía, sin querer se le dió el camino rápido de la horca, se le concedió clemencia sin ánimo de hacerlo.
Cuando la naturaleza de un ser enferma y deja morir el humano solidario con que todos nacemos, cualquier camino lleva, antes o después, a un infierno.
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30+7
Siete años necesité para aprender lo esencial de la vida, a partir de ahí todo fue girar en torno a lo vivido e intentar comprender el porqué de lo visto.
Treinta años necesité para estar preparado para la paternidad, o para creer que lo estaba.
A los 37 ya empecé a comprender que casi nada sabía y que la comprensión no era más que ilusión.
Si llego a los 74 sin que se marchite la curiosidad, tendré, volviendo la vista atrás, algo para recordar, algo para olvidar, y mucho de lo que reir.
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TENGO SUEÑO/S
Para conservar saludables los sueños, y no perder la fe en el ser humano, el camino pasa, inevitablemente, por no depositar toda tu fe en un sólo ser humano, compartir las alegrías con todos, y saber distinguir con quién se pueden compartir las amarguras.
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NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA
Comentábamos el otro día Juan y yo, tomando unas copas en El Papagayo, que teníamos tantos ejemplos en la memoria a propósito de este refrán, que no sabía uno cual elegir, cual expresaría con mayor claridad tan rotunda evidencia.
Hoy, a escasas horas de la tertulia, me encontraba en la misma situación, repasando lo visto y vivido para encontrar el ejemplo más oportuno cuando, siendo víctima de una cegadora iluminación, lo comprendí: la Santa Madre Iglesia, en su eterno afán de sembrar el mundo de paz y amor, sacrificando incluso su imagen, expuesta a la crítica de mentes poco piadosas e incapaces de comprender el alcance de su magna obra, lo había estado haciendo durante siglos: sembrar el mal para que diera como fruto el bien.
Así, siempre se ha puesto del lado del poderoso, ha perseguido todo tipo de pensamiento, salvo el que repetía su propio mensaje, ha torturado y quemado miles de personas, ha promovido y provocado guerras, algunas de exterminio, ha prohibido la ciencia y exaltado el sufrimiento hasta el extremo de usar todos los medios a su alcance para intentar que se ilegalizara, hace sólo un siglo, la anestesia y los analgésicos, ofreciendo a cambio a los fieles el dolor purificador, ha relegado, marginado y perseguido a las mujeres, esa mitad de la humanidad que tanto hizo por el cristianismo en sus orígenes, etc.
Hasta tal extremo ha llegado su afán pedagógico, que se ha convertido en el grupo humano con mayor número de pederastas en sus filas. Y todo ello, queridos hermanos, con el único fin, oculto a toda alma insensible y carente de fe, de provocar todo lo contrario de cuanto aparentemente predicaba, de conseguir, de la forma más efectiva posible, que florezca un bien previsiblemente grandioso, como consecuencia de tanto mal sembrado.
Sólo los santos padres que en la Iglesia han sido, legítimos representantes en la tierra del único Dios verdadero, han tenido la capacidad de dirigir tan sabiamente a la grey cristiana.
Y yo me pregunto: ¿no es hora de intentar devolver tanta paz y amor sembrada a lo largo de casi veinte siglos?
Modestamente propongo, tomando como ejemplo la magna obra de papas, cardenales y obispos que han dirigido con mano firme y sabia el Vaticano, que, tras declararlo estado genocida, se juzgue como tales a todos sus dirigentes y, con todos lo honores, se proceda a la voladura controlada de sus edificios, invitando al Santo Padre y todas las altas esferas de tan amorosa organización, a permanecer en su interior para pasar a formar parte de la tan extensa como digna lista de santos mártires cristianos.
Seguro que aceptarán, con la modestia, santidad y sabiduría que les caracteriza, tan sincera y cristiana propuesta.
Nekovidal 2010 – nekovidal@arteslibres.net
QUIEN A BUEN ÁRBOL SE ARRIMA, BUENA SOMBRA LE COBIJA.
Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija . . . siempre que el bosque no le impida ver los árboles, o viceversa, que no se vaya por las ramas y, sobre todo, que no sea leñador . . .
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NO POR MUCHO MADRUGAR AMANECE MÁS TEMPRANO
Cuando tenian entre tres y cinco años, mis hijos, como tantos otros niños a esa edad, creían, tan ingenua como lógicamente, que el día de su cumpleaños las personas pegaban un estirón y crecían repentinamente, de acuerdo a su recién estrenada edad.
Como si fuera la noche de Reyes, les costaba dormirse, ante la emoción del previsible milagro, y madrugaban más de lo habitual para ir a mirarse en un espejo antes de despertar al resto de la familia, convencidos de que su altuta había aumentado a lo largo de la mágica noche anterior.
“Ah, no por mucho madrugar amanece más temprano . . .” pensaba yo para mis adentros, aunque mi ingenuidad, como comprendí años después, no era menor que la de ellos, pues también algo cambiaba en mi mente tras cada cumpleaños, cada ceremonia, y un número nuevo pasaba a formar parte de mi identidad.
Ciertos pueblos, incluídos algunos a los arrogantemente consideramos primitivos, tienen una concepción mucho más real del tiempo, lo sienten como un todo continuo, y miran con sorpresa las particiones y divisiones que hacemos del mismo.
Aún tardé años en, no ya comprender racionalmente, sino sentir con lógica naturalidad, que cada día, cada segundo, cada instante, es nuestro cumpleaños, siempre tambaleándonos en el escurridizo alambre del tiempo presente, el único al que, hoy por hoy, podemos acceder.
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NO SIEMPRE
No siempre encontraremos respuesta a nuestras dudas, a nuestros interrogantes, tanto a los surgidos de la sana curiosidad como a los nacidos del más insano miedo, esa cadena, tan necesaria como destructiva, que condiciona nuestro ser. Vale la pena recordar, cuando nos atenace la angustia, y ante la imposibilidad de obtener una respuesta que nos complazca o consuele, que “siempre” es tan sólo una de las más absurdas ilusiones que puede crear nuestra mente.
A pesar de ello, aunque no siempre encontraremos respuesta, nos servirá de consuelo saber que, mientras sepamos mantener en nuestras mentes vivas la curiosidad y las preguntas, sin recurrir a la respuesta cómoda, buscándola pero aprendiendo a esperar modestamente su llegada, y sin caer en la acomodaticia ilusión de creer que ya sabemos, ese será el signo más claro que que, aunque no sea para siempre, aún estamos vivos.
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SI ES QUE YO . . .
Los soldados de Herodes, tanto como los centuriones romanos que clavaron a un tal Jesucristo en una cruz. Los cruzados cristianos que arrasaron y saquearon la santa y culta Constantinopla. El general que ejecuta la declaración de guerra de cualquier mercader, aristócrata o político. El soldado que fusila al reo indefenso, y al que sabe inocente, apretando el gatillo a la voz de “¡fuego!”. El funcionario que, por desidia, puede arruinar cualquier vida o complicarla hasta lo impensable. El profesor o el médico, siempre tanto más incompetentes cuanto más arrogantes, mientras destruyen cuerpos y mentes. El policía al que pagas su sueldo y que te apalea en una manifestación. El secretario judicial que te deja en la calle para entregar tu vivienda, de la que has pagado el ochenta por ciento, a cualquier banco usurero. Todos los verdugos y todos los torturadores que ha parido la historia.
Todos ellos, del primero al último, tienen algo en común: todos dirán, llegado el momento de las razones y las explicaciones, lo siguiente: “Si es que yo . . . sólo era un mandado”. . . y sólo con eso pretenderán justificar lo injustificable.
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EL VERANO SECA LAS IDEAS
El verano seca las ideas, por lo que es, sin duda, la época más democrática del año, quedando todos perfectamente igualados a nuestros líderes políticos de todos los colores, idénticos todos en nuestro vacío y sequía mental . . .
Así que no suframos por el ya evidente calentamiento global: será un torrente de democracia.
Por cierto, ¿qué decíais que había que escribir sobre este tema . . .?
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EL VERANO SECA LAS IDEAS
El verano seca las ideas, y a mí me ha dejado sólo una rondando insistente la cabeza, como esas pegajosas moscas veraniegas, símbolo del estío, esas moscas que, según nuestros vecinos chinos, nos pueden decir todo sobre una persona tan sólo observando cómo la espanta.
La persistente idea moscona me dice, una y otra vez, zumbando:
¿Cuándo llegará el día en que todos los héroes sobren en este mundo . . .?
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COSAS QUE SE PUEDEN CAMBIAR Y COSAS QUE NO SE PUEDEN CAMBIAR
Si digo: “Todo, absolutamente todo, se puede cambiar”, alguien me dirá: “Estás ciego . . .”, y tendrá argumentos para apuntalar su afirmación. Si digo: “Nada, absolutamente nada, se puede cambiar”, alguien me dirá: “Estás ciego . . .” y también tendrá mil razones con las que secundar su afirmación. Y ambos tendrán razón. Mientras, aquí sigo, rehuyendo la ceguera del conocimiento sin duda, buscando ese sutil equilibrio que consiga hacer convivir ambas verdades, armando, paso a paso, y a cada instante, mi pequeña existencia, mi diminuta e infinita realidad . . .
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COSAS QUE SE PUEDEN CAMBIAR Y COSAS QUE NO SE PUEDEN CAMBIAR
Todos intentamos, y cuanto más jóvenes o inmaduros, más, cambiar a todos, antes que cambiar nuestro entorno, y mucho antes de sospechar siquiera que nos podemos cambiar a nosotros mismos.
En un ejercicio de nula efectividad, al que tan aficionados somos los humanos, perdemos tiempo y energía en construir el paraíso al revés, pretendiendo transformar el mundo de fuera hacia dentro, en vez de seguir el curso natural de átomos, células y galaxias, el del mismo parto de este universo, que se expresó mediante una explosión, a partir de un minúsculo punto interior, para nosotros aún desconocido.
Un día descubrimos finalmente la paradoja de que, siendo consecuencia portadora de la ilusión del libre albedrío, somos, al mismo tiempo, causa, y quien sobrevive a la sorpresa, cambia el rumbo de su vida.
Porque quien más, quien menos , todos buscamos cómplices a nuestras ideas y compañía a nuestra soledad, hasta que aprendemos a navegar entre los mitos, alucinaciones y miedos de la propia mente. Entonces ya sólo buscamos amistad.
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MI SEGUNDA VEZ
La segunda vez es siempre la más importante en nuestra existencia.
La primera escapa completamente no sólo a nuestro control, sino a nuestra ilusión de control incluso. Limitados por nuestras percepciones anteriores, ni imaginar podemos cuanto nos afectará una vivencia nueva, sea del tipo que sea.
La primera vez estamos completamente en manos del azar, indefensos ante aquello que la vida nos presenta, pues no podemos ni calcular ni imaginar siquiera a qué dará lugar la combinación de todas nuestras experiencias anteriores con la novedad recién descubierta.
La segunda vez, sin embargo, con cuanto hemos aprendido de la primera experiencia, bien sufriendo o bien disfrutando, es cuando juzgamos y decidimos, o disfrutamos al menos de tal sensación de libre albedrío, tan subjetiva como tranquilizadora. Ayudados por la memoria nos sumergimos en complejos cálculos y juicios, que muchas veces se dirimen en segundos, para tomar una actitud ante lo ya conocido, emitimos un juicio.
Y la tercera vez es ya la del examen, por eso decimos que “a la tercera va la vencida”, colmando tanto las expectativas como la paciencia.
La tercera vez es aquella en que ya no queda disculpa ni justificación para nuestros errores, que desenmascaran definitivamente nuestros miedos o nuestra ignorancia.
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EL AQUELARRE
No fué difícil capturarlos a todos: tendían a ser dóciles en sus lugares sagrados. Eran paganos, una religión ancestral, tan respetable como cualquiera, que había reinado en Occidente durante milenios, una religión incruenta que no necesitaba imponer a otros su verdad para creerla, porque su verdad era tan simple o compleja como la naturaleza que daba y quitaba vida según un, para los humanos, incomprensible designio.
Dos semanas después, ardían en la hoguera los cuerpos de tres de ellos. Mientras entre el público asistente unos callaban, otros rezaban, y otros vociferaban, los enfermos de poder hacían cuentas: El obispo calculaba que podría ampliar sus tierras de pastoreo en unas dieciocho hectáreas, las recién confiscadas a uno de los acusados de brujería. El señor feudal también hacía sus cuentas: ahora conseguiría a la hija del segundo ejecutado, una doncella arisca que no accedía de buen grado a sus pretensiones y que ahora habría de elegir entre doblegarse a los caprichos de su señor o seguir el destino de su padre.
El alguacil, por su parte, calculaba el dinero que debía, y ya nunca pagaría, al tercer ejecutado.
Una vez más, la religión como excusa de la barbarie.
Pero he aquí que los cálculos de los tres resultaron estar errados: el obispo nunca llegó a hacer suyas las tierras de pastoreo, pues mientras tramitaba la legalización del saqueo, durante un viaje, cinco días después de la ejecución, su comitiva fue atacada por un grupo de bandoleros, y entre ellos, para desgracia del obispo, se encontraba un hermano del hombre injustamente ejecutado.
Tuvo el alto cargo de la Iglesia una muerte más cruel y lenta que la del campesino adorador de la naturaleza: su hermano, lleno de odio y afán de venganza, echaba puñados de sal en el vientre abierto del obispo mientras le gritaba: “Ésta es, tanto como la vuestra, la mano de Dios”.
Tampoco el señor del feudo vió cumplidos sus planes: la doncella huyó del pueblo tras enterrar los restos de su padre, y no fue suficiente la movilización de todos los soldados para encontrarla.
El hombre, poco acostumbrado a no ver cumplidos sus caprichos, cayó fácilmente en una patológica y destructiva obsesión. “El señor enferma de deseo no cumplido”, decían las comadres del pueblo. Su vida se fué apagando a lo largo de tres largos y dolorosos meses. Y el alguacil, unas semanas más tarde, se despeñó con su recién adquirido rocín, aquél que había comprado con el dinero con que tenía previsto saldar su deuda con el campesino ejecutado.
Una vez más, la naturaleza ejercía esa poética justicia que ocasionalmente sirve de consuelo a sus criaturas.
Ahora, las viejas, mientras tejían, murmuraban: “Ah, la natura no perdona la crueldad hacia sus buenos hijos . . .”
Se cuenta que en ese pueblo, más de un alma abandonó en ese tiempo la nueva religión, que había perdido sus raíces, para volver a las raíces de otra fe anterior, cuyo origen se perdía en la noche de los tiempos.
Nekovidal 2010 – nekovidal@arteslibres.net
EL MOMENTO OPORTUNO
Ese instante en que la curiosidad se sacia y aprendes y comprendes algo nuevo, algo que te llena aunque no sepas si algún día te servirá para algo concreto.
Esos instantes en que el azar o algún dios te hace un regalo, te emborracha de alegría o placer, y ya eres lo bastante viejo o sabio como para no hacer demasiadas preguntas.
Ese instante en que, mirando a tus hijos, o a un árbol rebrotar, presientes el poder de la vida, su fructífera fuerza, y adivinas el juego infinito del que eres una ínfima pieza, aunque lo suficientemente grande como para participar del milagro.
Esos momentos duros o muy duros, pero, aunque no lo comprendamos, nunca crueles, en que la vida te pone y lo pone todo a prueba y, aún así, sobrevives para contarlo o recordarlo.
Esos momentos, cada segmento de tiempo, que aparece ante nosotros como imprescindible para armar en nuestra mente el rompecabezas sobrecogedor al que llamamos realidad.
Ese intante en que el presente, extrañamente, tiene sentido por sí mismo.
Ése, o cualquiera, es el momento oportuno.
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EL CINE EN LA VIDA DE CADA UNO
Pertenezco a la primera generación criada frente a un televisor. Recuerdo con que sorpresa observaba que a mi padre apenas parecía interesarle el aparato en cuestión, y uno de los mejores recuerdos de infancia es ver juntos ocasionalmente alguna película. Creo que podría decirse que durante unos años fuí un niño adicto a la televisión, y sólo algunos juegos, que no todos, en la calle, conseguían parecer más tentadores que estar toda la tarde, si era posible, ante la que ya era, pero todavía no era llamada, caja tonta.
Como mi padre tenía un restaurante enfrente al Canal 12 de televisión de Montevideo, pude disfrutar del extraño privilegio de ver unos personajes en la pantalla y encontrármelos en persona al volver la cabeza. Supongo que eso me ayudó a desmitificar la fama y el culto a la personalidad: para mi eran unos señores más, algunos buenos amigos de mi padre que me trataban con cariño y respeto y otros elementos que parecian ir por la vida buscando constantemente donde aparcar su enorme ego, había de todo.
Pasaron los años, y mi gusto por la televisión fue creciendo, en ese tiempo vi indiscriminadamente películas, dibujos animados, series y hasta documentales. Entre esos cientos de películas recuerdo especialmente una de náufragos, que vi cuando tenía ocho años, porque un corte de luz impidió que disfrutara del final. La guardo en la memoria como si fuera hoy, y las películas de naufragios siguen siendo de las más interesantes para mi. En aquel entonces no sabía porqué, y hoy ya sé que me interesan porque en ellas se aprende mucho sobre la naturaleza humana, cuando ésta es expuesta a los extremos de una tragedia, el hambre, o el miedo a la muerte.
Nunca he renunciado a la televisión, aunque he pasado y puedo pasar largas temporadas sin ella y sin padecer ningún síndrome de abstinencia, pero hoy en día la utilizo como una herramienta muy dosificada: casi diariamente veo un documental y algún programa de humor, y de vez en cuando una película, de las pocas que puedo encontrar de final no previsible.
Casi nunca veo la televisión directamente, sino programas grabados previamente, con lo que me evado de la dictadura de la publicidad, que tan bien refleja lo peor, tanto de nuestra naturaleza, como del sistema social alienante en que vivimos.
Tendrán que disculparme los cinéfilos, pero para mi no existe gran diferencia entre cine y televisión: es aprender y disfrutar a través de la imagen, de la vista, y sólo le veo como peligroso inconveniente la pasividad del receptor, pero creo que tampoco se deben hacer aspavientos, también nuestra actitud es pasiva mientras leemos, y no por ello consideramos perniciosa la literatura.
Sobre las posibilidades del uso de la imagen con fines de manipulación social, ya todo parece estar dicho y hecho: Hitler llegó a donde llegó usando la radio, y los alemanes cayeron en la trampa. Medio siglo después, Bush prohibió emitir imágenes de su lucrativa guerra sin que se considerara tal censura un ataque a la libertad, pues quien juzgaba eran tres generaciones criadas al amparo o desamparo de la televisión: bien alimentados materialmente y famélicos emocionalmente. La ley, copiada de una idéntica del nazismo, sigue vigente.
Así pudimos comprobar el resultado del uso de tal tecnología sobre la sociedad cuando es utilizada con fines espúreos: una muchedumbre de seres tristes y frustrados que considera más interesante el mundo primitivamente virtual que ven a través de una pantalla, que cuanto y cuantos le rodean. Con el espectáculo apropiado, siempre es posible crear en ellos, nosotros, cualquier innecesaria necesidad, con el consiguiente lucro.
Pero de igual forma que, como decía la canción, el video mató a la estrella de la radio, actualmente la informática ha relegado la televisión a un segundo plano, y seguro que hoy día miles de niños miran asombrados a sus padres, todavía televidentes, pero apenas interesados por ordenadores y computadoras, sin comprender cómo no les interesa esa última herramienta o arma, panacea o locura, que hemos inventado los humanos para hacer cada día más tupida la red de consciencias que dará lugar, tal vez dentro de no mucho, y por primera vez, a una humanidad que piense colectiva y empáticamente, superando la obsoleta estructura de millones de individuos compitiendo entre sí bajo el dañino hechizo de que es más efectivo competir que colaborar.
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EL VIAJE QUE CAMBIÓ TU VIDA
Dos viajes muy reales:
Me desplazo desde hace años en un vehículo a 29,5 kilómetros por segundo o, lo que es lo mismo, a 106.000 kilómetros por hora, recorriendo unos 2.544.000 kilómetros al día.
A pesar de ello, me han puesto multas por otras muy extrañas razones, pero nunca por exceso de velocidad.
No sé si el precio del viaje estaba pagado de antemano o habrá que pasar por taquilla al final, ni la razón de desplazarnos tan rápido en un viaje elíptico que nos puede llevar, en el mejor de los casos, al punto de partida.
La mayoría de mis compañeros de viaje desconoce la velocidad a la que se mueve, aunque algo deben presentir, visto su gusto y empeño por ir lo más rápido posible a ninguna parte.
A la nave la llaman Tierra, aunque debería llamarse, en buena lógica, Agua, y más de una vez he gritado, como tantos, y sinceramente convencido: que paren el mundo, que me bajo.
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HAY COSAS QUE NADIE PUEDE HACER POR TI
Por suerte para todos los pobres y desgraciados, o sea, para la mayoría, hay cosas que cada cual ha de hacer y padecer por sí mismo, por mucho poder o riqueza que se haya conseguido acumular en la vida. Si no, hasta de rascarse se librarían los poderosos, pero la vida está impregnada de una extraña justicia poética que pone lo más valioso al alcance de cualquiera y permite a la codicia y la fortuna apoderarse sólo de las migas de un banquete al que nunca tendrán acceso.
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¿TE COMERÍAS A TU PERRO?
Sin dudarlo, especialmente si se tratara de un perrito caliente, y aún si no lo fuera. A modo de autojustificación y consuelo, me acordaría de aquel pobre can que tuvo que ir devorando poco a poco a su dueña, ya fallecida, pues nadie hacía caso a sus ladridos, al quedar encerrado varias semanas con el cadáver. Estaba en su derecho el cánido a disponer, como cualquier ser vivo, de un cadáver para conservar su vida, pero no menos derecho tendría yo a disponer del suyo . . . y tratándose de un perro, de ahí lo de llevar una vida perra, que fuera o no cadáver en ese momento, sería un pequeño detalle fácilmente subsanable . . .
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LA CEGUERA DE QUIEN CREE VERLO TODO
Si no recuerdo mal, era Rosa Montero quien, no hace mucho, escribió un artículo de prensa haciéndose eco de una anécdota que le sucedió a una estudiante alemana, quien, estando en la cafetería de su universidad, se encontró a un estudiante africano comiendo de los platos de su bandeja. Ella, considerándole desconsiderado, se sentó enfrente y se puso a comer también, mientras observaba como el estudiante sonreía y callaba, lo que interpretó como una prueba más de mala educación, e incluso de cinismo. Ya terminada la comida, y al levantarse, observó en la mesa contigua una bandeja con todos los platos sin tocar: ésa era su comida, y había sido ella la que había comido, sin mediar palabra, de los platos del estudiante africano, quien se había resignado y limitado a sonreírle mientras compartía su comida, seguramente creyendo que era una estudiante con problemas económicos.
Muchas veces la vida nos da ese tipo de lecciones, que nos demuestran hasta qué punto lo evidente puede no ser más que un error interpretativo de nuestra mente o la más disparatada fantasía, sin más.
No obstante, nuestra necesidad de certeza a cualquier precio, nos hace a menudo olvidar esas lecciones para volver a la comodidad de quien cree, como todos en el fondo, estar en posesión de la verdad, del análisis oportuno, haciendo cuanto se puede hacer con las herramientas a nuestro alcance, siendo y actuando lo mejor posible en el mejor de los mundos posibles, el que, con tanta imaginación como esfuerzo, hemos creado en nuestras mentes.
A nadie se le puede reprochar esa necesidad de certeza, es el precio que pagamos a cambio de la capacidad de abstración que tanto nos aporta en la vida. Pero sí es reprochable cuando esa certeza personal, sea cual sea, traspasa los límites de lo individual y se cree con derecho a imponer su verdad: de ahí al integrismo, a no saber distinguir juicio de linchamiento, o a quemar a una persona mientras nos convencemos de estar haciendo no ya lo justo, sino incluso un gran favor, al salvar así su alma eterna, hay apenas un peligroso paso . . .
Por ello, cuando encontremos a alguien que, ante una frustración de cualquier tipo, sigue el camino de la imposición, es conveniente preguntarle si admitiría ser salvado, ayudado, socorrido y bendecido de la forma en que pretendidamente haría con los demás, consiguiendo así tal vez que ilumine su mente la siempre saludable duda. Aún en el supuesto de que así fuera, queda la segunda parte: admitir el derecho de los demás a la diferencia, a ver y vivir como crea opportuno mientras no intente imponerlo a sus semajantes.
Si se constituyera una organización de ciegos formada por quienes creen verlo todo mientras acusan al resto del mundo de no comprender, no ver, no interpretar correctamente o, simplemente, no razonar, sería sin duda la mayor organización humana, pero no venderían cupones para un sorteo de lotería, porque todos ellos se creen, el que menos, afortunado de poseer, sin un ápice de duda, la verdad y la razón en sus manos.
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AMÉN
Padre que estás, según algunos, en algún cielo, respetado sea, como el de todos, tu nombre, venga a nosotros la duda que nos impida, caer en el fanatismo de negar otros dioses, o en el integrismo de matar en tu nombre.
Hágase tu voluntad mientras sea voluntad de paz, sean tus ceremonias cantos a la vida y no al poder, Proteje de si mismos a ciegos que todo lo creen ver, y aparta de tu iglesia a quienes la codicia mueve, porque en tu nombre, cuanto ellos tocan, muere.
Enséñanos a comprender para poder perdonar, para que nuestro perdón no quede en hipocresía, y el difícil y casi desconocido arte de amar, que nos dé ánimos para vivir cada nuevo día, aún sabiendo que todo, hoy mismo, puede acabar.
Tiéntanos cada día con la curiosidad y la risa, con la alegre esperanza en un mundo mejor, con la dulce tentación de alcanzar la sabiduría, suficiente para comprender el misterioso amor, único motor de lo humano y de la misma vida, única razón que a tu nombre puede dar razón.
Amén.
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EL CAOS
No existe el caos, sino tan sólo nuestra incapacidad de comprender un orden demasiado tenue y complejo para nuestras pesadas y simples mentes.
Visto desde otro punto de vista, no creo que exista mayor prueba de la existencia del caos que la necesidad de crear ese concepto para huir del miedo a lo incomprensible.
De una u otra forma, se llega a conclusiónes realmente caóticas . . .
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¿QUÉ QUIERES QUE TE DIGA?
“Cuando los oídos son capaces de oír, entonces vienen los labios que han de llenarlos con sabiduría” (Kybalion)
¿Qué quieres que te diga, si al final cada cual sólo oye su voz, la única en la que confía, pues así cree que se lo ha enseñado la experiencia, a pesar de los errores cometidos y repetidos hasta la saciedad?
Pero aún así la seguimos escuchando, tenaces y temerosos de la soledad, en la que creemos que caeríamos si escucháramos todas las voces con el mismo oído, con la misma ley, con la misma paciencia.
Es esa misma resistencia la que nos impide aprender, realmente, a escuchar, y ése el camino que nos lleva al más oscuro silencio e ignorancia: esas cadenas que son más pesadas cuanto menos se sospecha su existencia.
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AUSENCIA
No creo que, en esencia, exista la ausencia, ya que ésta requiere previamente la presencia, y ésta sólo existe como proyección de la mente, lo cual es fe o creencia, pero no necesariamente presencia, y no habiendo ésta, no hay ausencia.
Y aún bajo dicha fe, no existe la ausencia más que de aquello que nunca fué o que dejó de ser en nuestra memoria. Por eso nada ni nadie existe, ni siquiera en nuestra mente, hasta que es reconocido y recordado, ni muere y desaparece hasta que es olvidado.
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LAS MANOS
Me encontraba mano sobre mano pensando en qué podría escribir sobre el tema “Las manos”. Recordé, y vino muy a mano, el caso de un soneto de Lope de Vega que sobre un soneto trataba, y aunque fuera una idea de segunda mano, pensé: ya que está a mano, escribamos.
Como más vale pájaro en mano que ciento volando, vayamos a lo seguro, que no se nos escape de las manos el tema, ni acabe demasiado manoseado, que no existe la perfección en el escribir, como no lo existe en nada por el ser humano creado, aunque no es menos cierto que, al osado, la fortuna le tiende la mano . . .
No pondría yo la mano en el fuego de que fuera a salir algo digno, aunque seguro que será algo manejable, manipulable, o , cuanto menos, algo manirroto, pero amable.
Puesto que manos que trabajan, no son manos, sino alhajas, pongámonos a la faena, que mejor que juntar las manos para rezar es abrirlas para dar, aunque no todos sepan disfrutar de tan sano placer, pues no todos comprenden que una mano sola no aplaude y, aunque no es aconsejable que sepa tu mano derecha lo que hace tu mano izquierda, tomemos de la mano a las palabras, y paseemos hasta ver a donde se llega.
Y si bien es cierto que donde no llega la mano llega la espada, no es esa la cuestión tratada, pues mucho más lejos, seguro, llega la palabra, tanto la escrita como la hablada.
De todos es sabido que es el uso de la mano lo que nos hizo humanos, y muchas manos unidas nos dieron alimento, refugio y sabiduría, por ello, cuando se encuentra uno mentes cerradas o egoístas, es inevitable preguntarles: Manos que recibís y no dáis, ¿qué esperáis?
No es de buen humano tirar la piedra y esconder la mano, así que digámoslo claramente, se me están acabando las expresiones que tengo a mano, por lo que lo voy a ir dejando, no sin antes hacer una última observación: Tan importante es la palabra “mano”, que no es casual, hermanos, que la palabra “humano” no sea más que una “u” que, acompañada de una triste hache muda, se une a una mano.
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MEMORIA
-Homenaje a Miguel Hernández-
¿De qué nos servirían los tiempos felices, sin memoria donde conservarlos para cuando lleguen los tiempos difíciles?
¿De qué nos seirvirían los errores del pasado, sin memoria para aprender de ellos?
¿Qué dignidad puede conservar un pueblo que no conserva su memoria colectiva?
Nada somos como individuos, salvo un puñado de recuerdos. Nada somos como colectividad, sin la memoria de los actos, ya mudos, de nuestros ancestros.
Tanta luz llegó a dar esta tierra, con rayos de poesía, ciencia, libertad y saber, que asustó y cegó a algunos de sus hijos, apenas un puñado, que, refugiados en su cobardía y sus miedos, decidieron apagar esa llama creativa de la que no sabían participar. . . El precio sería medio siglo de miseria material e intelectual.
Entre aquellas miles de llamas ahogadas cuando empezaban a brillar, estaba la de un hombre honesto, uno entre tantos, que supo por eso aglutinar el espíritu de todos: Miguel Hernández.
Su vida no vale más o menos que la de cualquier ciudadano de aquella generación que tuviera la dignidad suficiente para respetar el acuerdo social de entonces, y el ímpetu necesario para decir NO a quienes, en su locura, se creen con derecho a imponer por la fuerza de las armas sus ideas.
Pero este español de su tiempo y universal por sus versos, tuvo el merecido privilegio de sobrevivir al dolor, al miedo y a la infamia de los canallas a través de su poesía.
Cada vez que ésta se imprime en un libro, suena en una escuela, o se recita entre amigos, vuelve a renacer la llama vital de Miguel Hernández, y con ella, nuestra dolorida, pero nunca muerta dignidad.
Hasta siempre, ciudadano y compañero Miguel.
Nekovidal - nekovidal@arteslibres.net
MEMORIA
Homenaje a Miguel Hernández-Torre del Mar-26-5-2010
¿De qué nos servirían los tiempos felices, sin memoria donde conservarlos para cuando lleguen los tiempos difíciles?
¿De qué nos servirían los errores del pasado, sin memoria para aprender de ellos?
¿Qué dignidad puede conservar un pueblo que no conserva su memoria colectiva?
Nada somos como individuos, salvo un puñado de recuerdos. Nada somos como colectividad, sin la memoria de los actos, ya mudos, de nuestros ancestros.
Tanta luz llegó a dar esta tierra, con rayos de poesía, ciencia, libertad y saber, que asustó y cegó a algunos de sus hijos, apenas un puñado, que, refugiados en su cobardía y sus miedos, decidieron apagar esa llama creativa de la que no sabían participar. . . El precio sería medio siglo de miseria material e intelectual.
Entre aquellas miles de llamas ahogadas cuando empezaban a brillar, estaba la de un hombre honesto, uno entre tantos, que supo por eso aglutinar el espíritu de todos: Miguel Hernández.
Su vida no vale más o menos que la de cualquier ciudadano de aquella generación que tuviera la dignidad suficiente para respetar el acuerdo social de entonces, y el ímpetu necesario para decir NO a quienes, en su locura, se creen con derecho a imponer por la fuerza de las armas sus ideas.
Pero este español de su tiempo y universal por sus versos, tuvo el merecido privilegio de sobrevivir al dolor, al miedo y a la infamia de los canallas a través de su poesía.
Cada vez que ésta se imprime en un libro, suena en una escuela, o se recita entre amigos, vuelve a renacer la llama vital de Miguel Hernández, y con ella, nuestra dolorida, pero nunca muerta dignidad.
Hasta siempre, ciudadano y compañero Miguel.
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UN LUGAR EN EL MUNDO
Guía, instrucciones o brújula para encontrar su lugar en el mundo:
No olvide que habita un universo paradójico donde es tan real y verdadera una afirmación como su contraria. Aprenda a buscar la paradoja que se esconde tras cada acto, cada causa y cada consecuencia y descubrirá un extraño y asombroso juego.
El pasado sirve para aprender y el futuro para tener ilusiones, úselos adecuadamente mientras permanece prisionero del presente.
Existen hechos y posturas más o menos vitales, más o menos sanas, pero no buenas o malas. Bien y mal son sólo algunas de las tantas fantasías de nuestra mente, y juzgar y condenar lo diferente, una vía segura al integrismo mental. Admita la diferencia y unicidad de todo ser vivo, no hacerlo le llevará a encerrarse en la certeza y a renunciar a los beneficios del dudar.
No pierda la curiosidad, si no la tiene es porque todavía no ha encontrado su juego vital, el que le hará crecer. Búsquelo.
Para perdonar hay que comprender, y la capacidad de comprensión, tanto como cuanto deseamos, están limitados por lo que hemos percibido anteriormente. Si no lo admite, permanecerá encerrado en los límites de lo vivido, limitando así lo por vivir.
Todo individuo crea su propia ética, tiene su razón y está convencido de ella, y todas son dignas de respeto. Sólo la ruptura de acuerdos sociales no debe ser pasada por alto, sería un suicidio colectivo siendo, como somos, una especie gregaria.
Juego y arte son una misma cosa, disfrute de todas las creaciones, pero no mitifique ninguna ni a ningún creador, pondrá límites a su juego y desperdiciará la riqueza del mismo.
Puede engañar a los demás, e incluso engañarse a si mismo, pero la vida no admite trampas: Intente nunca hacer daño, el tiempo le devolverá cada egoísmo, cada crueldad, en el momento y forma que menos lo imagine. Si es realmente inevitable, que sea el menor posible.
Aprenda a diferenciar lo necesario de lo prescindible, lo importante de lo superfluo, los pequeños placeres de los grandes. Luego, elija.
Sea modesto en el aprendizaje, no crea que ya sabe porque cargue a sus espaldas muchos años o experiencias, siempre queda algo por aprender. Respirar, amar, perdonar, conocerse a si mismo, compartir o ser libre, son artes cuyo aprendizaje requieren toda una vida, y siempre nos queda alguna lección pendiente.
Aprenda a domesticar las costumbres, que son, al tiempo que nuestras cadenas, la llave para nuestra liberación. Somos lo que creemos y creamos. Si imagina lo mejor que su mente pueda concebir, y lo pone en práctica, terminará siendo lo imaginado, sólo necesita convertir esa idea en su costumbre y la costumbre la transformará en su realidad.
Viva y deje vivir, y tómese su tiempo para ejercitar ese arte, no caiga en la trampa de creer que ya lo sabe, es parte del examen final de cada ser humano.
Todo universo necesita un equilibrio más o menos estable, incluso los universos paradójicos: búsquelo en cada acto, en cada gesto, en cada pensamiento, cuando lo encuentre ya tendrá en sus manos su mapa interior, el detector de todas las fantasías y realidades.
No se desoriente si se encuentra con otros seres convencidos de saber exactamente cual es su lugar en el mundo, mientras, con tanto tesón como desorientación, giran en círculos.
Y si al final, a pesar de todo, no encuentra su lugar en el mundo, recapacite, tal vez esté buscando en el lugar equivocado, posiblemente demasiado lejos: ese lugar tan abstracto y dificilmente localizable suele estar mucho más cerca: casi siempre, en nuestro interior.
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EL OLIVO
Hundías tus raíces en esta tierra mucho antes de que el primer humano dejara su primera huella.
Bajo tu sombra almorzaron felices y sudorosos campesinos, retozaron dichosas parejas, y hubo también, más de una vez, la sombra de un ahorcado.
Te hicieron los hombres símbolo de paz, de felicidad y de gloria, mientras con tus ramas tallaban lanzas y flechas que unos hundirían en los cuerpos de otros.
Adornaste testas coronadas, atléticos cuerpos, banderas y escudos milenarios. Te lucían con igual orgullo guerreros, poetas y pacifistas, mientras a lo largo de los siglos enseñaste al arrogante y olvidadizo ser humano una lección de modestia adornando por igual sus cunas y sus tumbas.
Viste pasar ante tí ejércitos sangrientos y largas filas de cautivos, tanto como niños corriendo tras sus juegos, procesiones, romerías y entierros, y a todos diste sombra y consuelo.
Tu sangre fue alimento de aristócratas y también de los campesinos que te cuidaron, fue luz en la oscura noche de los siglos, alimentando lámparas de modesta llama, bajo las que se escribieron poemas eternos.
Cuando el tiempo, creador de todo lo habido, pensó en dar al hombre un amigo, eligió, de entre toda la verde vida ancestral, un árbol, y ese árbol fue el olivo.
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NAUFRAGIO
Ya no puede abarcar la memoria la lista completa de los naufragios vividos:
Creo que naufragué por primera vez allá en la infancia, cuando descubrí la hipocresía en que se desenvolvían los adultos.
Volví a naufragar observando el extraño poder de esos trapos de colores que llamaban banderas y les hacia odiarse unos a otros.
No menos doloroso fue el naufragio de la religión, descubrir la más absoluta oscuridad en quienes se decían portadores de luz.
Y como no, el naufragio político de creer que la idea propia es incuestionablemente mejor, sólo por ser propia, la ilusión y adicción a tener razón, a la verdad única.
Naufragué una y otra vez, decepción tras decepción, golpe tras golpe, preguntándome tras cada naufragio si valía la pena volver a embarcarse nuevamente, pero siempre volvía a partir de un nuevo puerto cargado de nuevas esperanzas que siempre acababan en el fondo de algún mar lejano.
Tantos naufragios . . . pero al final, siempre recala uno en alguna isla: un libro, una amistad, una idea, algo que creamos sólido con nuestra imaginación para sentir un mínimo de seguridad bajo nuestros pies.
Sólo en eso nos diferenciamos las personas: en la isla a la que nos arrastramos cuando naufragamos, y lo sólida y segura que nos convencemos a nosotros mismos que es.
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EL PULPO
Unos les llamaban dioses, otros, más cautos, vecinos interestelares. Cuando llegaron, todos les esperaban con impaciencia y fundadas esperanzas. Habían advertido que venían en son de paz, y como prueba de ello, regalaron al planeta varios sistemas tecnológicos para revertir el efecto invernadero. Su segunda medida fue desactivar completamente todas las armas nucleares y prohibir las guerras, lo cual hizo sospechar a los más suspicaces. Su sistema, sumamente efectivo, era tan simple como sorprendente: todo el que albergaba ganas de quitar la vida a un semejante, moría con tanta rapidez como odio albergara en su interior. Para sorpresa general, no murieron todos los soldados, pero murieron muchos automovilistas estresados en aglomeraciones de tráfico a lo largo y ancho de todo el mundo. La siguiente medida fue controlar la natalidad de las especies que se comportaban como plagas: el ser humano fue, junto con algunos insectos, de las más afectadas. Tras distribuirse anticonceptivos por todo el planeta, mse respetaría toda vida, pero quien tuviera más de dos hijos, habría de entregar la suya a cambio de la del tercero. La solución del hambre y las muertes evitables fue mucho más rápido de lo esperado: sin vulnerar el para ellos absurdo sistema económico humano, extraían cantidades ingentes de dinero de las cámaras acorazadas de los paraisos fiscales, extracciones que, por razones obvias, no solían ser denunciadas, y cuando lo eran, la policia poco podía hacer: simplemente, habian desaparecido esas toneladas de billetes de curso legal, que en manos de una recién creada multinacional, se distribuyeron de forma efectiva por todo el mundo.
Al cabo de tan sólo cinco meses el clima se había estabilizado, parecía un milagro. Dieron entonces su octavo comunicado, en el que avisaban que iban a entrar en contacto directo con las especie consciente más desarrolladas del planeta para acordar juntos un tratado de continuidad ecológica que garantizara la vida y firmar acuerdos de amistad y cooperación mutua antes de abandonar el planeta. El encuentro sería, dijeron, en las zonas más habitadas por estas especies. En las grandes ciudades, masas enormes de seres humanos se amontonaron, el día señalado, en los mayores espacios abiertos: plazas, parques y avenidas, esperando el gran momento.
Pero no sucedió nada . . . Los noticiarios de la noche lo anunciaron: la fuerza aérea de varios paises habian identificado siete puntos de encuentro en los distintos océanos: en ellos el agua parecía hervir, habiéndose identificado varias especies de cetáceos, delfines y, bajo el agua, según fotografías conseguidas por un submarino ruso, una cantidad ingente de pulpos.
Al día siguiente se marcharon, sin haber tenido ningún contacto directo con los decepcionados humanos, dejando desactivadas las armas nucleares y siendo su empresa la más poderosa del mundo, imposible ya de hacer desaparecer sin provocar un caos económico. El mundo había cambiado completamente en apenas unos meses.
Su comunicado de despedida fue tan lacónico como sorprendente: “Alimentarse provocando la muerte o el dolor de otros seres vivos es primitivo y cruel, pero alimentarse comiendo especies conscientes superiores a la propia, es antinatural. Por favor, abandonen esas prácticas tan primitivas”. “Les hemos dejado las instrucciones para la supervivencia biológica del planeta a las especies más desarrolladas, cuando aprendan a comunicarse con ellas tendrán acceso a dicha información”.
Se dice que un pulpo “a feira” devorado en una remota aldea orensana y una ballena cazada una semana despúes fueron las últimas víctimas de tan bárbara costumbre.
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PREGUNTAS SIN RESPUESTA
¿No da una pregunta siempre lugar a otra?
¿Se puede hacer concebir a alguien una idea, un aroma o una actitud que nunca ha sentido antes?
¿Quién está más loco: el mundo que se mira a si mismo convencido de que es como cree que es, o Don Quijote, que lo mira como podría ser?
¿Existe algo que diferencie más a las personas que la proporción de su discurso que emplean en hablar de si mismas?
¿Cuántas dudas escondes tras tu lista de certezas?
Y para terminar: Si los hombres somos todos iguales, ¿por qué las mujeres son tan selectivas?
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EL LIBRO DE LA VIDA
Sospecha de quien afirme que la vida tiene su libro sagrado al que nunca hay que cuestionar.
Sospecha de cualquiera de las religiones, especialmente las llamadas del Libro, son las que más muerte han provocado.
Sospecha de las personas de un sólo libro: su libro de cabecera suele llenar su cabeza, no dejando lugar para la duda.
Sospecha de quien sospecha de todo y de quien no sospeche de nada.
Pero nunca sospeches de un libro, si los elementos más sospechosos de entre los humanos les hicieron padecer la hoguera más veces incluso que a sus semejantes, es que son dignos de confianza . . .
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HOMENAJE A DON QUIJOTE EN UN LUGAR DEL FUTURO
En un punto o lugar del cercano futuro, de cuyo nombre por razones obvias no puedo acordarme, apareció, víctima de un accidente espacio temporal, provocado por las todavía primitivas máquinas del tiempo, uno de los tantos personajes que creíamos de ficción, pero que resultó ser tan real como la estrella que nos alumbra, un personaje que, ya en la época que le tocó vivir, se encontraba un tanto marginado entre sus contemporáneos pues, negándose a padecer un presente que sentía lleno de injusticias, decidió abandonar la comodidad de su hogar para recorrer el mundo intentando subsanarlas.
Fue a caer este pobre hombre a principios del siglo XXI. Le acompañaban su escudero Sancho, su jamelgo Rocinante y el estoico Rucio, que a Sancho cargaba sobre su lomo.
Tras una semana deambulando por los campos, arribaron todos ellos a una gran ciudad, y he aqui algunos diálogos y aventuras que vivieron:
“Sin duda, amigo Sancho, todo esto es artificio y traza de los malignos hechiceros que me persiguen. Mira a que sitio tan triste nos han traído, que el mismo infierno parece: mira el semblante de esos hombres, sin un gesto, sin una sonrisa que denote que tienen alma, por eso será que llevan al cuello una soga atada, como presagio de su condena.”
“No, mi señor, he observado que a la soga la llaman corbata y la tienen por símbolo de nobleza, pues quienes la portan son aquellos que no viven de su sudor, sino del ajeno.”
“Extraña costumbre que no hace sino confirmar mis sospechas. Observa esas altas torres que no es posible haya construido ser humano alguno, y esas luces que brillan sin que ningún fuego las alimente, y esos niños hechizados, que el que no ataca o vocifera a sus padres está bajo el poder de esos extraños artilugios que portan en sus manos, del que no separan la vista durante horas, mientras los golpean con los dedos como llamando a una puerta que no puede llevarles sino a la necedad o a la locura”.
“Todo esto es tan contra natura que no puede ser sino venganza de Fristón, ofendido y envidioso por los entuertos que deshice y las injusticias que reparé.”
“Mas lo peor es sin duda esas ruidosas bestias de metal que ensucian el aire con venenosos humos mientras galopan, todas entre ellas mismas entreveradas, y los pobres condenados que dentro padecen su cautiverio. En esto apreciarás la crueldad a que pueden llegar magos y hechiceros cuando se sienten ofendidos en su vil arrogancia.”
“Y mira aquellos follones y malandrines, que con estruendosos pitidos se plantan en medio de las bestias de metal y fingen dirigirlas, cuando no hacen sino enturbiar más el ánimo de los pobres condenados que van dentro. Oh, Sancho amigo, grandes maldades debieron cometer para merecer tan cruel castigo. Por mi fe que en el mismo averno estamos.”
“Mas también pudiera ser, reflexionó Don Quijote, puesto que cautivos somos todos del malvado Fristón, que sean buenas gentes condenadas sin más delito que la mala fortuna de haberse cruzado en el camino de tan vil encantador. Liberémoslos, Sancho, y rompiendo su maleficio podremos tal vez liberarnos nosotros, haciendo de paso el bien suficiente para que hoy sea un dia digno de un buen caballero andante y su fiel escudero, que eres tú Sancho, aunque a veces no parezcas apreciar la dignidad de tu oficio”.
“Mire vuesa merced que por la velocidad endiablada a la que van, varios corceles deben llevar dentro tan extrañas criaturas, y no será menester ponerse en su camino, no vaya vuesa merced a sufrir accidente semejante al de los molinos . . . “
“Calla, Sancho, que este es el día en que se ha de ver el bien que me tiene guardada mi suerte y se ha de demostrar el valor de mi brazo, que nunca fue el miedo compañero de ningún caballero andante”.
Y diciendo esto arremetió Don Quijote con tal fuerza contra un Nissan Primera que circulaba por la plaza, que a duras penas pudo el conductor evitarle. Pero menos suerte tuvo un Mercedes que venía a continuación, pues enristrando Don Quijote su lanza, tomó la estrella de la marca como punto de mira y fue como alma que lleva el diablo a encajar su lanza y su cabeza en el parabrisas del automóvil cuyo aterrorizado conductor, a punto de caer inconsciente, acertó a preguntar:
“¿Esto es de alguna película que están rodando?”
“¿Película, decís, incauto, ¿qué es eso? ¿sinónimo de encantamiento o hechicería? Dejad de hablar y corred para recobrar la libertad que injustamente os fue arrebatada, que yo os defenderé de los esbirros de Fristón.”
Desmontado del pobre Rocinante, que una vez más había pagado las consecuencias del ímpetu de su amo, saltaba Don Quijote de lado a lado del automóvil empuñando la espada y pinchando y cortando con ella a los airbags que se iban desplegando uno a uno, mientras gritaba:
“De nada te servirán tus malas artes, Fristón, que por muchos odres o vejigas de carnero que pongas en mi camino, he de liberar a este condenado y con ello romperé el maleficio que a esta extraña tierra me tiene atado”.
En esto estaba cuando fueron llegando ambulancias y coches policiales hasta rodear la rocambolesca escena que nuestro incomprendido Caballero de la Triste Figura había creado.
Media hora después ya se encontraba el pobre Sancho declarando en una comisaría sin comprender la mitad de las preguntas que le hacían, e intentando explicar que nada malo pretendía su señor, sino liberar a los cautivos de las endiabladas criaturas.
Don Quijote, ya internado a las pocas horas en un centro psiquiátrico, no dejaba de vociferar:
“Vente a mi, Fristón, que un caballero solo soy, y de solo a solo quiero probar tus fuerzas y quitarte la vida en pena de la que das a todos estos pobres cautivos. ¿Crees poder engañarme vistiendo de blanco inmaculado, cual si ángeles celestiales fueran, a éstos, tus malditos esbirros?”
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CUAN LARGO ME LO FIÁIS
Tranquilo, Sancho amigo, que pronto serás no sólo gobernador de una ínsula, sino el más envidiado de tu pueblo, un hombre rico, poderoso y sabio como ya eres con los límites de tu tosca naturaleza, pero sabio al fin y al cabo.”
¿Y cuando será eso, mi señor?
Pronto, sancho, pronto, tan pronto como resolvamos las injusticias de este mundo al que hemos venido a caer.
Cuan largo me lo fiáis, mi señor Don Quijote . . .
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CAUSALIDADES Y CASUALIDADES
No es casualidad que seas la causa de tus alegrías e infortunios, ni es casual cuanto sucede a tu alrededor, desde lo mejor a lo peor. Porque en todo hay una causa, y la causa de todo es, para nuestras limitadas mentes, una casualidad, que no es, de hecho, más que una inconcebible realidad causal.
Tan real y objetivo es decir que todo es casual como que todo tiene un origen causal, y la contradicción no existe, ésta no es más que un mecanismo de defensa de nuestra mente, incapaz todavía de navegar libre por este universo paradójico.
Nada y todo es y no es causal o casual . . . Ni siquiera es casualidad que casual y causal se diferencien sólo en una letra . . .
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EL ALIMENTO DE LOS DIOSES
Necesitaremos crear y nominar dioses hasta que alcancemos a comprender que todos ellos están en nosotros, que hasta el más modesto de los mortales porta en su interior la esencia misma de todos los dioses habidos y por haber. Nuestros dioses son la expresión máxima de nuestras aspiraciones y anhelos, de nuestros miedos, de nosotros mismos, en definitiva. Los dioses nunca son malos o buenos, el peor no podrá jamás superar la maldad de quien lo crea en su imaginación, como el mejor no podrá superar la bondad que pueda concebir su creador. Los límites de su grandeza los decidimos nosotros, los asustadizos creadores de dioses creadores.
A esos dioses y a cuanta divinidad creamos, los alimentamos a diario con nuestra fe o con la negación de la misma, cada cual con sus dudas y certezas. Pero padecen esas divinidades, más a menudo de lo que creemos, auténticas epidemias de hambre: la inanición les derrota cada vez que un humano, no conforme con crearles y adorarles, se arroga el derecho a ser su portavoz, y exige, en su locura, sacrificios de vida para el altar de su dios: es cuando éste, lejos de alimentarse, ve como se desgaja de sí una parcela de vida única que ni la eternidad del tiempo podrá recuperar. Hay quien dice que es entonces cuando todos los dioses miran con tristeza a sus criaturas creadoras y, en silencio, lloran.
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FINAL ABIERTO-9 (Juan Pérez de Siles- Nekovidal)
¿Cuál es el precio de la experiencia ? ¿Se compra la Sabiduría en la calle, con una danza? No, el hombre debe pagar por ella todo lo que posee.
(Willam Blake )
LO GRANDE Y LO PEQUEÑO
Ah, Nils:¿ Quieres que subamos al Torcal?
Ah, venga vale.
Aparcamos el coche en un punto del carril desde el que nos era fácil llegar al tajo.
Una tarde espléndida con olor a tomillo, romero y otros olores a los que yo no sabría ponerles nombre. "Todos los colores del verde” que cantara Raimón al Pais Vasco.
A nuestra espalda el imponente paso de Ventas de Zafarraya y delante, a tiro de piedra, el tajo del Torcal.
Nos aproximamos al borde cuando ya el Sol estaba cerca de su ocaso, Delante de nosotros, hacia el poniente, nos sorprendía el impresionante paisaje que desde allí se dominaba. Quedamos de pié por un rato anonadados por el espectáculo de aquella infinitud, líneas de montañas al contra luz entre las que se colaban los rayos anaranjados del Sol iluminando las colinas protuberantes del valle ya en sombra.
Intentamos balbucear los típicos comentarios que se hacen ante una visión semejante. Pero entendimos que aquello no era para hablar y decir tonterías que pudieran enturbiar lo mas mínimo aquel inmenso instante. Quedamos en silencio.
Nos sentamos en sendas rocas, uno frente al otro y comenzamos a escudriñar el suelo que teníamos delante, bajo nuestros pies : palitos, piedrecillas, pequeñas plantas, una hormiga que cruzaba, y a comentar sobre lo que veíamos, sobre lo que dicen los científicos en cuanto a la vida, bla, bla, siu, siu.
De pronto nos miramos y rompimos en una carcajada de alegría contenida a dos pasos del llanto. Ambos los dos supimos en ése instante lo pequeños que éramos........ (Juan Pérez de Siles)
Pero tras la certeza de nuestra diminuta existencia, pensé, se esconde la certeza de nuestra enormidad: somos una mota de polvo ante la inmensidad de las estrellas, pero somos enormes galaxias para cualquier partícula subatómica.
Nils me miró y dijo: ¿Te has parado a pensar en cómo nos imaginará un quark de nuestro cuerpo, tal vez uno de los que forma, con varios millones más, la piel de la punta de uno de nuestros dedos de uno de nuestros pies? ¿Has caído en la cuenta de que es muy probable que también tengan su nivel de conciencia y que dicho nivel pugne por intentar concebir a su creador o al universo del que forma parte? Lo más pequeño está incluído en lo más grande como lo más grande está incluído en lo más diminuto. Y ya sabes que al final todo, absolutamente todo, desde una partícula subatómica al mayor de los agujeros negros, no son más que energía . . .
Tras reflexionar, le contesté con la mirada aún perdida en el vacío del paisaje: Somos sólo cuanto creemos ser, nada más, podemos crear el paraíso o el infierno a cada instante, podemos ver en cada amigo un universo de infinitos matices o mirarle sólo por encima o debajo de nosotros, en cualquiera de las escalas artificiales que creamos con nuestra ruidosa mente. Podemos optar por ser o por tener, y si caemos en el juego de la posesión, cerramos las puertas de todo crecimiento personal.
Y por encima de todo, estimado amigo, está lo incomprensible, lo inabarcable y la capacidad que tengamos de no sufrir por ello, de relajar la mente lo suficiente para sentir que somos parte de un todo, sin caer en ningún conflicto con lo inmedianto, aún cuando en lo inmediato debamos sobrevivir. En el equilibrio, como siempre, está la respuesta . . .
Sí, Juanito, la curiosidad nos lleva al saber, pero el ansia, el deseo obsesivo por comprender, frena nuestros pasos hacia la sabiduría. El conocimiento no es un fin concreto al que alcanzar, no es una meta, sino una sincronía, una sintonía perfecta que surge de nosotros mismos, se refleja luego en nuestros semejantes, después en todos los seres vivos y finalmente en la misma materia inerte. Cuando sincronizamos con todo es cuando empezamos a encontrar sin buscar siquiera. No deberíamos olvidar que habitamos un universo paradójico, con todo lo que eso implica: aqui toda afirmación es tan cierta como su contraria y conceptos como bien y mal, fe, verdad, libertad o autoridad no son más que ilusiones y fantasias de nuestras mentes, que buscan en vano medios de comprensión de lo incomprensible.
¿Recuerdas cuántas certezas cargábamos sobre nosotros en nuestra juventud...?
Ahora ya no nos preguntamos con angustia, y está bien, pero aún nos sorprendemos, y lo que es peor, aún juzgamos. . . nos queda todavía mucho camino por andar. . . Este paisaje impresionante no es mejor o peor que una ciudad contaminada, lo uno equilibra y le da sentido a la existencia del otro, en algún punto que no alcanzamos a comprender ni a imaginar siquiera. No es importante el papel, la obra es continua, eterna e irrepetible a la vez y, ante todo, paradójica . . .
Cuando aprendamos a sentir esto, la primavera en el frío del invierno y el frescor de la nieve en el tórrido verano, será cuando estemos al fin en sintonía con el resto del universo: cuando seamos, teniendo todo sin necesidad de poseer nada y siendo, incluso aunque no estemos.
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LA LEYENDA DE LA ASOCIACIÓN SIN NOMBRE
Hoy día sabemos que fueron muchas, decenas o tal vez incluso centenares, aunque los datos son confusos. Surgieron a principios del siglo XXI en varias partes del mundo. Eran completamente diferentes en sus nombres y número de miembros, pero tenían en común sus estructuras horizontales y desacralizar todas las artes, al tiempo que las interrelacionaban entres ellas.
Creaban y compartían obras, información y nuevas ideas, dejando el aprendizaje técnico como una parte más de la elección personal de cada individuo. Se adelantaron a su época negando todo valor comercial o económico al arte, y considerando toda expresión artística o artesanal una forma de juego y, por tanto, de exponente máximo de creatividad humana.
Tras las tormentas solares del 2078 y la enorme pérdida de infomación a que dieron lugar, se intentó reconstruir, con los datos disponibles, la historia humana hasta entonces, quedando algunas obras y actuaciones de estos grupos, pero pocos datos concretos sobre quienes los formaban.
Uno de ellos, radicado en un pueblo costero del sur de Europa, que en aquella época de bloques comerciales aún era conocida como Unión Europea, tuvo la particularidad de tener varios nombres consecutivos, sin que se sepa a ciencia cierta la razón de ello, pero aceptándose hoy en día que se trataba del mismo grupo.
Con los escasos datos que se conservan, pretendemos rendir desde esta universidad un sentido homenaje a sus miembros, entre los cuales se ha podido identificar a :
Diego el persa, conocido también como el ceramista, sin que se sepa a ciencia cierta si procedía de la rica y ancestral cultura persa, o se trataba sólo de un sobrenombre.
María la Buena o Bueno, que debió ser muy apreciada por sus compañeros, en vista del apodo o nombre elegido por éstos.
Alicia, sobre la que hay testimonios contradictorios sobre su origen, americano o de la cercana región de Granada.
José Guerrero, de quien se sospecha, por el nombre dado, que fuera quien instigó la rebelión contra quienes, allá por el 2008, al principio de la andadura del grupo, negaron la igualdad de derechos entre sus miembros, dando lugar al consiguiente conflicto.
Juan Pérez de Siles, que se cree que corresponde al mismo personaje de quien se conservan un par de pinturas, una de ellas, el archiconocido “Pez rojo nadando en la sequía”.
Del resto no conservamos, por desgracia, más que escasas referencias, además de sus nombres: Lola C., de quien se cree que trabajaba de profesora en un pueblo cercano, Mari Carmen M. de la que se sospecha que era doctora en medicina o practicaba la hechicería, pues ambas artes estaban vigentes en aquella época, Bego la Joya, sin que se sepa a ciencia cierta si el nombre es metafórico o se refiere a su fortuna material, Javier Franco, de quien se sabe con certeza que no estaba emparentado con el dictador de unas décadas antes, Jenny, a quien se cree originaria de las tierras del norte europeo, Leny, de cuyo estudio de baile flamenco se conservan unos segundos de grabación por un encuentro celebrado allí por el grupo, y varias personas más que se mantuvieron en contacto con el grupo en la distancia, bien por haber sido parte del mismo anteriormente, o por ser socios que vivían a cientos o miles de kilómetro de distancia, un impedimento para los primitivos sistemas de transporte de la época: Pascal Gavillon, que se cree que es el mismo famoso caricaturista, Beatriz B, de origen norteño que que se cree que habitaba la cercana ciudad de Almuñecar, Maite Guerrero, que creemos no emparentada con José Guerrero, y Julia, estas dos últimas del reino o comunidad autónoma o provincia de Granada, que también en esto son confusos los datos de que disponemos.
Había al parecer otro grupo de socios que, habiendo formado parte del grupo en los momentos iniciales, volvieron a unirse a él años después, cuando con la llegada de los ordenadores cuánticos, se desarrollaron lo suficiente los primitivos sistemas de videoconferencias virtuales: Chiara, que se cree procedía de la cercana Península Itálica, Noemí, que vivió en varios puntos de otra península, la conocida entonces con el nombre de España, Christiane Cote, de la para ellos lejana Canadá, Esther Luna, más conocida por sus actividades teatrales, de las que se conservan algunas grabaciones, etc. De otros quedan escasos datos, e incluso un escrito, de los pocos conservados en papel, insinúa que hasta un sacerdote católico, un tal Manolo Mingorante, había entre sus miembros, lo cual da idea de la amplitud de miras del grupo, donde se sabe con certeza que la mayoría de sus componentes eran, el que no “agnóstico”, declaradamente “ateo”, conceptos opuestos a “creyente”, y todos ellos difíciles de comprender en nuestra época. Entonces, al parecer, necesitaban algunos de nuestros ancestros crear grupos, a los que llamaban religiosos o religiones, que se tenían a si mismos por espirituales, en los que sus miembros se reunían para repetirse mutuamente, mediante complejos rituales, que existía determinado dios, al tiempo que negaban todos los demás, llegando incluso a agredirse entre los distintos grupos. Es ésta una de las curiosidades y contradicciones más estudiadas y analizadas hoy en día sobre aquellos oscuros siglos.
A todos los componenetes de esa asociación de varios nombres queremos rendir hoy este homenaje en el tercer centenario de su fundación, como símbolo de todos los grupos humanos donde, aunque fuera mínimamente en aquella época primitiva y agresiva, se dieron los primeros pasos para aprender a vivir dejando vivir, la simple pero sólida base de nuestras pacíficas, igualitarias y estables sociedades actuales.
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TEXTOS SIN FRONTERAS
Un texto sin frontera es ese que marca la linea de la libertad de cualquier texto: ese punto en que podemos caer en la trampa de pensar que estamos escribiendo y olvidar que, en realidad, sólo estamos expresando.
La línea donde se mitifica la literatura es la alambrada que salta alegre y libremente todo texto sin frontera, rehuyendo de toda norma que pretenda regir la expresión. Al otro lado está la literatura viva, la que ni puede ni quiere mostrar ni más ni menos que cuanto somos, sin pretensiones, sin complejos, sin trampas . . . por eso provoca miedos, por la falta de costumbre de ser responsables de nuestra libertad.
Hay textos sin frontera especialmente dados al proselitismo, uno de ellos recorre el mundo susurrando:
"Aléjate de la sabiduría que no llora, la filosofía que no ríe y la grandeza que no se inclina ante los niños." (Gibran Khalil Gibran)
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LA ANTINOTICIA
“Una verdad sin interés puede ser eclipsada por una falsedad emocionante”. (Aldous Huxley)
Sería la última portada del último periódico, un titular de despedida. La orden había llegado de arriba y no había vuelta atrás: era imposible competir con la prensa digital, sólo los diarios de grandes tiradas, sostenidos por multinacionales de oscuros intereses, se mantenían en la calle, los demás habrían de digitalizarse o desaparecer.
En veintitrés años, nadie había cuestionado su libertad para actuar, sólo se le había exigido una ética que nunca fue necesario recordar a nadie de la plantilla. Guardaba por ello un hondo aprecio hacia Benítez, uno de los pocos hombres que aún creía en la libertad de prensa, el mismo que le acogió en el periódico cuando era un novato recién salido de la universidad, un joven entre tantos, que creía saberlo todo sin haber vivido nada. Lo que más apreció de él fue que supo confiar en que ese joven llegaría a ser un buen periodista. Aquello que en su momento pareció lejano e imposible se transformó en realidad y se sentía orgulloso de no haberle defraudado.
La última portada . . . sabía que tenía total libertad para hacerla, sabía que incluso aunque escribiera: “A LA MIERDA TODO” se publicaría . . .
Empezó a hacer memoria de los miles de titulares que había tenido que elegir, de los cientos de miles de noticias que habían pasado por sus manos, hasta que recordó la frase de Huxley, aquella en que afirmaba que una verdad sin interés puede ser eclipsada por una mentira emocionante. Comprendió por un instante el triste estado evolutivo de su especie, pero ya no caía en el error, como años atrás, de hundirse en el desánimo, también guardaba miles de recuerdos de la grandeza humana.
Girando en torno a la frase pensó: ¿cuál es la verdad más diáfana, más absoluta, más evidente y que, sin embargo, pueda resultar sin interés?, ¿y cuál es la afirmación que la mayoría consideraría una mentira, pero una mentira emocionante?
Echó un vistazo a la botella de güisqui gran reserva que Benítez, con lágrimas en los ojos, le había entregado, a modo de despedida, el día anterior, y bebió un trago corto y pausado. Entonces lo comprendió y se asombró al descubrir la paradoja: había un titular que cumplía los requisitos de ser al mismo tiempo una verdad sin interés y una mentira emocionante. Lo escribió antes de que algo se lo pudiera arrebatar de la memoria, la portada, a media página, pondría:
“LA VIDA ES MARAVILLOSA”
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EN TIERRA DE NADIE
Esta tierra que hace rebrotar la vida en cada ciclo, que regala todo lo esencial a quien sepa reconocerlo, pero cobra carísimas las vanidades.
Esta tierra que contiene en su aire, sus aguas y sus entrañas, los restos de todos y cada uno de nuestros hermanos que ya concluyeron su viaje.
Esta tierra que nos perdona cada día, pero nada olvida.
Esta tierra que creemos nuestra, no lo es en propiedad, es un legado sin más dueño que un proceso inconcebible del que formamos parte.
Esta tierra siempre ha sido tierra de nadie, por eso es la tierra de todos.
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NOCHE DE PERROS
Aquella fue la noche en que estalló la ira y saltaron todos los límites de la frustración y el miedo. En las grandes ciudades del Primer Mundo estalló la locura, y una luna llena roja como la sangre observó como una cadena de incendios y crímenes mostraba el resultado de décadas de represión interior de millones de personas.
Al principio pocos tenían razones para la ira, pero horas después, todos estaban convencidos de tener derecho a la venganza.
Se llamó, años después, cuando se prohibieron las poblaciones humanas de más de cincuenta mil habitantes, la Noche de Perros.
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AGITAR ANTES DE USAR
INSTRUCCIONES DE USO:
1-Sáquelo de donde lo había introducido y condúzcalo con una mano al lugar oportuno.
2-Sosténgase firmemente con una o ambas manos.
3-Agítese con un movimiento firme y constante de muñeca hasta conseguir la consistencia deseada.
4-Retire la funda de plástico, si la hubiera, antes del momento apropiado.
5-Tenga mucho cuidado de no derramar el líquido antes de tiempo.
6-Una vez derramado, extiéndalo, según su gusto, por toda la superficie.
7-Disfrute de su olor, sabor, consistencia y de todos los placeres que le pueda brindar, solo o en compañía.
8-Finalmente, cierre el bote de mayonesa, vuelva a meterlo en el frigorífico y deje de pensar en extraños juegos de palabras de doble sentido.
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NO TEMAS
No temas a la vida, porque formas parte de ella y no puede abandonarte, porque eres tú, en esa extraña simbiosis que los humanos sólo podemos concebir como unión de vida y muerte, incapaces de captar el conjunto indisoluble que forman.
No temas a lo nuevo, todo es nuevo a cada instante y forma parte del transcurrir mismo del tiempo y del universo en que vivimos, sólo tu actitud diferenciará, según mires, cuanto acontece a tu alrrededor.
No temas decir cuanto piensas, si no hay en tus palabras intención de herir: antes o después, quien tenga ojos limpios verá tu intención y perdonará si hubo error en ellas, apreciando cuanto transmitían.
No temas al egoísmo, pero teme al error de imitarlo. Busca tu lugar en el mundo, prepara las mínimas defensas que te permitan sobrevivir y el resto, todo el resto, regálalo, te asombrará lo generosa que es la vida con quien es generoso.
No temas equivocarte, los errores son tan sólo lecciones. De nada sirve girar dolorosamente en torno a un error, aprende cuanto te ha pueda enseñar, completa el círculo del aprendizaje, y recuérdalo luego como un hecho más del pasado. No repetir un error es la prueba de que ha pasado a ser una lección aprendida y no una carga a la que arrastrar el resto de la vida.
No alimentes el miedo con tu temor, porque sólo de tu temor se alimenta. El miedo, que tan sabiamente creó la naturaleza para defender la vida, se transforma, como cualquier medicina, en veneno, una vez que sobrepasa cierta dosis.
No temas a la vida: te fue regalada y deberás regalarla. Ser mezquino en esto sólo te traerá miseria y dolor. Aprende el placer de dar con tanto tesón como todos los egoismos y tristezas de cuantos te rodearon te enseñaron el placer de recibir.
No encierres tu vida mirando sólo una cara de la moneda vital y tendrás, sin buscarla siquiera, la mayor fortuna.
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LA VERDADERA HISTORIA DEL TABANICO
Pocos conocían la verdadera historia de Tabanico, aquel tábano famoso por volar con las alas ligeramente inclinadas, en forma de abanico. Su aleteo, que resultaba especialmente atractivo a las hembras, era considerado una muestra de la creatividad del insecto y hacía volar a su alrededor a sus hematófagas compañeras con la esperanza de conseguir sus favores. Lo que nadie sabía es que su tan extraño aleteo lo había visto y copiado de una multitud de gigantes que, vestidos de vivos colores, interpretaban ruidosos bailes. Había oído que lo llamaban “Día del orgullo gay”, y nunca llegó a comprender qué significado tenía realmente todo aquel alboroto.
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LA SOLIDARIDAD
SOLIDARIDAD > SOL I DAR I DAD > Sol y dar y dad.
Comenzó a creer en la solidaridad el día que pensó que sería el peor de su vida: cuando, necesitando ayuda y no teniendo nada que dar a cambio, alguien le ayudó.
El tiempo le demostró que había sido el mejor día de su vida . . .
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SE EQUIVOCÓ LA PALOMA
Los dos bloques llevaban tres años y medio de guerra infernal. No quedaban ya soldados mayores de veinte años, ya pronto sería una guerra de niños. Hasta las bestias miraban asombradas la inexplicable bestialidad de los hombres. Los medios de comunicación del frente eran ya sólo palomas mensajeras, pues las bombas magnéticas habían inutilizado los que se creía avanzados sistemas informáticos, y hasta la electricidad llegó a ser un lujo. Era, como siempre, una cuestión de codicia y orgullo entre líderes insensibles y desquiciados lo que hacía imposible detener la carnicería: ambos habían jurado por su honor que nunca darían el primer paso para solicitar la paz o detener el conflicto, del que esperaban salir victoriosos. Daniel, a sus ocho años, era plenamente consciente de la situación: pronto su único hermano mayor vivo, de apenas quince años, sería llamado a filas como antes lo habían sido sus otros dos hermanos mayores, ya enterrados en alguna fosa común del frente. Daniel había criado y domesticado dos palomas, a las que más de una vez tuvo que evitar con ruegos que no terminaran en la paupérrima olla familiar. Haciendo uso de su natural habilidad para la copia, que tan buenos resultados le había dado en las pocas clases de dibujo a las que pudo asistir, escribió dos mensajes idénticos: “DEN ORDEN DE ALTO EL FUEGO INMEDIATO, NOSOTROS YA LA HEMOS DADO”.
Las dos palomas sobrevolaron los campos calcinados y en apenas ocho horas se detuvo el ya cotidiano traqueteo de la artillería y pronto comenzaron las celebraciones en las ciudades cubiertas de escombros.
Los líderes transmitieron idéntico mensaje:”Hemos vencido, ellos han claudicado y rogado la paz”.
Aún pasaron tres días hasta que se descubrió el engaño: ninguno de los mandos militares había enviado el mensaje, era una falsificación, posiblemente de los servicios secretos del enemigo, decían. Los jefes militares de ambos bandos intentaron volver a la contienda, pero, tanto en la población civil como en los agotados soldados, la euforia de los últimos días se transformó en inmensa indignación y las órdenes, incluso bajo la estricta disciplina militar, fueron masivamente desoídas. Era imposible volver al combate, a la guerra, al odio: ya todos habían recordado el casi olvidado sabor de la paz y sabían que no habían sido las palomas quienes se habían equivocado.
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BLOCK DE NOTAS
* Nos asusta, en ocasiones, la felicidad, porque la sabemos efímera y pasajera. ¿Debe, entonces, asustarnos la vida, que también lo es . . . ?
* Si pienso que después de padecer una infancia brutal o alienante, ser criados con mentalidad de esclavos, ser adoctrinados en ideologías y religiones agresivas y excluyentes y en muchos casos padecer más que vivir la vida, a pesar de todo, germinan entre nosotros seres que entregan su tiempo vital o sus vidas cada día por sus semejantes, por la vida en cualquiera de sus formas y por un futuro mejor que saben que posiblemente no lleguen a disfrutar, no puedo por menos que dejar crecer en mi interior una tímida pero brillante luz de esperanza en el ser humano.
*Las distintas culturas humanas no son sino la acumulación aleatoria de ciertos rasgos individuales de personalidad que acaban imponiéndose como una costumbre social.
*Nada añoro más que aquellos dulces tiempos en que no tenía nada que añorar.
*Sea extravagante: ponga una coherencia en su vida.
*Un pequeño descuido de mamá o papá, te sientes abandonado durante unos minutos mientras eres una indefensa criatura de meses, y te ves condenado, sin sospecharlo siquiera, durante el resto de tu vida a buscar un tipo de cobijo, amistad o amor que no puedes identificar al no saber el origen de tu carencia. Es la aparente crueldad del azar sobre las especies primitivas. Saber prevenir y evitar ese dolor es a lo que deberíamos llamar civilización.
*Sermones huecos y oscuros llenan mentes en iglesias, televisiones y parlamentos para hacernos creer que la vida es sólo tormento y la existencia, negro vacío. No lo hacen con mala intención: así son sus vidas y así hablan de si mismos.
*El conocimiento crea el juicio, la ignorancia el prejuicio y el miedo, el fanatismo.
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TEXTOS TERTULIA ENTRELÍNEAS II (2010)
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LA TERNURA
Entre los siete y los nueve años tuve la suerte de vivir en una granja, una experiencia enriquecedora que cada niño debiera tener en su vida.
Más que una granja era una bodega, ya que más de la mitad del terreno estaba dedicado a viñedos, de donde salía el mejor vino de la comarca. Allí había patos, gallinas, cerdos, vacas, perros, gatos, pájaros de mil colores, tortugas en el río y hasta murciélagos y zarigüellas si uno sabía buscar en el lugar apropiado.
Esperaba ansioso cada tarde el regreso de la escuela, hacía rápido los deberes y salía a jugar, con veinte hectáreas por las que correr y descubrir la vida.
Allí nació mi hermana menor, pero fuimos Lina, mi hermana mayor, y yo quienes tuvimos la suerte de poder disfrutar, por nuestra edad, de lo mejor de esa experiencia.
Nunca comprendí muy bien que movió a mi padre, un hombre que había vivido la mayor parte de su vida en grandes ciudades, a comprar aquella bodega y vivir alli dos años antes de regresar a España, pero a Lina y a mi nos regaló la mejor etapa de nuestra infancia. Sospecho que tenía cierta nostalgia de su aldea gallega, nostalgia de la naturaleza sobre todo.
Mi padre tenía una facultad especial en su relación con los animales, una conexión natural que hacía que le respetaran sin que tuviera que imponerse nunca mediante la fuerza o la agresión. Tona, la perra madre de la granja, sólo le permitía a él tocar a sus cachorros recién nacidos, gruñendo con fuerza a todos los demás y sólo a él le permitió tocarla y curarla cuando fue herida de bala por un vecino malnacido que ahuyentaba a tiros en tiempo de celo a todos los perros y perras que se acercaran a sus tierras, para poder vender luego los cachorros de sus animales de pura raza. Un humano hijo de perra. . .
En una ocasión, mi padre compró un ternero meses antes de Navidad con la idea de engordarlo y poder hacer con él un buen asado, pero el ternero, el Negrito, como le bautizamos mi hermana y yo por su color azabache, entabló con mi padre una relación muy especial: le seguía a donde fuera, estaba siempre detrás suya y se sentaba a su lado cuando mi padre paraba en algún sitio. Algunos vecinos de granjas y bodegas cercanas acudían a ver el espectáculo de un ternero que se comportaba como un perro y el hecho se hizo famoso en la comarca.
Negrito fue creciendo al lado de mi padre y siendo nuestro objeto de juegos.
Llegó la Navidad y Lina y yo pedimos que no fuera sacrificado a lo que mi padre accedió rápidamente, ni que fuera castrado, a lo que accedió a regañadientes. Unas semanas después comenzaron a aflorar de la cabeza de Negrito un par de incipientes cuernos, la naturaleza seguía su curso y el becerro empezaba a mostrar su estampa de toro.
Una tarde, mientras merendábamos en un velador bajo la sombra de una enorme glicina, Lina se puso a jugar con Negrito y éste, siguiendo su instinto natural, hizo ademán de embestirla. No le hizo el menor daño, pero recuerdo la expresión seria de mi padre y que, haciendo caso omiso de nuestras protestas, encerró al becerro dentro de la bodega.
Al día siguiente mi padre nos explicó que había que sacrificar al animal, que empezaba a ser peligroso. Nos habló del ciclo de la naturaleza, de la vida libre que había tenido Negrito, mucho mejor que la de cualquier animal de granja, y mil argumentos más con la intención de que sufriéramos lo menos posible ante lo inevitable. Nos dijo que podíamos venderlo a otra granja, pero al preguntarle qué harían con él, nos contestó honestamente que, antes o después, sacrificarlo. Mi padre nunca mentía, y mucho menos a sus hijos. Intentó inútilmente consolarnos explicando que la muerte sería rápida y no sufriría nada.
Esa misma tarde nos dijo que nos fuéramos a casa a leer un cuento o ver la tele y Lina y yo comprendimos qué significaba esa invitación.
Lina se metió en la casa, obediente como siempre ha sido, mientras yo me atreví a desobedecer a mi padre y di la vuelta al edificio para ir a esconderme cerca de donde estaba atado Negrito. A los pocos minutos apareció mi padre con un gran martillo en la mano. El animal se acercó a él y golpeó levemente su cabeza contra su pierna a modo de saludo, como solía hacer. Mi padre le acarició un rato, dejó el martillo en el suelo y se apartó de él para permanecer unos minutos mirando al vacío frente a los viñedos que se extendían delante.
Volvió, recogió el martillo del suelo, dijo: "Tú también lo harías por tus hijos, amigo" y levantando el martillo en el aire descargó un golpe en la cabeza del animal, pero en el movimiento hubo un instante de duda a mitad del recorrido que hizo que el golpe no fuera definitivo, a pesar de la sobrada fuerza de quien lo ejecutaba.
Negrito se tambaleó, emitió un pequeño mugido y se acercó a mi padre lamiéndole la mano mientras un hilo de sangre brotaba de su cabeza. Entonces mi padre volvió a levantar el martillo y golpeó con todas sus fuerzas, cayendo el animal fulminado. Esa fue la primera vez que vi llorar a mi padre.
Esa misma noche prometió en la cena que nunca volvería a criar un animal que tuviera que sacrificar luego y lo cumplió hasta el fin de sus días.
Nadie de la familia quería comer la carne del becerro, que fue vendido a una carnicería de un pueblo cercano.
En mi enojo infantil e irracional necesitaba buscar un culpable y decidí que era Lina, porque si no le hubiera provocado con sus juegos, Negrito nunca la habría embestido. Estuve más de dos semanas sin hablar con ella, a pesar de que le había dolido la muerte del becerro tanto como a mi.
Sin embargo, a lo largo de los años he ido descubriendo poco a poco muchos gestos de amor y ternura en aquella dramática historia.
El extraño apego de un animal hacia una persona, la dura elección de un hombre entre la seguridad de sus hijos y el sacrificio de quien era, aún siendo sólo un animal, su amigo.
Aprendí también las contradictorias consecuencias de la ternura, el cariño o el respeto, pues si mi padre hubiera castrado al animal, podría haberse criado como un buey, pero por aprecio no lo hizo en su momento, luego era demasiado tarde y las consecuencias fueron peores. También la duda en aquel primer golpe, frenado el brazo de mi padre por el cariño hacia el becerro, no hicieron sino aumentar el dolor de éste.
Y al final, intentando todos darnos cariño y ternura, no conseguimos sino darnos sufrimiento unos a otros.
Mi padre vendió la granja y la bodega a los pocos meses, y nos mudamos a otra granja, la hipócrita España franquista, donde a las personas todavía se las condenaba y ejecutaba sin un ápice de justicia ni humanidad y con una crueldad que nunca se encuentra en la naturaleza, la crueldad de los seres humanos que ni se sospechan enfermos de falta de ternura.
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LA BOTELLA DE AGUA
La botella de agua en el río de la vida
Me dejé llevar por el río y empapado comprendí,
que el mismo agua cristalina que riega la vida
es lluvia fértil, lágrimas, baño dulce, riada o sudor,
que no hay placer al que no acompañe un dolor
ni dolor tras el que no se esconda, cauto, un placer,
que todo forma parte de todo y todo vale por igual,
que los sueños no tienen propietarios y así ha de ser,
y que en una botella de agua no se puede encerrar,
ni el río de la vida, ni un deseo sincero de crecer.
Ligera flotará la botella arrastrada por el río,
y se hundirá poco a poco, triste y arrogante,
cuando, pesada y llena, río se llegue a creer.
Porque en el juego de la vida, al final,
sólo gana quien juega como la vida . . .
. . . y la vida siempre juega limpio.
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YO Y EL BLOQUEO
*Marisa se bloqueó nada más nacer: una mínima distracción, un pequeño error dio lugar a una gran tragedia: toda una vida en estado vegetal que unos pocos envidian y la mayoría compadece.
*Luis se bloqueó cuando, siendo bebé, la desesperación de una madre primeriza, su madre, la hizo perder el control y zarandearle con violencia. Al romperse las tiernas conexiones entre su cortex frontal y el resto de su cerebro, fue condenado de por vida a ser una persona triste, egoísta y carente de toda empatía.
*Patricia se bloqueó a las puertas de la adolescencia, al ser violada por su tío, otro ser bloqueado que a su vez había sido violado por un vecino a los ocho años.
*Mariano se bloqueó con veinticinco años, en aquella manifestación, al ser apaleado sin que ninguno de los que se decían sus camaradas se atreviera a enfrentarse a los grises. Pasó de ser militante marxista a jefecillo de un grupo ultraderechista y ahí sigue con su brazo en alto y su fe en el ser humano por los suelos, sin poder quitar la vista de sus heridas ni sospechar siquiera las ajenas.
*Ramiro se bloqueó definitivamente a los treinta y dos años, cuando fue rechazado por la mujer de la que estaba enamorado. Ella podía ver en él un amigo, e incluso un amante ocasional, pero nunca un marido o compañero. Desde entonces ella pasó a ser, y con ella media Humanidad, una zorra calientapollas.
*Julia se bloqueó cuando, ya en la cincuentena, decidió insinuarse al mejor amigo de su marido para comprobar cuanto quedaba de la mujer atractiva que había sido no hacía mucho. Él no entró al trapo y ella transformó su energía en odio, lanzando a su manipulable compañero contra su amigo. Hoy todos odian a todos y ninguno, ni ella, sospecha ni recuerda el origen del odio.
...Todos tendrán un bloqueo contra el que luchar, al que reconocer y conocer, un bloqueo al que sobrevivir. Todos intentarán llegar a ese punto en que puedes llorar o sonreír por igual al volver la vista atrás. Todos menos uno: quien ni se sospeche bloqueado.
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DIFICULTAD
"Cuida tus pensamientos porque se volverán palabras.
Cuida tus palabras porque se volverán actos.
Cuida tus actos porque se harán costumbre.
Cuida tus costumbres porque forjarán tu carácter.
Cuida tu carácter porque formará tu destino . . . y tu destino será tu vida…" (Mahatma Gandhi)
Empecé a tener dificultades sobre los cuatro o cinco años, cuando me enteré de que existía esa palabra y de su tan relativo como complejo significado.
Para un niño una dificultad puede ser, en el Primer Mundo, que Papa Noel o los Reyes Magos te traigan una consola de juegos, en el Tercer Mundo, que el próximo bombardeo no mate a tus padres como mató a tu hermano el anterior. Contrastes parecidos se dan entre las dificultades o supuestas dificultades de los jóvenes o adultos a uno u otro lado de esa frontera tan patente como primitiva e irracional.
Cuando pensamos en la razón de que los niños no sean conscientes de las dificultades despachamos el asunto atribuyéndolo a la supuesta simpleza de su mente y solemos necesitar muchos años para recuperar, si podemos, esa actitud que todos poseíamos en la infancia de fluir continuo de la mente al vivir.
La vida, como una fuga o una borrachera, nos da con una mano lo que nos quita con otra, nos da sueños cuando todavía no tenemos la suficiente experiencia para llevarlos a buen puerto y nos da experiencia cuando ya no hay energía para luchar por los sueños. Pero no es crueldad, la vida no conoce ese tipo de vanidades, son las agridulces reglas de un juego donde sólo gana quien aprende a mantener el equilibrio.
No creer en la evolución rectilínea, en que cada día sabemos más sólo porque somos un día mayores, aprender a conservar la curiosidad y creatividad de un niño, el arrojo y consecuencia de un joven y la serenidad que sólo la madurez en ocasiones regala, parece ser el camino más coincidente con esas leyes que muchos se atreven a predicar y escribir pero pocos a trasladar a su vida cotidiana.
En este juego de la vida, en esta obra sin ensayo posible, todos somos novatos y, más a menudo de lo que creemos, auténticos sabios de nuestra ignorancia.
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DEPURADORA
La palabra, máscara o revelación, sabe navegar en todas las aguas de la mente: Excitada y revoltosa en la poesía, catarata en el discurso o la carta de amor y remanso en la prosa del ensayo. A veces cargada con restos de vida, para unos alimento y para otros inmundicia, llámese hipocresía, locura o guardar las formas, los mismos que la contaminaron intentan hacerla volver a su estado de pureza o que no sea, al menos, venenosa. Y en la depuradora se depura la impura idea de depurar la pureza. Y cuando surge un hueco, que los hay, una minúscula burbuja de aire, de vacío, entre las aguas inquietas o mansas, también encuentra allí lugar la palabra: se proclama silencio y calla.
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ETERNIDAD
Leí hace unos años una teoría cosmológica que hablaba del universo como fluctuación, tal como una burbuja dentro de una botella de gaseosa. Lo que llamamos eternidad sería el tiempo transcurrido entre el momento en que se forma la burbuja hasta que llega al cuello del recipiente, cuando desaparece. Y no hace mucho leí los resultados de un estudio que venía a demostrar que se activa la misma zona de nuestro cerebro cuando pensamos en un hecho del pasado y cuando imaginamos un hecho del futuro, lo cual, por otra parte, tiene su lógica. Desde entonces no puedo hablar seriamente de eternidad ni beber tranquilamente un inocente vaso de gaseosa.
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UNA SEMANA DE BONDAD
Una semana de bondad y todo seguía igual: el cuerdo loco, los enanos iracundos y el poderoso ejecutivo activo, pasaron a ser pasivos y aburridos, sin nada que hacer y nadie a quien depredar o degradar. Nada se puede construir con una herramienta que no se sabe manejar.
Una semana de bondad y el ser hasta entonces triste, y los locos cuerdos, y los gigantes frágiles y los poetas alérgicos a tertulias literarias, esos que se leen o te leen, sin embargo, estaban muy ocupados descubriendo aún nuevos colores que ni sospechaban que existieran. Activos como ejecutivos, se vieron arrastrados por tanta energía desbordada, y es que cuando todos los niños juegan sin miedo, tanta seriedad se contagia.
Una semana de bondad para darle la vuelta al mundo y resultó que los tristes se alegraron al tiempo que los alegres, con tanta alegría, veían perder sentido a su vida sin el sustento de su diferencia.
Una sola semana y todo dio la vuelta para ser lo mismo, descubriendo todos que en la vida no hay más juego que el equilibrio y que no podían los unos ser ellos mismos sin los otros. Descubrieron la paradoja de la dualidad.
Una loca semana de bondad y todo seguía igual, pero todos aprendieron que había otra forma de mirar la vida y que la vida puede germinar y expresarse de mil maneras que sólo son contradictorias en nuestra mente atrapada.
Una jodida semana de bondad y aún están todos intentando descifrar el milagro.
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LA MUERTE
ME VOY ANDANDO (Ensayo de epitafio)
Me voy andando de esta vida sorprendido del poco equipaje necesario para andar, y sospechando que aún menos es suficiente.
Me voy andando porque ya no tengo prisas, sé sin la más mínima duda que todo esto es regalado.
Me voy andando dejando en el camino un buen puñado de amistades y el peso de unos pocos enemigos que no conseguí que dejaran de serlo.
Me voy algo cansado porque como a vosotros, nadie me enseñó las reglas de este juego, nadie me enseñó a vivir ni a morir sin miedo, y a sobrevivir aprendí, como tantos, solo.
Me voy agradecido: guardo en la memoria personas muertas que creo merecían más que yo el regalo de la vida: son los caminos insondables del azar.
Me voy andando tras haber sembrado más que cosechado, nunca me gustaron las deudas.
Me voy andando seguro del retorno, de que mis cenizas estarán en el aire que respirareis y el vino que beberéis, en el sonido de vuestras risas y la sal de vuestras lágrimas.
Me voy andando convencido de que sólo el miedo de un ego fantasma puede provocar miedo al no retorno, porque sólo caminar es el camino y es camino suficiente.
Me voy andando después de haber apenas tocado el pensamiento paradójico, saboreando la idea aparentemente contradictoria que lo explica todo: sabiendo que vida y muerte son un mismo hecho constante, no un conflicto por resolver.
Me voy andando sabiendo que una parte del camino seguirá abierta mientras respire el más joven de mis amigos o hasta que se destruya el último de mis escritos.
Me voy andando porque, ya veis, tantas vueltas, tantos golpes, tantas lecciones, y aún no he aprendido a volar.
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LAS PALABRAS QUE NO DEBERÍAN EXISTIR
Microdiccionario abierto de palabras que no deberían existir:
Aclaración previa: puesto que no puede existir palabra sin concepto, este diccionario no se refiere tanto a palabras, sino a conceptos, ideas o abstracciones que por el dolor o confusión que han provocado y provocan, poco se perdería si no existieran.
AUTORIDAD:- Dícese de la obsesión humana, inculcada ya desde la infancia, según la cual unos individuos tienen derecho a decidir sobre las vidas de otros. Implica distribución poco eficiente del poder colectivo, el único real en una sociedad que no esté lastrada por el primitivismo o algún tipo de locura.
BIEN:- Concepto moral judeocristiano extendido por todo el planeta a través del colonialismo occidental. Alimenta por igual al fanatismo como al mesianismo y se alimenta a si mismo mediante la confusión y manipulación de conceptos, olvidando que algo puede ser efectivo o inefectivo, pragmático o no, útil o inútil individual o socialmente, según los resultados y los intereses mayoritarios, pero no bueno o malo. La nefasta palabra bien incluye inevitablemente el concepto de mal y éste el derecho de quien se cree en posesión del bien a reprimir, castigar o matar a quien cree guiado por el mal. No confundir con el concepto pragmático de correcto.
CULPABLE:-Concepto que emana de la simplificación y división de las experiencias vitales en un dualismo único de bien y mal. Dícese también del individuo que padece o cree este criterio. En general, ante un conflicto de intereses, cualquier individuo diferente al que habla.
FE:- Estado de alteración grave de la mente que hace creer a un individuo que su idea es la única correcta y digna de tenerse en cuenta. Sus síntomas más evidentes son la incapacidad analítica y sus consecuencias, la agresión y la guerra. La palabra fe es una palabra muy fea, y sus consecuencias, feísimas.
GRACIAS:- En una especie social, ¿quién debe de mostrarse más agradecido: quién recibe por lo recibido o quien da por recibir gratitud y el placer de compartir? En algunas de las culturas humanas más antiguas se da, junto al regalo que se ofrece, las gracias.
INFERIOR:- La práctica del pensamiento vertical arrastra inevitablemente al concepto de inferior o superior, mejor o peor, impidiendo ver la evidencia de su relatividad, pues no existe nadie que sepa todo ni nadie que no sepa nada, teniendo, por tanto, todos algo que enseñar y aprender. De este concepto emanan diferentes patologías como el complejo de superioridad y el de inferioridad, que, siendo el mismo, diferenciamos sólo por su cara más expuesta.
INOCENTE:- Véase CULPABLE.
MAL: Véase BIEN.
MIEDO:-Si esta especie sobrevive y evoluciona, sus individuos serán gestados y criados sin un ápice de miedo a fin de que puedan desarrollar todas sus facultades potenciales y tan sólo al llegar a la adolescencia conocerán tan primitiva sensación. En alguna época, dentro de tres o cuatro siglos posiblemente, surgirá una nueva adicción al miedo, pero será una expresión lúdica, no la terrible cotidianeidad actual.
MUERTE:-Uno de los múltiples estados de transformación de la energía, concretamente, uno de los momentos de transición de la energía vital.
En algunas sociedades humanas se identifica con el final de todo, en otras con el principio de todo y en otras, las más antiguas, como un estado más.
Es llamativa la obsesión del ser humano por separar los conceptos de muerte y de vida, a pesar de haber comprobado por si mismo que se trata de un proceso continuo: cada ocho años son renovadas todas las células de un cuerpo, salvo algunas neuronas.
No menos llamativo es el empeño de muchos individuos por hablar, discutir, debatir e incluso agredir por imponer su punto de vista sobre este punto, siempre unido a un concepto religioso mediante las cadenas de la fe, sin caer en la cuenta de que está condenado a saber la solución del supuesto misterio.
Otras curiosidades para morirse de risa:
1- Personas que se dicen creyentes en una vida postmortem eterna y mejor lloran desconsoladamente la muerte de un ser querido.
2-La Peste Negra, matando a más de un tercio de la población europea, provocó un cambio social sin precedentes y sentó las bases para que los europeos se extendieran como una peste por todo el mundo, conquistándolo, esquilmándolo, aunque, eso sí, enseñando a tantos pueblos primitivos a usar y disfrutar de la chispa de la vida.
3-En muchas culturas se les ofrecen alimentos a los difuntos a pesar de la evidencia recurrente de que todos ellos practican una obstinada huelga de hambre.
SUPERIOR:- Véase INFERIOR, que se encuentra arriba.
VIDA:- Véase MUERTE.
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BREVE
Nació, vivió y murió, nada más. Bueno, de paso, como cualquier ser vivo, transformó todo el universo en cada una de sus dimensiones, pero eso nunca llegó a sospecharlo siquiera, tal vez por eso apenas fue feliz, mientras se creía insignificante en su grandeza, a pesar de ser grandioso en su insignificancia . . .
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NO TAN BREVE
Como suele suceder, se conocieron casualmente; como casi siempre, se enamoraron ; como casi siempre, tuvieron hijos; vivieron como nunca, pues única es cada existencia, y murieron como siempre.
Sus hijos, la siguiente generación, a cada una de sus parejas, como suele suceder, las conocieron casualmente; como casi siempre, se enamoraron; como casi siempre, tuvieron hijos; vivieron como nunca, pues única es cada existencia, y murieron como siempre.
Sus hijos, la siguiente generación, a cada una de sus parejas, como suele suceder,
las conocieron casualmente . . .
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PUNTUALIDAD: No puedo creer que un minuto dure tanto.
El Padre Alberto era un dechado de virtudes: amable, católico intachable, siempre observador del más mínimo detalle que pudiera afectar a los chicos internos, tenía, si se pueden llamar así, un par de pequeños defectos: una obsesión compulsiva por la puntualidad y cierta tendencia al manoseo de cuerpos de jóvenes adolescentes, "la obra más hermosa de Dios", según sus propias palabras al observar la reproducción del David de Miguel Angel que ilustraba sus clases de arte.
El Padre Alberto nunca usaba la fuerza ni la coacción para conseguir sus fines, que no eran otros que, según sus palabras también, "llegar a ser la perfecta caricia de Dios", frase que susurraba insistentemente al oído de sus jóvenes víctimas mientras les sobaba o sodomizaba. Si algún chico de los elegidos, siempre un grupo de al menos cuatro o cinco, se resistía o se negaba, pasaba a formar parte de cierta lista negra que el sacerdote se encargaba de vigilar muy de cerca, pues según él, sólo cierta inclinación a rechazar a Dios podía explicar tal actitud.
Leo, con sus recién cumplidos catorce años, formaba parte de este grupo, a lo que había que sumar otro agravante: su interés por la ciencia y el racionalismo, fuente de todo mal. Pero Leo pagaba con gusto el precio de la persecución a cambio de no tener que acudir, como los demás del grupo de los elegidos, puntualmente a las diez y media de la noche, cuando ya todos dormían, a la sacristía, donde el Padre Alberto esperaba bajo el umbral de la puerta, la llegada del juguete de ese día que Dios, en su infinita sabiduría, había puesto una vez más en sus manos. Si el adolescente en cuestión se retrasaba sería recibido con un dolorosos tirón de orejas, mientras se le susurraba al oído" Soy la caricia de Dios, pero también puedo ser su látigo" Si era puntual tenía que soportar los finos labios del sacerdote recorriendo su cuello mientras repetía una y otra vez, entre babas: "Soy la caricia de Dios" …
Leo conocía todos estos detalles por Luisito, casi tres años menor que él y que un día se lo había confesado todo entre sollozos: "Ese cura hijo puta me ha hecho maricón, me ha hecho maricón . . . " De poco sirvió que Leo insistiera en que el que era un maricón y un cerdo era el cura, y que debería contárselo a sus padres. "Eso nunca, antes me mato, y si te chivas me mato también" Leo no se chivó, pero Luisito decidió un día de invierno tirarse desde la azotea del pulcro internado.
Todos fueron al entierro y pudieron ver al Padre Alberto consolando a los padres de Luis, a los que aseguraba que el niño, en su afán perfeccionista, había tomado esa decisión drástica por una pequeña bajada en las notas escolares. La madre lloraba desconsolada y el padre no levantaba la mirada del suelo. Leo, en el interior de su mente adolescente, tomó una decisión que, para llevar a cabo, necesitaría la perseverancia de un adulto que no era, pero que consiguió reunir para su propio asombro, pues su odio hacia el sacerdote pederasta no se aplacaba con el paso de los días, sino que aumentaba.
Casi tres meses después encontró cuanto había buscado al observar el antiguo y pesado reloj que colgaba sobre la puerta de la sacristía y comenzó sus cálculos: peso, resistencia de los materiales, gravedad, temperatura, etc., etc. Hizo una réplica del gancho que sostenía al reloj con la masilla que usaban para pegar los posters y estampitas en las paredes, un material que, al calentarse, se volvía flexible y disminuía su resistencia. Los encuentros del Padre Alberto con sus jóvenes víctimas se habían interrumpido sólo durante la semana siguiente a la muerte de Luisito, para reanudarse luego con la rutina y puntualidad habituales.
El próximo viernes sería el día, decidió Leo: orientó el aparato de aire acondicionado, que el cura ponía al máximo para hacer confortables esos momentos para él de placer y lo dirigió hacia el gancho de masilla que había colocado para sujetar el reloj. Lo había calculado todo . . .
Cuando aquella noche Rafa, uno de los últimos llegados al centro y uno de los más jóvenes, se dirigía cabizbajo hacia la sacristía, Leo le observaba desde su cama del dormitorio comunal mientras pensaba para si: "Tú serás su última víctima, chaval", mientras miraba impaciente su reloj luminoso bajo las sábanas. A las diez y veintinueve minutos y treinta segundos, se decía: "No puedo creer que un minuto dure tanto . . . ", pues el tiempo, bajo la presión de lo inminente, parecía haberse detenido. Pero el retraso, en realidad, fue de sólo dos segundos y a las veintidós horas, treinta minutos y dos segundos, el pesado reloj se desplomó sobre la incipiente calva del Padre Alberto, que esperaba bajo el umbral de la puerta de la sacristía la llegada de su objeto de placer.
El ruido fue menos de lo que Leo había calculado, pues las volutas de madera tallada de la parte inferior del reloj se clavaron en el cráneo, en vez de rebotar. Más ruidosos fueron los gritos y llantos del niño que, al abrir la puerta de la sacristía, con tres segundos de retraso, se había encontrado el tragicómico espectáculo del Padre Alberto con su pene fuera del pantalón y el reloj de cuco clavado en su cráneo. Leo acudió corriendo de los primeros y un pequeño grupo de cinco estudiantes pudieron disfrutar del dudoso espectáculo de asistir a la puntual agonía, entre estertores y gemidos, de quien se decía la caricia de Dios.
Cuando ya resultó evidente que no había vuelta atrás ni posibilidad de que sobreviviera y ya se oían desde el fondo de la capilla los pasos de los otros sacerdotes, Leo, recordando que el oído es el último sentido que se pierde al morir, se arrodilló ante el cuerpo todavía levemente convulso, acercó sus labios al oído y susurro: "Esto de parte de Luisito, hijo puta. Yo soy el cronómetro de Dios".
La policía encontró varios puntos turbios en toda aquella historia, pero ninguna prueba material que implicara a alguien, o un sospechoso siquiera, y la oportuna actuación del obispado consiguió que se echara tierra sobre el asunto al tiempo que sobre el cadáver de la víctima-verdugo. Tanto policías como jueces concluyeron que, aunque hubiera habido una mano detrás de todo aquello, se había hecho justicia.
Treinta y siete años después, Leo, ya un profesor de física cincuentón, conseguiría el premio Nobel por sus estudios sobre el tiempo.
En su discurso en Estocolmo, hizo una dedicatoria un tanto enigmática para los asistentes, que sólo comprendió su compañera, que asistía, con lágrimas en los ojos, a la ceremonia:
"Quisiera dedicar este premio a las personas más importantes en mi vida: mis padres, mi compañera y mi difunto amigo Luis, con la seguridad de que asistirá a esta cita con la misma extrema puntualidad con que yo le recuerdo cada día a las veintidós horas, treinta minutos y dos segundos".
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AYUDADME
Ayudadme, ruega el necesitado sin obtener más respuesta que el eco de su voz.
Ayudadme, exige quien, ciego ante el clamor del más necesitado, sólo tiene ojos para su propia necesidad.
Ayudadme grita quien todo lo da, porque en la gratitud ajena alimenta su ser.
Ayudadme, gritó quien nunca a nadie ayudaba, pero alguien le ayudó.
Ayudadme, solicita al grupo quien necesita el refugio gregario y el grupo siempre responde: nuestra grandeza y nuestra miseria en un sólo acto.
Ayudadme dice el ateo a la ciencia y el creyente a su fe, y ambos encuentran consuelo semejante.
Ayudadme, grita cualquier dios, aturdido por el resultado de su obra.
Ayudadme, oí resonar en una bóveda de ideas, y resulté ser yo mismo solicitando aquello a lo que todos deberíamos tener derecho: una mano amiga.
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WALL STREET
Tan sincero en sus mentiras, en plena adolescencia evolutiva, creó el ser humano, para culto propio, en una de las capitales de uno de los imperios, un muro que le cercara y quiso el azar que se llamara Calle del Muro el lugar.
Y quien más quien menos, todos deambularon bajo el hechizo del muro, hasta un buen día en que, siendo tantos y habiendo levantado tantos muros, ya nadie acertó a distinguir quien estaba dentro o fuera.
Y así, ya agotados, con los escombros de los muros empezaron a construir puentes.
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LAS PALABRAS SECUESTRADAS
El Miedo, tan cobarde como arrogante y astuto, lideraba la horda de palabras violentas y enajenadas que iban arrasando, una tras otra, todas las aldeas habitadas por los diferentes idiomas que hasta entonces habían convivido en armonía.
Tomad la lista, que no escape ni una: Ilusión, Libertad, Curiosidad, Empatía, Amistad, Convivencia . . . y, sobre todo, que no escape el cabecilla, un tal Amor. Los quiero a todos muertos y olvidados o prisioneros antes de que acabe el día.
Miedo observaba desde lo alto de una colina como eran arrasadas una a una las aldeas, como ardían las innumerables casas de las palabras, mientras comentaba indiferente a Envidia, una de sus amantes, lo grandioso de su obra, el bien que hacían poniendo orden en esas palabras rebeldes que durante siglos se habían negado a servir al poder instituido por Miedo, buen hijo de Hipocresía y nieto de Debilidad, pero incapaz de atraer a Consecuencia y a Igualdad, sus amores platónicos secretos, a las que tanto hubiera deseado poseer.
Envidia disfrutaba viendo la destrucción de cuanto nunca alcanzaría a tener ni compartir. Soberbia sonreía, imaginando el sufrimiento de Libertad y Modestia, sus siempre odiadas enemigas. A Cobardía le brillaban los ojos observando la enorme llanura donde, al morir cada palabra, se elevaban al cielo las letras que la componían simulando volutas de humo.
Desde su cueva, el Silencio Creador, notaba el palpitar de su hermano gemelo y vecino, el Silencio Destructor, fiel servidor del Miedo. Sabía que algo grave estaba sucediendo.
La abuela Magia no pudo resistir tanto dolor, murió observando como Integrismo, Fanatismo e Ignorancia saqueaban sus baúles y pretendían con ello robar su sabiduría. Sólo la consoló, en su último momento, ver a su nieta Ciencia ponerse a salvo con su madre Razón, huyendo ambas a lomos de Pensamiento, el caballo de Abstracción, su otra abuela.
Tras el ataque, dirigido personalmente por la hija mayor de Miedo, la insaciable y estúpida Ira, vino el reparto del botín:
Libertad, Ilusión y Curiosidad fueron, junto con tantas otras palabras hasta entonces libres, cargadas de cadenas y desde entonces, secuestradas y esclavas, arrastran una triste existencia entre sus captores. Alguna ya comienza a padecer el síndrome de Estocolmo.
Otras fueron llevadas a los burdeles administrados por Egoísmo, un hijo bastardo de Miedo. Allí acabaron Poesía, Política y Democracia entre otras y allí el ingenuo e inocente Paraíso acabó transformándose en paraíso fiscal.
Lógica, Alegría y Anarquía, en compañía de Placer, Solidaridad, Sexo y Hedonismo entre otras, huyeron al monte, resistiéndose al nuevo orden, y desde entonces fueron llamadas bandoleras, criminales y proscritos indeseables. Allí se reunieron días después con otro fugitivo, Amor y su inseparable amigo Respeto. Aún siguen su lucha.
Mientras, desde la más alta de las colinas que rodeaban los reinos de las palabras, el imprevisible y siempre bienhumorado abuelo Azar sonreía enigmáticamente.
De la violación de la hermosa Empatía por Miedo, creía éste que habría de nacer su heredero, una princesa a la que pensaba llamar Tiranía. Nunca llegó a sospechar que el fruto que Empatía llevaba en su vientre desde días antes era una niña hija del compañero de Empatía, el rebelde, sabio y tierno Amor.
Miedo sintió miedo de no conceder a Empatía, que habría de criar a la que creía su heredera, su única petición: poder elegir el nombre de su hija y, tras sopesar los pros y los contras, lo consintió.
Empatía llamó a su recién nacida hija, que algún día habría de gobernar sobre todos los reinos del Miedo, como había acordado llamarla con su eterno compañero de juegos y padre de la niña: la llamó Esperanza.
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ANÉCDOTAS
Toda anécdota es una lección vital, para aprender de ellas sólo es necesaria la condición previa de que nos hayan enseñado a cuestionar, mirar y, sobre todo, pasando por encima de nuestro ego, dudar de nuestras certezas.
Siempre he dicho que, si tenemos la modestia suficiente para saber aprovechar la lección, los perros nos enseñan ética y los gatos estética. Pero circunstancialmente nos pueden enseñar mucho más:
Hace años, al poco tiempo de llegar por primera vez a Japón, observé que la mayoría de los gatos de aquellas tierras no tenían rabo, o mejor dicho, tenían un pequeño apéndice romo como si les hubiera sido amputado. A partir de esa simple observación fui creando toda una teoría en mi interior sobre la relación de los japoneses con los gatos: "Es lógico que los odien, pensé, un animal tan sumamente individualista no debe ser bien aceptado en una sociedad con un sentimiento gregario tan marcado, auténticos comunistas naturales". Y así, cada vez que me cruzaba con un gato rabicorto por la calle o en un jardín de cualquier templo de Kamakura, la ciudad de los mil templos, donde vivía, iba reafirmando mi teoría.
Pero al mismo tiempo, según transcurrían las semanas, no había sido testigo de ningún gesto de maltrato hacia los gatos y, de hecho, hacia ningún otro animal. Los niños japoneses, como en casi cualquier parte del mundo, se detenían a acariciar a los gatos que se cruzaban en su camino a la ida o vuelta de la escuela, llamándoles cariñosamente "kawai nekochan", "gatito bonito", compartiendo con ellos, en ocasiones, parte de la comida que llevaban para el recreo escolar.
Al cabo del tiempo se me ocurrió casualmente en una charla comentar lo que para mi era una evidencia contradictoria: un pueblo que respetaba a los animales pero les amputaba el rabo sistemáticamente y me comentaron, con una sonrisa condescendiente, que nadie cortaba el rabo a los gatos en Japón, sino que esos gatos eran de una raza así por naturaleza.
En los días siguiente empecé a repasar todas las conclusiones que había sacado hasta entonces sobre la recién conocida cultura, ¿cuántos errores habría cometido en mis análisis sólo por no cotejar la información, por no preguntar, por no compartir cuanto sabía o creía saber? ¿Cuántas veces juzgamos las relaciones dentro de una familia, las relaciones de pareja, las de compañeros de trabajo o las relaciones humanas en general, sin comprobar datos o, al menos, preguntar y escuchar a todas las partes implicadas?
Pero los gatos, esos animales de los que se dice en Oriente que fueron creados para que el ser humano pudiera disfrutar del placer de acariciar un tigre, aún habrían de darme otra lección magistral:
El primer invierno que pasé en Japón fue un invierno especialmente duro, nevando en lugares donde no solía hacerlo. Tuve que pasar varias semanas encerrado en casa, un pequeño y tradicional apartamento japonés, aquejado de una fuerte conjuntivitis. El salón en el que me sentaba sobre el tatami largas tardes, escribiendo casi a ciegas ante la imposibilidad de leer, tenía un ventanal que daba a un descuidado pero hermoso jardín japonés, entonces completamente cubierto de blanco. Cada dos o tres días aparecían sobre el cristal del ventanal que daba al jardín una extraña mancha amarillenta que, tras mucho pensar, decidí que debía de tratarse de algún vecino incómodo con la presencia de un gaijin (extranjero) que venía a interrumpir, intencionadamente o no, la armonía que reinaba en el vecindario y que él como bárbaro que era, no podía comprender ni, por tanto, compartir. No le dí mucha importancia, pero empecé a observar con cierta desconfianza a los diferentes vecinos haciendo cábalas sobre cual de ellos sería el elemento que tanto me odiaba.
Un buen día, mientras me encontraba meditando a fin de intentar vencer la frustración y la angustia a que mi ceguera transitoria estaba dando lugar, una sombra cruzó mi mente rompiendo inesperadamente todo equilibrio y casi obligándome a mirar en dirección al ventanal, situado a mi derecha, hasta sentí que algo empujaba levemente mi cabeza desde la mejilla izquierda.
Al tiempo que me giraba abrí lentamente los ojos para encontrarme justo enfrente con la mirada de un enorme gato blanco, éste con rabo, que tras mantener su mirada clavada en mis ojos durante varios segundos, recorrió indiferente el muro situado a menos de un metro de la ventana y, girándose de espaldas, emitió un potente chorro de orina sobre el cristal. El animal, sin duda uno de los líderes felinos del barrio, marcaba así su territorio, y estoy seguro que lo hubiera hecho igual aunque al otro lado del ventanal hubiera visto al mismo Emperador de Japón. Se alejó parsimoniosamente y no volví a verlo hasta días más tarde, cuando le sorprendí comiendo los trozos de comida que, en agradecimiento, yo mismo había dejado sobre el muro.
Otra vez temblaron mis certezas, otra vez descubrí a mi mente engañándose a si misma, pero en esta ocasión disfruté del privilegio de tener días, los que duró mi convalecencia, para meditar sobre ello. Así empecé a respetar las palabras que fluyen libres y sinceras entre las personas; a evitar o apartarme de quien las usa como un arma o un traje de camuflaje de sus miedos; a comprender, en definitiva, que sólo la palabra diáfana nos hace humanos. Por eso en ocasiones hago incómodas e inesperadas preguntas directas a cualquier persona sobre un acto suyo antes de encerrar las palabras con que he catalogado sus actos en la obscura biblioteca de mi memoria donde la carcoma de los prejuicios destruyen cuanto no hemos sabido proteger y cuidar de las palabras que más o menos amistosamente, nos regalamos unos a otros cada día.
Nekovidal 2008 - nekovidal@arteslibres.net
EL DILUVIO: Macromundo y micromundo
Parecía una tormenta de tantas, precedida, como la mayoría, de los ruidos y detonaciones propias de un gran aguacero.
Al principio la tierra, sedienta, absorbía el líquido como una esponja, pero luego, ya saturada, comenzó la catástrofe. Todos corríamos desesperados, unos a recoger alimentos y transportarlos a un lugar seco y seguro, pues sobrevivir a la catástrofe para perecer de hambre significaría alargar inútilmente la agonía.
Otros tuvieron un comportamiento heroico al intentar rescatar del hospital infantil el mayor número posible de recién nacidos. La mayoría no sabía qué hacer, desesperados después de comprobar que era algún tipo de lluvia ácida, pues no era agua lo que esa enorme sombra del cielo arrojaba sobre miles de nosotros.
Los caminos eran ríos y las plazas lagos desbordados. Los cuerpos flotaban sobre la corriente como hojas de un otoño macabro.
El espectáculo era dantesco: unos suplicaban al dios de dioses, al que creían responsable de cuanto ocurría; otros, con la mirada perdida, esperaban resignados la muerte.
“Dani, apártate de ahí, que te van a picar, y lávate las manos para comer”
“Voy, mamá”, contestó el niño, mientras observaba como las últimas gotas de su orina caían sobre el inundado hormiguero.
“Mamá, ¿las hormigas saben nadar . . .?”
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LA REALIDAD SUPERA A LA FICCIÓN
“Dudo de todo, menos de las mentiras en las que creo”. (Peter Trainin)
“Decimos a menudo que no creemos en aquello que no vemos, pero creemos en muchas cosas que ni vemos, ni comprendemos, ni acertamos a imaginar siquiera. Por creer, creemos incluso que creer es algo más que un ejercicio de fantasía desbordada”. (Nekovidal)
Nos empujan y condenan a un juego que nunca elegimos,
y hacemos germinar una a una las estériles fantasías
que sembraron desde la cuna en nosotros.
Recorremos incautos el camino obviando tercos el final,
tenue e irresoluto como el fugaz aleteo de una sombra,
inestable y pasajero como una promesa juvenil.
A cada paso, seguros de cuanto creemos haber desentrañado,
firmes y obcecados en miedos de trincheras obscuras,
siempre aterrorizados ante la mera idea de dudar.
Paso a paso, día a día, caemos en la trampa de añorar el pasado,
en la excusa de forjar un futuro, en la absurda fe necesaria,
tan crueles en nuestra insospechada e inocente estupidez.
Y un buen día, un día cualquiera,
un día tan gris como cegadoramente luminoso,
te ves con un cansado ojo entreabierto en tu ceguera,
con apenas un puñado de respuestas ante una montaña de preguntas,
con más equipaje del que quisieras y menos viaje por delante para derrochar.
Y te preguntas si hubo un sólo momento, un instante tan sólo,
en que esa ficción que llamamos realidad no haya superado,
con creces, a esa realidad a la que llamamos ficción.
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APRENDIZ DE MALO
“Los hombres, para hacer el mal, deben primero creer que lo que hacen es bueno” (Alexander Solzhenitsyn).
¿Es malo quien desea lo que no tiene porque no puede tener lo que desea y sólo sabe desear?
¿Es malo quien husmea en las vidas ajenas porque encuentra vacía la propia?
¿Es malo quien abriga una idea pero es incapaz de transformarla en hechos en su vida cotidiana?
¿Es malo quien mata en nombre de una idea que cree justa, convencido de estar construyendo un mundo mejor? ¿Es malo quien mata a quien mata, convencido de estar construyendo un mundo mejor?
¿Es malo quien odia sin saberlo porque ya no sabe buscar ni imaginar siquiera otro camino para su vida?
¿Es malo quien finge amar o respetar porque sólo puede fingir, incapaz de reproducir un esquema que nunca ha ejercitado ni hecho suyo?
Es mal@ quien odia o teme a la mitad de sus semejantes, los de sexo complementario que no contrario, porque ha reducido a la humanidad al pequeño círculo de sus experiencias, que el azar le regaló negativas?
¿Es malo quien cree que la maldad forma parte de la naturaleza humana?
¿Es malo aquel a quien los golpes de la vida robaron su ética natural y ni lo sospecha?
¿Es malo quien provoca dolor sin intención?¿Es malo quien provoca placer sin intención?
¿Es malo quien pregunta, quien no pregunta, quien responde o quien no responde?
¿Es malo quien tiene miedo a conocerse?
¿Es malo quien se cree malo?
¿Aprendices de malos? Yo diría sólo malos aprendices.
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LA SEMANA QUE VIENE
“La felicidad es una sombra de la armonía, sigue a la armonía. No hay otra manera de ser feliz”. (Osho)
¿Será la semana que viene cuando claudiquemos ante la evidencia de que jugar, crear y vivir son sinónimos y el resto una de las tantas farsas que nos requieren nuestros miedos?
¿Será dentro de seis días cuando comprendamos que nada somos los unos sin los otros y que compartir no es bondad sino pragmática inteligencia?
¿Será dentro de cinco días cuando empecemos a desprendernos de los miedos y a convivir con la incertidumbre con el único consuelo de la curiosidad y el saber?
¿Será dentro de cuatro días cuando empecemos a sospechar que todo puede ser más simple de lo que parece tanto como parecer más simple de lo que es?
¿Será dentro de tres días cuando comprendamos que las palabras sin hechos son tristes pájaros disecados y los hechos sin palabras poesía desperdiciada?
¿Será pasado mañana cuando volvamos a crear otros dioses con otros materiales y creamos por ello que no son dioses?
¿Será mañana cuando aprendamos a saborear sin miedo la constante paradoja que es la vida?
¿Será hoy cuando veamos que somos tan sólo el hoy y lo que decidamos hacer con él?
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BATALLITAS
“La conciencia puede convertirse en egocentrismo en cualquier momento, y en el instante en que la conciencia se vuelve egocentrismo, lo que iba a ser gozo se torna maldición” (Osho)
No son batallas ni batallitas, sino cruentas guerras interiores que uno consigue, al cabo de los años, como mucho, otear desde una colina. Desde allí te ves a ti mismo luchando contra ti mismo, sin poder hacer más que cuestionar al tercer observador, que no es otro que uno mismo.
Y cuando al cabo llega el silencio, siempre queda la duda de si realmente ha terminado la batalla o es que has muerto y ni lo sospechas.
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LA LIEBRE Y LA TORTUGA
Tras aquella primera derrota, por todos conocida, en que la tortuga ganó a la liebre porque ésta, confiada en sus facultades, se permitió una siesta en medio de la carrera, la liebre tuvo que decidir, como todos a cada momento, si aprender o no cuanto la vida le había enseñado, en este caso en forma de derrota.
Observó a la tortuga: lenta, pesada, cuerpo y pensamiento espeso, y encolerizada, intentó morderla, pero la tortuga se refugió en su caparazón hasta que la liebre terminó cansada y con sus dientes doloridos... ¿qué hacer?
Tras la rabieta inicial decidió imitar a la tortuga y, partiendo un coco enorme por la mitad se lo ató a la espalda con unas tiras de esparto: "Ahora soy invencible", pensó.
La tortuga, por su parte, consciente de que su victoria había sido fruto más del azar y de la estupidez de la liebre que de sus propios méritos, también decidió imitar a su adversario: cada mañana se levantaba temprano y, tras ingerir todos los frutos dulces a su alcance y permanecer un rato al sol, se lanzaba a entrenarse frenéticamente, llegando a duplicar su velocidad, pero quedando aún muy lejos de la de la liebre.
En esto andaban ambos animales, cada cual con su obsesión por superar al otro cuando, una mañana de otoño, apareció un zorro hambriento. Viendo a la liebre se lanzó hacia ella que, confiando en su nuevo caparazón, se creía invulnerable y apenas se molestó en salir corriendo, lo cual, por otra parte, no era fácil con la pesada e incómoda armadura. Sólo el azar hizo que el primer mordisco del zorro fuera en las correas de esparto, dando así, sin querer, una oportunidad de huir a la liebre, ya desengañada de su absurda estrategia.
No mucho más inteligente fue la reacción de la tortuga que, creyéndose veloz, se limitaba a intentar escapar sin refugiarse en su seguro caparazón. El primer mordisco del zorro la despertó de su sueño y optó, para sobrevivir, por su sistema de defensa habitual.
Maltrechos estaban los ya exadversarios mientras reflexionaban sobre los errores cometidos, y la agilidad mental de uno y la parsimoniosa sensatez del otro fueron suficientes para hacerles comprender que, si en vez de tratar de poseer virtudes y cualidades que la naturaleza no les había dado, unieran los esfuerzos aprovechando las que ya poseían, ambos tendrían más posibilidades se vivir más y mejor.
De esta forma, cuando unas semanas después, volvió el zorro por aquellos parajes, más hambriento si cabe que en la ocasión anterior, la liebre comenzó a huir, pero no en dirección a su madriguera, demasiado alejada, sino hacia donde se encontraba la ya amiga tortuga. Ésta, viéndola llegar, se parapetó completamente en su caparazón, dejando fuera sólo una pata con la que, haciendo palanca, abría una pequeña abertura por la que se coló la liebre bajo ella para refugiarse en una improvisada madriguera. El zorro intentó inútilmente morder el caparazón de la tortuga, lo que no pudo, y darle la vuelta, la única forma de hacerla vulnerable, que tampoco consiguió pues la liebre empujaba con todas sus fuerzas hacia abajo.
Y así sobrevivieron sin ser pareja de hecho ni de derecho, pero siendo amigos de pecho contra pecho ...
Claro que, tanto la liebre como la tortuga poseían una cualidad muy alejada de la naturaleza humana y que tienen todos los seres vivos, esos a los que llamamos irracionales: la facultad de aprender de sus errores.
Ellos saben, sin saber, que todos llevamos un zorro dentro al que alimentamos cuando creemos ser lo que no somos, sin importar quien somos y quien creemos ser.
El gran problema de los seres racionales de este planeta es que aún no son lo suficientemente racionales como para aprender dejando de lado su orgullo, aprender en vez de empeñarse en mostrar lo que saben o creen que saben o creen que son, aprender incluso de los seres a los que llaman irracionales.
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SÓLO FRACASA EL QUE LO INTENTA
Tres miradas:
Dice un proverbio árabe: “Quien quiere hacer algo encuentra un camino, quien no quiere, encuentra una disculpa”.
Quien lo intenta entra en el juego, acepta el reto de la vida, quien no, encerrado en sus miedos, cree no arriesgar nada, pero lo pierde todo, pues sus condenas finales no son mejores o peores que las de cualquiera de sus semejantes y acaba reduciendo su vida a una espera que, además, se niega a reconocer como tal.
Sólo fracasa quien lo intenta porque cree en el intento, en la voluntad, y fracasa especialmente si cree única y obsesivamente en la voluntad como panacea.
Resumiendo, si lo intentas, malo, y si no lo intentas, peor, así que habrá que buscar, en esto también, la sinfonía del equilibrio.
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SÓLO FRACASA EL QUE LO INTENTA
“Intentarlo, hijo mío, nunca es un fracaso”.
“Vale abuelo, no me lo cuente otra vez, que sí, que ustedes eran los buenos y los fachas los malos, pero ellos lo intentaron y ganaron y ustedes perdieron”.
“No, hijo, ellos no lo intentaron, ellos eran gente, como siempre ha habido, con miedo a todo lo nuevo, a las escuelas sin biblias, castigos ni crucifijos, a los trabajadores organizados defendiendo sus intereses, los de la mayoría que eran, a los derechos de la mujer, la mitad del mundo . . . Ellos siempre tienen miedo, y siempre habrá gente con miedo. Pelean, rompen, destruyen, pero sólo consiguen frenar un poco la historia, al final la vida sigue su curso”.
“¿Y de qué le ha servido toda esa lucha, abuelo, si esos cabrones le jodieron la vida, le mataron a su padre y a su hermano y le robaron lo poco que tenía?”
“Ha servido para que tú tengas todo los derechos por los que yo luché, aunque ni te des cuenta porque ya naciste con ellos regalados. Si tú supieras el gusto que da ver a los hijos y nietos de los fascistas hablando de derechos humanos, divorciándose pasando por encima de la religión que durante tantos años nos impusieron a la fuerza, recurriendo a la ley, por mala que sea, en vez de a las armas, y hasta manifestándose del brazo de los obispos . . . Si tú supieras, hijo, hay regalos que nunca creía que me daría la vida . . .”
“Al final, abuelo, va a ser verdad lo que decía su compadre de Toulouse, que ustedes eran los soldados derrotados de un ejército invencible.”
“Claro, hijo, al final, sólo fracasa el que no lo intenta, porque no hay peor fracaso que no intentarlo.”
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LOS EXPADRES
Todos los actos de La Casa de las Palabras tienen tres partes como tres estaciones: el encuentro, cuando vamos llegando los primeros al local, para abrir, para preparar las cosas, etc. donde surgen los primeros saludos, los primeros diálogos, a veces, las primeras risas; luego, alcanzado el número de personas y tiempo crítico necesario, crece la tertulia, la inauguración, la charla o conferencia, la vida; y por último, tras llegar a su apogeo el encuentro, del que cada uno ha dado y recibido algo, ha compartido inevitablemente y según su capacidad de compartir crecido y disfrutado, siempre hay un pequeño grupo que gusta de llegar al otoño de la comunicación, exprimiendo sin prisas las charlas, las ideas que hierven en el calor de la noche, el alcohol y la compañía.
En una de esas terceras partes nos encontramos hace unos días con Gabriel, el hijo de Haydeé, un chico, ya un hombre, con una inteligencia natural y una capacidad de conocer los mecanismos últimos de la naturaleza como pocas personas aprenden a hacer. Nos habla, entre ilusionado y preocupado de su reciente paternidad, del nuevo paso que él, su compañera Nasa y la pequeña Almendra han dado en sus caminos vitales. No puedo evitar verme a mi mismo hace años, como casi todos los padres, asombrado ante el nacimiento de mi primer hijo, uno de los tantos milagros cotidianos.
Nos cuenta luego el caso de un amigo peruano que una noche, en plena selva, y a pesar de llevar carne fresca para comer, carne que posiblemente habría que tirar por putrefacta en menos de un día, decide, por hacer una machada, salir a cazar. De nada le sirvió a Gabriel recordarle que había comida suficiente y que mejor cazar en los días siguientes, cuando fuera realmente necesario para alimentarse. Pero cuando más sordo es el ser humano es cuando sólo escucha sus emociones.
Su amigo se adentra en la selva y vuelve en apenas unos minutos: le ha mordido una serpiente venenosa. Están a cuatro horas de canoa río abajo del pueblo más cercano, pero además, sin canoa.
Van aplicando uno a uno todos lo trucos para sobrevivir en esos casos: extraer la sangre envenenada en lo posible, un torniquete no muy apretado para ganar algo de tiempo, un apósito de tabaco sobre la herida, etc. Unas horas después, el dolor es tan fuerte que sólo intentar poner una pierna desde el camastro al suelo le resulta insoportable. Ya amaneciendo, el paso casual de una barca por el río consigue salvarle la vida, ya en el límite del último límite.
Tanto Gabriel como su amigo son hombres que conocen la selva y artes y misterios que se tarda años en aprender, pero el amigo de Gabriel no había escuchado una recomendación que éste le había hecho reiteradamente en los últimos tiempos: “Tienes que hacer una ofrenda, un acto de agradecimiento y respeto a la selva, a la que estás golpeando mucho en los últimos tiempos, trabajas talando, amputando uno a uno sus brazos, sus manos, que son muchas, pero no infinitas. Tienes que dar gracias por lo que recibes y pedir perdón por el daño que haces”. Pero él, creyéndose hombre duro de la selva y conocedor de todos sus misterios, no le había escuchado.
Como bien dice Gabriel, en la selva, la víbora no te busca, eres tú el que va hacia ella según tu actitud ante la madre selva, el complejo conjunto de interacciones de la vida que la forman. Es un recorrido intuitivo, donde no caben el engaño, la trampa o el soborno: si odias, por mucho o muy bien que lo escondas, será eso lo que recibas, por mucho que retrases su llegada.
Si ese mecanismo lo impregna todo, en ningún sitio se manifiesta de forma tan evidente como en las selvas, esos puntos del planeta donde con más intensidad germina la vida.
Hace ya años que no creo en los papeles que, por costumbre, los humanos otorgamos a padres, madres, familiares, clanes o grupos cercanos y cerrados: creo que el respeto debe ganarse y el amor repartirse, o nada funciona. Pero esa mirada no me impide admitir ese tipo de relación con la selva, y con la naturaleza en general, como un buen ejemplo de maternidad, paternidad o plena amistad, de como la vida nos regala, sin pedir nada a cambio, salvo el respeto, todo lo necesario para sobrevivir y de cómo no duda en herirnos cuando faltamos a esa imprescindible condición de respeto.
Ahora, el amigo de Gabriel, ya físicamente recuperado, tiene que elegir de que forma mirar el golpe recibido: admitir que la madre selva y los animales que la forman no le atacaron, sino que respondieron a su ataque, siendo espejo de su actitud, o encerrarse en más agresividad, creer que con máquinas, armas e ira puede doblegarla y acabar mirándola, con rencor, como a sus expadres.
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Francisco Antonio Vidal (Nekovidal)
En blanco
Blanca era la sábana en que le envolvieron al nacer, sobre la que supo dibujar amapolas y fresas.
Blanca la luz que cegaba sus tiernos ojos.
Blancos esos pañales que pronto dejaban de serlo.
Blanca la leche que le alimentaba.
Blanca, como su inocencia, el vestido de su hermana el primer día que le cogió en sus brazos.
Y hubo muchas más cosas blancas en su infancia, mientras su mente bullía con todos los colores imaginables.
Pero el tiempo le convirtió en un adulto . . .
Hoy ya es un ciudadano respetable que nunca hace preguntas indiscretas, molestas o impertinentes. Un ciudadano respetable que ya no practica las perversas costumbres de jugar, asombrarse, curiosear, preguntar, dudar, reírse de si mismo o pensar.
Hoy su mente está en blanco.
Buenismo: ¿Qué nos enseña la vida?
* Que somos lo que pensamos: si estancamos nuestra mente en el miedo y la frustración, frustrante y amedrentada será nuestra existencia. Si, por el contrario, aprendemos a ver lo positivo con la misma habilidad con que detectamos lo negativo a cada instante, nos sorprenderá cuanto puede regalarnos el mero hecho de vivir.
* Que la felicidad hay que buscarla en los momentos, liberando la mente de prejuicios que autojustificamos automáticamente arrastrados por la costumbre. Eso que llamamos felicidad está en el camino mismo de la vida, no en un final programado que tal vez nunca llegue. La clave está en encontrar el equilibrio: prever el mañana sin encadenarnos a él, aprender del ayer sin quedar atrapados en las heridas; ejercitar el aprendizaje de vivir y dejar vivir.
* Que no existen patrias, razas, fronteras, ni enemigos, salvo aquellos a los que les concedamos ese título en nuestra mente.
* Que el odio es el mayor despilfarro de vida y energía, el mayor error, que a nada conduce, sino a convertirnos, poco a poco y sin llegar a sospecharlo siquiera, en un ser triste parecido al odiado.
* Que cuerpo y mente son, al menos en esta dimensión o viaje, una única ente indisoluble: no se puede respetar, cuidar o descuidar uno sin detrimento o beneficio del otro.
* Que no es importante si somos eternos y estamos aquí con un fin o no hay más fin que vivir ni más vida que ésta que percibimos. Sufrir por ello es ser rehén de la dictadura del ego, esa proyección abstracta y fantasiosa esclava de sus juicios. Conocer y analizar al analista antes del análisis es siempre el primer paso: conócete a ti mismo y comprenderás el mundo y la vida de que formas parte.
* Que no existe la bondad y la maldad, sino tan sólo la salud y la enfermedad en nuestras mentes. Es asombrosa la facilidad con que asimilamos este concepto cuando nos referimos al cuerpo y cuanto nos cuesta cuando nos referimos a la mente: pasada la infancia, un ser egoísta o cruel es un ser enfermo que no ha podido madurar.
* Que dar produce más placer que recibir, o, al menos, el mismo, si nuestra mente está mínimamente sana.
* Que la necesidad de cambiar el mundo que nos rodea, de mejorarlo, de participar de alguna manera en la acción colectiva de nuestra especie, no sólo es deseable, sino que está en la esencia de nuestro ser, y hacerlo no es más que el indicativo de que mantenemos viva esa parte de nuestra naturaleza.
* Que el humor, tanto como el amor, es una de las más grandes y hermosas herramientas de nuestra mente, y como cualquier acción del universo, requiere un equilibrio, pues hasta el abuso del concepto de amor nos puede apartar de su uso.
* Que perdonar es tan sano como inteligente, pero el perdón ha de pasar necesariamente por la comprensión, si no es tan sólo juego de autoengaño o hipocresía. Nunca podrá perdonar realmente quien antes no haya comprendido el motivo y origen de la acción que le produjo dolor, la herida que se esconde tras la agresión.
* Que somos una especie gregaria, depredadores versátiles con capacidad de almacenar y transmitir información de una generación a otra, una muy especial característica que nos hace poderosos y con bastantes posibilidades de sobrevivir, siempre que aprendamos a respetar el planeta y la vida que en él germina y no olvidemos que es el grupo nuestra fuerza, nunca un sólo individuo, por sabio que sea. Cambiar los esquemas sociales de verticalidad a horizontalidad, crear sociedades sinérgicas donde todos tomen las decisiones mediante sistemas informáticos es el reto de nuestra época y un enorme paso en nuestra evolución. Ya lo hemos demostrado científicamente: siempre se cometen menos errores cuando todos deciden, incluso, con poca información, que dejando las decisiones en manos de un pequeño grupo: la democracia participativa es la evolución natural de la democracia, su perfeccionamiento. ¿Cuántas guerras se declararían si las votara toda la población, teniendo en cuenta que la mitad son mujeres, siempre más sensibles, que habrían de enviar a la guerra a sus hijos, hermanos y esposos?
* Que nunca sabemos que es realmente bueno o malo de cuanto se cruza en nuestro camino, pero parece haber una ley de equilibrio que hace que las acciones egoístas o mezquinas se vuelvan contra nosotros y las altruistas allanen el más difícil de los caminos.
* Que nuestra mente está llena de fantasías, y al parecer pocas veces nos evadimos de ellas. De hecho, nuestro pensamiento es en sí tan sólo fantasía, aunque lo olvidemos a cada instante para evadirnos de la angustia vital, como hacemos con la realidad irrefutable de la muerte. Nuestra mente, no hace mucho que lo hemos comprendido racional y científicamente, no está preparada para ver la realidad, sino para sobrevivir. Pero nada nos impide sustituir unas fantasías por otras más constructivas, sanas y creativas
* Que siempre quedan cosas por aprender y disfrutar, algo que deberíamos recordarnos a nosotros mismos cada mañana.
Y algunas cosas más que habré pasado por alto o que aún me quedan por aprender. . .
Un baño entre la vida y la muerte
Las dos orillas del Mediterráneo
En una orilla, cebados y dormidos, creen saber,
En la otra, despejados y hambrientos,
saben a que sabe el hambre.
En una orilla, agobiados por la eterna búsqueda,
necesitan ansiosos creer que han encontrado.
En la otra aún no hay tiempo para naderías.
En una orilla, los ojos vacíos de la necesidad,
En la otra, la pupila vacua de la soberbia,
En ambas orillas, miradas tristes.
En una orilla, un dios, de nombre Dios,
En la otra un dios, el mismo, pero de nombre Alá.
En ambas, la codicia alimenta la falsa diferencia.
En una orilla, el olvido de la historia,
en la otra, la historia del olvido,
En ambas, la necesidad de olvidar.
En una orilla el ayer de una orilla,
enfrente, el mañana de la otra orilla,
Entre ambas, el hoy siniestro de una pesadilla.
En una orilla, a ciegas, se intenta saltar al paraíso.
En las playas del paraíso, otra vez, un cuerpo inerte.
¿Cuándo se podrán cruzar las dos orillas sin que
el viaje sea un baño entre la vida y la muerte?
Carnaval, Carnaval
Laura y Carlos son ese tipo de parejas postmodernas que creen haber descubierto en cierto hedonismo simplón un camino vital interesante. Lo suficientemente obsesionados con el poder económico, pero sin la capacidad suficiente para no convertirse en sus esclavos, creen disfrutar de lo mejor que puede darles la vida, lo cual es cierto, porque no pueden imaginar una vida mejor. Desde hace años buscan nuevas experiencias en viajes, aventuras de riesgo y riesgos que ellos sienten con sabor de aventura. Su ilusión este año son los carnavales de Río de Janeiro donde, habían oído, todo es posible.
Conocieron a Paulo y Daniela al tercer día de llegar, como si O Corcovado hubiera decidido resucitar reincidentemente al tercer día a fin de dar nuevo aliento a las marchitas ilusiones de la pareja.
Esa misma noche ya se sentían amigos y hasta íntimos de toda la vida, una cena apropiada y la tan oportuna cachaza harían el resto.
Las dos parejas habían practicado antes el intercambio, la pareja brasileña porque Brasil es y vive así, la española porque ya no sabían como quitarse de encima una rancia represión sexual heredada de la que ni se sospechaban prisioneros.
La noche fue, simplemente, una locura.
A la mañana siguiente Laura y Carlos, pensativos, despejaban la resaca compartiendo el hidromasaje.
“Son maravillosos, dijo ella de repente, y él estaba depilado como un niño, me asusté un poco cuando me ató, pero luego fue increíble. . . “
“De ella, contestó Carlos, lo que más me llamó la atención fue precisamente lo contrario, que estaba sin depilar, parecía una osita, y sólo quería hacerlo de espaldas, pero estuvo muy bien. . . “
Mientras, paseando por Ipanema, Paulo y Daniela hacían apuestas sobre si la pareja española habría comprendido el juego o no, y pensaban en lo divertido que era dejar de ser, durante una semana al año, Paulina y Daniel.
Los semivivos y los semimuertos
Los semivivos ven en los semimuertos a seres autoritarios, anclados en el conservadurismo por cobardía y estrechez de miras; fanáticos, integristas, crueles; agresivos en sus miedos; primitivos; hipócritas en su moral y en el fondo necia y peligrosamente ingenuos por creer que con sus guerras y juegos de poder conseguirán detener una evolución que siempre acaba derrotándoles.
Los semimuertos, por su parte, ven en los semivivos a ingenuos idealistas de peligrosas ideas, vagos y oportunistas; elementos siempre disconformes con la realidad, que se empeñan tozudamente en transformar; hipócritas en cuanto les roza el poder e hipócritas al no aplicar sus ideales en sus propias vidas.
Tanto los semivivos como los semimuertos deberían aprender a vivir y dejar vivir, esa deseable actitud que, como las grandes verdades científicas, es más simple cuanto más profunda.
Porque todos, tanto los semivivos como los semimuertos, hemos tenido y tenemos entre nuestras vivencias comportamientos irracionales, destructivos, absurdos y negativos, parecidos a los de esos zombis de película que aterrorizaron nuestra infancia.
¿Cuándo comprenderemos todos que tan vivo y tan muerto está un semivivo como un semimuerto?
Saberlo y reconocerlo es el primer paso para conseguir estar todos, algún día, simplemente, vivos.
El alma del desalmado
No existe un sólo ser humano desalmado, sin alma, pero hay muchos con el alma enferma: enfermos de tristeza, de prejuicios, de patriotismo, de machismo y de feminismo, de certezas o de incertidumbres, de miedo a los demás y miedo a la soledad, de miedo a la vida y miedo a la muerte y, sobre todo, miedo a vivir sin miedo y a conocerse a si mismo.
Y hay, habemos, tantos enfermos, que a veces este pequeño planeta azul parece un inmenso hospital de niños tristes que han olvidado como jugar antes de haber aprendido como vivir.
Yo
Yo soy el que mira, pero mi mente ve tan sólo cuanto su desarrollo le ha permitido, condicionado por lo percibido hasta ahora, casi nada. Sólo veo cuanto creo ver.
Yo soy el que oye, pero cada sonido captado desde antes incluso del nacimiento me ha convertido en esclavo de la mente que esos sonidos han moldeado. Sólo oigo cuanto creo oír.
Yo soy el que huele, pero nunca podré apartar de mi mente, la que huele, aquellos olores de infancia que la condicionaron.
Sólo huelo cuanto creo oler.
Yo soy el que acaricia, pero cada contacto dado y recibido condiciona al siguiente, y cada gesto desprende cientos de células que condicionan el siguiente contacto.
Sólo siento cuanto creo tocar.
Yo soy el que paladea los alimentos, las bebidas, a través de unas células esclavas de cada una de las percepciones anteriores, condicionadas por la temperatura de la comida o bebida, condicionadas por cada bocanada de humo.
Sólo degusto cuanto creo degustar.
Si toda percepción está condicionada, regida por millones de condicionantes que ni sospechar podemos: ¿a qué llamamos realidad?
Ellos
Ellos arriesgaron y arriesgarán la vida por nosotros sin conocernos: en medio de una tempestad marina, entre los hielos de la alta montaña, en el infierno del fuego, en un hospital, en la sinrazón de una guerra. . . Ellos, todos ellos, vivieron para si, pero regalaron al futuro sus obras.
¿Alguien recuerda al primer panadero, al inventor de la rueda, las tenazas, el primer circuito, el primer tejido, la primera red, el primer vino. . .?
Pero aquí están, en forma de innumerables objetos cotidianos, sus obras, ese hermoso legado postmorten de sus habilidades, de su sudor, de sus inquietudes, de sus dudas y certezas.
Casi ninguno de ellos lo planeó así: sólo les interesaba sobrevivir, u obtener algo de dinero, tal vez incluso les movió, a muchos, la codicia, pero todos regalaron al futuro de su especie, nosotros, más de lo que recibieron.
Ellos me dieron la vida y ellos buscarán el lugar apropiado en que depositar mi cuerpo cuando termine la odisea.
Ellos, cada uno de ellos eres tú, yo, nosotros.
Eso nos ha hecho poderosos en este planeta como forma de vida, a pesar de nuestras tremendas limitaciones físicas.
Olvidarlo nos puede costar la extinción de nuestra especie.
El universo a escala
Porque ya sé que no es lo mismo ser profundo que estar hundido, ni caminar bajo una tormenta lo mismo que estar atormentado.
Como ya me he dado cuenta que lo que para unos es consuelo a otros deja sin suelo bajo sus pies.
Tal vez porque sospecho que nada es lo que parece, aunque todo parecido con la realidad no es casual y tengo muy claro que en cuestiones humanas la línea recta no es casi nunca el camino más corto.
O porque temo hundirme yendo tan cargado de razón. . .
He decidido darle vacaciones a las certezas y marcharme a vivir al edificio de la Bolsa, donde la locura está escrupulosamente organizada.
En resumidas cuentas, simplificar el mundo con fórmulas complejas y construirme, como todos los demás, un universo a escala.
Fuegos Artificiales
Yo creía que los libros me lo podrían enseñar todo. . . fuegos artificiales.
Tú también soñaste con ese mundo perfecto formado por seres imperfectos. . . sólo fuegos artificiales.
El observa altivo desde la limusina a los simples mortales que le rodean, a la señora con la bolsa de la compra, al obrero sudando, al vagabundo vagando. . . les mira y se cree mejor. . . fuegos artificiales.
El cree que vale más que ella porque es hombre y cree que es hombre porque es más fuerte y cree que es más fuerte porque es hombre. . . fuegos artificiales.
Ella sueña con ese vestido, ese coche que provocará envidias, ese marido para lucir mientras luce una bolsa de una tienda de marca: ella lleva la bolsa y la bolsa lleva su voluntad. . . fuegos artificiales.
Ella piensa que no estaría mal conocerle, pero decide que sólo ella debe decidir como será, el juego brutal de la voluntad y la brutalidad de quien antes fue víctima . . fuegos artificiales.
Nosotros creemos ser más o mejor que otros, y posiblemente sea cierto, pero olvidamos que somos menos y peor que otros muchos, eso seguro, y ese olvido constante son . . . fuegos artificiales.
Ellos darían todo por sus ideas, que por ser justas, lógicas, coherentes y racionales, merecen ser impuestas por la fuerza . . . fuegos artificiales.
Pero también hay otros fuegos: la seriedad del niño cuando juega, la del buen artesano cuando trabaja, la del amante cuando realmente ama, la seriedad del loco cuando pregunta y la seriedad del payaso cuando siembra risas.
No hay en esa seriedad nada artificial, pero sí mucho fuego: el fuego eterno del Ave Fénix, el fuego ante el que cualquier infierno parece helado: el fuego del corazón humano
No me sale nada ahora
Decía Tomás mirando la punta de la flecha que le atravesaba el hombro. Ya no sale pus, la herida ha dejado de supurar. Las hierbas eran buenas, dijo Capac mientras cambiaba las tiras de algodón sucio que hacían las veces de un vendaje.
Pero los dos sabían que apenas les quedaban unas horas de vida, hasta el amanecer como mucho. A un lado de ese cerro andino, las tropas castellanas del virrey tenían claro su objetivo: no se podía permitir que quedara impune el crimen de Tomás de Lezo: matar a un castellano por defender a un indio, por mucha razón que éste pudiera tener.
Al otro lado del cerro, agazapados entre la primera espesura de la selva, los paisanos de Capac tampoco albergaban dudas: era un traidor. Se le había dado la oportunidad de participar en la inminente derrota definitiva de los españoles, en la gran matanza limpiadora que clamaba la misma madre tierra, pero se había negado, y su única disculpa había sido su amistad con Tomás, para el que había pedido que se le respetara la vida. No, o mueren todos los castillas o nunca nos quitaremos su yugo.
La claridad les sorprendió ya despiertos, cada uno mirando, espalda con espalda, a un lado del cerro. Repartieron las últimas hojas de coca, que masticaron con parsimonia y apuraron la calabaza de tinto riojano. Tras un abrazo, con una mirada tan sólo quedó decidido: cada uno bajaría por el lado del cerro donde se encontraba la gente que se decía su gente. Si había que morir, mejor hacerlo luchando contra el enemigo más cercano, nuestra gente, nuestro pueblo, nuestra patria, nosotros, nuestra locura.
Así, pensaron, al menos no quedarán más semillas de odio al otro sembradas y algún día germinará la que enseñe que el enemigo en realidad no existe, pero si aún necesitas creer en él, comprende al menos que puede estar en cualquier parte, incluso dentro de ti. Esa duda puede ser la primera que abra poco a poco la mente de un pueblo.
El combate fue corto, apenas un par de gestos y golpes defensivos: todo buen guerrero sabe de la importancia de elegir el momento de luchar y el momento de renunciar a la lucha y sabe también que ese conocimiento se suele pagar con la vida. La cabeza de Capac quedó clavada en una estaca de la selva, la de Tomás fue llevada a Lima y exhibida públicamente para escarmiento.
Tomás y Capac habían afianzado, en apenas diez años, una relación que tres siglos después, sus descendientes aún habrían de necesitar meses sólo para ponerle nombre: al final, decidieron llamarlo Encuentro de Culturas.
Ni Mu
Nosotros, los eternos vagabundos del verbo,
los parias malditos pero reverenciados del arte,
los apostatas del miedo, los suicidas cotidianos,
los mortales hechizados por el juego de las letras.
Nosotros, amos y esclavos de las palabras,
nunca podremos conmover con una cálida melodía,
ni impresionar con una colorida imagen luminosa,
ni formular la perfecta fórmula que explique el Todo.
Nosotros describiremos con detalle un paisaje,
pero no podremos hacer aparecer su luz;
escribiremos la letra de una bella canción,
pero no podremos expresar la belleza de su música.
Pero nosotros y sólo nosotros, podremos un buen día
escribir ese poema perfecto por absurdo, que posea en si
la cálida luz del cuadro, la dulce melodía, y el Todo,
ese poema que conmueva hasta el llanto al cuerdo,
divierta al niño o deje seriamente pensativo al loco.
Podemos, en cualquier momento, escribir ese mágico poema,
o tomarnos todo demasiado en serio, olvidarnos de jugar. . .
y no decir ni mu…